La brava y seria corrida que soltó a Las Ventas el ganadero Victoriano del Río, exigente en algunos casos, con mucha clase en otros, sobresalió muy por encima de la terna de matadores que la lidiaron, de los que solo Emilio de Justo logró pasear una pírrica oreja de uno de los ejemplares más destacados.
Fue, por tanto, una corrida casi completa en su gran juego, a excepción de un quinto de la tarde que, renqueante de cuartos traseros en la lidia de Roca Rey, no pudo desarrollar la clase que también apuntó en sus claras embestidas. Y todo ello acompañado de un irreprochable trapío que, por su sobrado cuajo y sus serias defensas, dio aún más importancia a lo que se hiciera con ella.
Pero la terna, que puede argumentar la excusa del viento que sopló toda la tarde, no acabó de aprovechar todo lo mucho que ofrecieron los toros de la sierra madrileña, a falta casi siempre de una mayor apuesta con los que más compromiso exigieron y de un más templado y sincero toreo ante los que derrocharon calidad y profundidad en sus arrancadas.
Uno de estos fue el cuarto, al que Emilio de Justo cortó una oreja de poco fuste cuando el toro, con 614 kilos de gran eslora, propiciaba con su nobleza y su entrega un triunfo mucho más rotundo desde que rompió hacia adelante después del castigador inicio de faena.
Pero ni con ese siempre fácil público de los viernes de feria lograron “puntuar” sus dos compañeros de cartel, aunque a Tomás Rufo se le hubiera premiado también con holgura de haber metido la espada al sexto, que fue otro de los toros de Victoriano que pusieron en bandeja un triunfo de clamor.
Más alto de agujas y de más descompensadas hechuras, el castaño también rompió a embestir en el último tercio con una suprema calidad que Rufo disfrutó con altibajos derivados de su desigual colocación en los cites y a la hora de embrocar las embestidas. Fueron así mejores un par de tandas, con ambas manos, en las que citó con más sinceridad y se acompasó al hondo ritmo del animal, frente a aquellas en las que se acomodó con menos compromiso en la pala del pitón, que fueron mayoría.
En conjunto, fue el toro el que más ayudó a mantener vivo el interés de un trabajo que se jaleó desde el bullicioso y, a esas alturas, ya desmelenado tendido, con un desmedido entusiasmo que se desplomó por los desaciertos del toledano con los aceros, igual que antes había fallado con un enclasado tercero que, de tantos enganchones y tirones de la muleta, acabó desentendiéndose.
Roca Rey, la estrella del cartel y el motivador del sexto “no hay billetes” de la feria, tuvo una actuación paradójica, pues si no quiso, o no pudo, apostar con el bravo temperamento del segundo, con el endeble quinto se alargó, sin sentido, todo el tiempo que se había ahorrado con el anterior, tras provocar una sonora división de opiniones con su brindis a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, presente en un burladero.— EFE
