Noventa y seis años de vida de la Plaza de Toros Mérida. Se dice fácil, pero la historia ha sido grande y, a casi un siglo de la apertura de sus puertas, está colocada entre los principales recintos de la tauromaquia en el país.
De los cimientos que comenzaron a construirse a inicios de la década de 1920, para que abra sus puertas el 27 de enero de 1929, a lo que hoy en día existe en el coloso amarillo de la Avenida Reforma, hay un trecho muy largo. El conjunto arquitectónico, con sus rincones, le da una imagen que asombra con estar en ella.
Luis Freg y el maestro Fermín Espinosa “Armillita Chico”, con toros de Piedras Negras, aparecieron en el primer cartel. Hoy, en la conmemoración del aniversario 96, la empresa Toros Yucatán presenta una combinación de lujo, encabezada por el francés Sebastián Castella, con la primera figura mexicana, Joselito Adame, y el joven de Aguascalientes Héctor Gutiérrez, ante toros de Bernaldo de Quirós.
La Mérida, sin duda, impone. Tirios y troyanos, aficionados de los buenos, y también los duros, la ven actualmente como el bastión principal del toro bravo, ante la decadencia de la materia prima para el arte de la tauromaquia: el toro íntegro. No siempre es posible, pero la lucha va.
En ese ruedo, sus aficionados, han visto desfilar a las grandes figuras de todos los tiempos. De Manolete, El Cordobés, Diego Puerta, Paco Camino, con el compadre Silverio Pérez, Manolo Martínez y una lista que sería interminable. En estos tiempos, los más importantes del escalafón.
“La defensa del toro siempre será lo que ponga a la Mérida arriba. Cuesta trabajo, pero es nuestro esfuerzo, por y para los aficionados”, dijo Alberto Hagar Goff, de Toros Yucatán.
Y, afirmó Joselito Adame en los días previos, “es una plaza especial, que dice mucho”.
Hoy tendrá su fiesta adelantada porque, el lunes 27, serán su aniversario 96 de una larga, fructífera trayectoria. Es, no hay duda, uno de los lujos de la fiesta de los toros en México. A la Mérida creada por los hermanos Palomeque Pérez de Hermida, hoy en manos de sus descendientes, se ha ganado el respeto por sus aficionados, sus empresarios y, sobre todo, sus autoridades.— Gaspar Silveira







