Por Rafael J. Ramos Vázquez
Fue uno de los talentos más grandes que ha tenido el balompié, con una técnica depurada, ingenioso, gambetero excepcional, dejaba parado a sus rivales, carismático, uno de los mejores cobradores de tiros libres. Para él, el fútbol no sólo era un juego, era también arte, plasticidad, belleza. Me refiero a Ronaldo de Asís Moreira, conocido en el mundo de las patadas como Ronaldinho Gaucho, esto último por ser nativo de una ciudad al sur de Brasil, Porto Alegre.
El hipocorístico, Ronaldinho, era para distinguirlo de su paisano Ronaldo, quien también era conocido en su país con ese mote. Ya en Europa Ronaldo usa su nombre y el diminutivo se queda con Moreira. El portoalegrense era un futbolista tocado por la varita mágica del destino poseedor de cualidades innatas en el dominio del balón, explotaba espacios en la cancha que nadie veía, sus asombrosas jugadas como sombreros, pases de tacón, bicicletas y tiros libres, eran espectáculo puro llenos de talento y astucia, parecían hechos por el Creador. Jugando la posición del medio campo era un pasador con precisión de teodolito, alimentaba a sus compañeros en la cancha con balones que llegaban certeros a los pies del jugador. Durante su carrera de casi dos décadas tuvo una trayectoria impresionante, vistió la camiseta de varios clubes, siendo en Barcelona donde obtuvo sus más sonados éxitos, fue ganador de un sin número de títulos, como la Copa del Mundo, “Champions”, Libertadores, Copa América y el Balón de Oro. El Brujo de Porto Alegre, con su sonrisa y un listón en el cabello, llegó a lo más alto del balompié, pero la vida llena de tentaciones y placeres lo perdió; se alejó de los entrenamientos y como cualquier deporte a niveles de excelencia requiere el cien por ciento de dedicación o no perdona, por ende, su magia acabó, empezó su declive que lo llevó al retiro.
Lástima, la sonrisa del fútbol, un exponente del “jogo bonito”, pudo haber hecho un mejor papel y pasar a la historia como el mejor jugador del mundo, si la disciplina y el orden hubieran sido siempre parte de su vida deportiva, pero la samba y Baco se interpusieron.
En un hecho lamentable, fue a la cárcel junto con su hermano al usar pasaportes falsos para ingresar a Paraguay, sus patrocinadores grandes empresas multinacionales de refrescos y zapatos con quienes tenía contratos millonarios le retiraron su apoyo. A pesar de todos esos infortunios conserva el cariño de la torcida brasileña y de millones de aficionados que lo siguen en las redes sociales. Otro deportista que, teniendo el mundo a sus plantas, tira el éxito a la basura. Lastima, algunas veces la naturaleza le da a algunos hombres la habilidad en sus pies y no en su cabeza. ¿Oh naturaleza humana porqué ese final? No le encuentro explicación.
Mérida, Yucatán, febrero de 2025.
Abogado y empresario. WhatsApp: 9999-0000-44.
