Carlos Paz, sonriendo entre Plinio Escalante y Alfredo Bolio, recuerda sus facetas como parte de los Leones de Yucatán. Prácticamente hizo de todo desde que llegó a una tierra en la que sea la que le sirva para decir adiós cuando sea la hora.

Paz González se considera muy yucateco (“un gran yucateco”, según dice), a pesar de haber nacido en Regla, Cuba, el 7 de abril de 1942. Algunos le recuerdan como pelotero en los años que fue lo mismo lanzador que jugador de cuadro de los Leones, que una de las virtudes más importantes que atesoró fue tener la visión y pasión para trabajar en la posición que el béisbol necesitara en el momento clave. El béisbol y los Leones.

“Muchos no recuerdan que fue Carlos Paz uno de los gestores del equipo que, en 1981, pasó a convertirse en una parte de la historia, preparándonos para la mudanza de 1982, del Parque Carta Clara, al que amó como lo amamos todos, al Parque Kukulcán”, dice Plinio Escalante Bolio, rememorando los mejores años de Paz González, especialmente en esa época, en que fue clave en la oficina para armar a los melenudos. “Y ahora que se reinaugura el Kukulcán, más nos viene a la mente lo que se hizo en la primera etapa”.

Y, justo en 1982, el año de la apertura del parque, cuando la cueva melenuda se incendiaba bajo el mando de Luis “Chito” García (quien agarró el timón en lugar de Wilfredo Calviño), Carlos Paz entró al quite como piloto, no sólo para cumplir el trámite de terminar la campaña, sino para llevar a los Leones a su primera postemporada. “De eso nadie casi habla. Fue el debut de los Leones en el Kukulcán y estuvimos en playoffs por primera vez”, señala Escalante Bolio, entonces presidente del equipo selvático.

Paz González, desde un sillón en que ese día seguía por televisión el juego entre Padres y Piratas de MLB, escucha la charla y sonríe. “Fue una gran época”, dice el antillano, quien trata de liarla con algunas complicaciones de salud y de la edad.

Tercia Alfredo Bolio Loría en la charla. “Bolicho”, que además de pelotero y directivo es un sobresaliente cantante (se despedirá este domingo de los escenarios), expresa que “lo que ha hecho Carlos Paz por la pelota de Yucatán es algo que pocos han alcanzado a hacer. No sólo como pelotero, que fue a lo que llegó, sino como hombre de béisbol. Fue mánager, directivo con Plinio, luego hizo campeones a los Leones en 1984 con un equipo al que nadie la apostaba nada… Y además, scout de los Yanquis de Nueva York, y en la Liga Mexicana del Pacífico, llevó a los Venados de Mazatlán al campeonato y a la Serie del Caribe (1987)”.

Algunas imágenes de su pasado aparecen colgadas en los muros de la casa que habita por la zona de La Plancha, donde lo atiende desde hace años Freddy López, su brazo derecho. Igual el retrato de su señora madre, con imágenes de una Cuba a la que él siempre extraña “y que ya no es lo de antes”, con fotos de sus mejores años, una vestido de león de 1984, algo que lleva como uno de sus grandes orgullos.

“Lo máximo…”, dice Carlos Paz, hoy con 82 años de edad, al referirse a lo que vivió con los Leones a lo largo de su vida.

El campeonato de 1984 fue algo mágico para él y para Yucatán. Paz tomó el equipo a media temporada y, de la nada, con un róster lleno de peloteros modestos, comenzaron a ganar partidos hasta meterse a los playoffs, dejando fuera por limpia a los Diablos Rojos del México, luego a los Tigres Capitalinos de Alejo Peralta para llegar a la Serie Final y ganarla ante los Indios de Ciudad Juárez, coronándose los Leones en una noche mágica en el Kukulcán.

Cuando le entronizaron en el Salón de la Fama del Deporte Yucateco (a propuesta de Aurelio Canales González, por aclamación), en su mensaje, dijo que “haber llegado a Yucatán fue una de las cosas más maravillosas que me pudo haber pasado”.

En 1973 y 1974 jugó para los Leones, y fue parte importante del retorno de las fieras a Yucatán en 1978, junto con Plinio Escalante y otros amantes del béisbol. Llegó en los 70 para quedarse.

Amigo de grandes beisbolistas de la época, y otros retirados, semana a semana se iban de pueblo en pueblo a jugar con los famosos Veteranos de la Liga Peninsular. Pitcheaba, jugaba segunda y dirigía. Era parte importante del gran show.

El año pasado, cuando los Leones jugaron en Kanasín, comentó que “el equipo de 1984 ganó porque jugó con el corazón por encima de todo. Y cuando un equipo hace eso, se dan los éxitos”.

Paz González, entre el café de Plinio y el suero que él bebe para rehidratarse, admite sentirse contento por lo hecho en su vida, dentro y fuera de los diamantes. Sus compañeros de charla ese día, en una visita, y otros muchos más, dicen que es un afortunado por lo que dio. “Y somos afortunados de haber compartido con él”, señala Escalante Bolio, quien, entre otros recuerdos, rescata una foto tomada en 1982 por Sotero Gutiérrez en el dogaut del equipo visitante en el Parque del Seguro Social. “Fue —recuerda Escalante Bolio—, precisamente el día en que clasificamos a los playoffs por primera vez en la historia”.

De esa y otras historias de los Leones, Carlos Paz fue baluarte. Eso lo recordará siempre.— Gaspar Silveira

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