Muchos, en distintos ámbitos de la vida, le temen a la lluvia. A Marco Pérez, el aguacero del pasado sábado en la Plaza Mérida, le sucedió todo lo contrario.

“La lluvia me trae buena suerte, desde el primer momento lo sentí”, afirmó el joven matador, quien aguantó muchas cosas para entrar por la puerta grande a la historia del toreo en Yucatán, desde las embestidas del toro, llevar una lidia bajo la lluvia y la espera para que concedan el indulto.

Desde los lances de recibo con la capa, hasta cada uno de los muletazos, de derecha, de izquierda, en remates o desplantes, el torero de Salamanca se prodigó ante “Feliz Aniversario”, toro 101 del hierro de Begoña, al que le perdonaron la vida, en un cierre grande de la corrida inaugural de la temporada en la Plaza Mérida.

Antes de esta faena de épica, el último toro indultado era “Lunero”, de Sinkeuel, con la lidia de David Silveti, en enero de 1988. Chucho Solórzano lidió a “Cocacolero”, de Los Martínez, en un festival en febrero de 1989.

Por tanto, la gran mayoría de los aficionados de todas las generaciones presentes en la Mérida mostraron el ímpetu pidiendo el perdón de la vida del toro ahijado de la familia Bailleres.

Marco Pérez, cuya alternativa de matador de toros es incipiente (6 de junio de este año en Nimes), no había indultado nunca y esta su primera vez le dejó un grato sabor de boca.

El toro 101, con 520 kilos, rompió desde su salida, justo cuando comenzaba la lluvia. Y no paró de embestir.

“El toro ha sido extraordinario, me permitió sentir cosas muy bonitas. Y tengo que agradecerle a la afición porque se ha entregado desde el primer momento”, dijo al Diario el diestro, tras dejar de tomarse fotos a la salida del ruedo en hombros, todavía con algo de llovizna bañando la noche meridana.

“Ha habido una conexión muy bonita con la afición, me gustaría volver pronto para agradecerles todo lo que hicieron en esta noche”, externó.— Gaspar Silveira

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