Las ironías de la vida tienen hoy vestido de diablo rojo a alguien que fue valioso elemento de los Charros de Jalisco antes de mudarse al infierno.
Cuando estaba con los Charros, Allen Córdoba robó 41 bases en 60 partidos, pero entre una avalancha de cambios que se dieron en la Liga Mexicana en la recta final, al panameño lo obtuvieron los Diablos Rojos del México.
Con los Charros jugaba segunda base. La necesidad de los pingos era, sin embargo, tener un jardinero central y Córdoba no dudó en mudarse a la pradera de en medio cuando fue notificado de su paso al México.
Dejó de robar bases gradualmente, pero su función con los escarlatas fue patrullar el center field. Del aporte ofensivo lo hacían los demás. Robar bases no interesa tanto en un parque donde la pelota vuela.
Anoche, en el Juego 2 de la Serie del Rey, Córdoba figuró como segundo bate y fue clave para el line up de Lorenzo Bundy, con un cuadrangular entre sus tres imparables.
En postemporada cada vez se roban menos bases, así que Córdoba no tuvo problemas. Bundy dijo en su visita a Mérida para la serie de primera ronda ante los Leones que los Diablos hicieron una valiosa adquisición porque tenía cualidades para ser primero o segundo bate, o estar en el fondo de la alineación con Juan Carlos “Haper” Gamboa o Carlos Sepúlveda, pero que lo más importante era que en el outfield lo necesitaban y respondió con creces.
Los Charros se desprendieron del que entonces era líder robador y todo mundo criticó la decisión de dejarlo ir. En esta Serie del Rey está demostrando su valía.
En el acumulado de toda la campaña regular cerró con 48 estafas. Con el México robó sólo siete en 22 duelos, bateando cuatro cuadrangulares.
En la postemporada, suma seis hurtos en 16 partidos, antes del de anoche.
Su rol, no hay duda, es estar en el center, fildear y batear lo necesario. El line up diablo tiene otros que hacen trabajos distintos.



