Hank Aaron, con la pelota con que rompió el récord de 714 jonrones establecido por el icónico Babe Ruth, el 8 de abril de 1974 en Atlanta
Hank Aaron, con la pelota con que rompió el récord de 714 jonrones establecido por el icónico Babe Ruth, el 8 de abril de 1974 en Atlanta

Por Rafael J. Ramos Vázquez

En el béisbol de las Grandes Ligas ese batazo siempre ha ocupado un lugar especial, para la mayoría de los aficionados es la quintaesencia, el espíritu de ese deporte.

Un estacazo que electriza a las multitudes y se sienten identificados con él. En los libros de récords hay un sinnúmero de hazañas que pueden ser superadas, para eso se implantaron; sin embargo, existía un récord que el aficionado estadounidense no deseaba que fuera roto por nadie. Representaba el corazón de Norteamérica, una plusmarca venerada; uno de los récords más reverenciados: 714 jonrones.

Había sido impuesto por un héroe nacional, un hijo blanco, americano, idolatrado por todo aficionado estadounidense: Babe Ruth.

¿Superarlo? Imposible.

Pero, el 8 de abril de 1974, la muchedumbre que asistió al parque en Atlanta lo hizo para presenciar algo nunca visto.

Era la cuarta entrada, los Bravos de casa se medían con los Dodgers de Los Ángeles. En el centro del diamante por los visitantes estaba Al Downing, curiosamente con el número 44 en los dorsales. En la caja de bateo, con la majagua en las manos, portando el mismo guarismo en la casaca, un negro sureño de Alabama, que había empatado la marca de cuadrangulares del “Bambino” y había sido receptor de toda clase de amenazas e insultos racistas: su nombre Henry Luis Aaron, para el Gran Circo, Hank Aaron.

Estaba a instantes de consumar una epopeya. Downing, con la cabeza, acepta haber recibido la señal de lanzamiento de su receptor, lo realiza, una recta a 95 millas por en medio del plato. Hank hace un poderoso swing y el madero casca la pelota que surca todo el jardín y cae en el calentadero de los Bravos, siendo atrapada por el relevista Tom House.

Se había consumado la proeza: cuadrangular 715.

El récord sacrosanto de George Herman Ruth, el “Babe”, había sido superado; un nuevo rey hacía su entrada triunfal al libro de la historia.

La hazaña que el aficionado quería que permaneciera por siempre, porque era el alma y orgullo estadounidense, se desmoronaba ante sus ojos.

Mientras Aaron recorría tranquilamente las bases, una multitud de pie, tributaba una merecida ovación al hombre de color que había superado la marca de un blanco, quizá el más venerado en el deporte del bate y la pelota. A pesar de todo, esa proeza, tal vez nunca se la perdonaron a Aaron.

Hank, el 20 de julio del año 76 del siglo pasado, conecta su último palo de vuelta entera, el número 755.

Aaron es una leyenda del béisbol. Al concluir su carrera dejó varias marcas que no han sido superadas, como la de más carreras impulsadas, 2,297; más hits extrabases 1,477, y más bases totales, 6,856. En el año 2021, nuestro personaje, en su intento por alargar su existencia, pretende robar la colchoneta de la vida, pero la parca, con un certero lanzamiento, lo pone fuera en el home plate de la existencia. Tenía 86 años de edad. Hoy, seguramente está en el cielo con el “Bambino” en un derby de cuadrangulares para deleite de todos los moradores del paraíso. Mérida, julio de 2025

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