¿Habrá un espíritu olímpico o parecerá un conjunto de campeonatos mundiales individuales? ¿Funcionará sin problemas una complicada red de transporte que conecta sedes distantes?
¿Las multitudes llenarán las arenas, pistas y estadios a pesar de las lentas ventas anticipadas de boletos? ¿El controvertido lugar de deslizamiento y la principal arena de hockey se sentirán terminados tras los retrasos en la construcción? ¿Los locales seguirán más interesados en el fútbol que en los deportes de nieve y hielo?
Las respuestas a estas y muchas otras preguntas que han ensombrecido la preparación de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina están a punto de ser respondidas.
Cuando los XXV Juegos de Invierno comiencen hoy con la ceremonia de apertura en el estadio de fútbol San Siro —13 horas, centro de México—, no sólo serán los atletas quienes serán puestos a prueba. Es una nueva era para todo el movimiento olímpico.
Repartidos en una vasta extensión del norte de Italia, estos Juegos Olímpicos son los primeros que aceptan verdaderamente el plan de reforma del Comité Olímpico Internacional de utilizar sedes existentes sin importar cuán distantes estén.
Los deportes de patinaje, incluido el regreso de los jugadores de hockey de la NHL a los Juegos Olímpicos después de más de una década, se llevarán al cabo en Milán; el esquí alpino femenino, el deslizamiento y el curling en Cortina d’Ampezzo; los deportes nórdicos en Val di Fiemme; el esquí alpino masculino y el esquí de montaña en Bormio; el snowboard y el estilo libre en Livigno; y el biatlón en Anterselva. En total, este entramado olímpico cubre un área de más de 22,000 kilómetros cuadrados.
“Creo que tomamos la decisión correcta al tener unos juegos más dispersos”, afirmó la nueva presidenta del COI, Kirsty Coventry. “Pero —y creo que todos podemos decirlo muy abiertamente y con honestidad— ha añadido complejidades adicionales”.
Complejidades a las que los organizadores olímpicos tendrán que acostumbrarse porque este es el primero de varios Juegos de Invierno organizados con el mismo modelo.
Los Juegos de los Alpes Franceses de 2030 ni siquiera tienen una ciudad anfitriona en su nombre. Lo mismo para Utah en 2034; y probablemente para una candidatura de Suiza —el único candidato— para 2038, también.
“Es una conversación mucho más amplia”, comentó Coventry al evaluar los pros y los contras del nuevo modelo. “Creo que inicialmente, todos pensamos, ‘Oh, bueno, simplemente lo haremos un poco más disperso, porque eso es más sostenible’”.
La ceremonia de apertura también se extenderá por múltiples ubicaciones, con desfiles de atletas al mismo tiempo en Milán, Cortina, Livigno y Val di Fiemme. Habrá dos pebeteros encendidos, uno en Milán y otro en Cortina.
Los excampeones olímpicos de esquí Alberto Tomba y Deborah Compagnoni son los favoritos para encender los pebeteros en Milán y Cortina, respectivamente.
La esquiadora estadounidense Lindsey Vonn, en sus quintos Juegos Olímpicos, tiene sentimientos encontrados sobre la nueva fórmula. “Quiero decir, estoy en Cortina, así que realmente no hay nada de qué quejarse. Estoy muy feliz de estar aquí. Es uno de los lugares más hermosos del mundo. Pero es triste no estar más cerca de más de tus compañeros de equipo, no solo en las carreras de esquí, sino en cualquier deporte”, expresó Vonn, quien competirá, a pesar de tener un desgarro en el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.
“Salt Lake City fue mi olimpiada favorita porque estábamos todos tan cerca unos de otros. Casi todos estábamos en la Villa Olímpica en Salt Lake y esto es bastante diferente”, dijo Vonn, refiriéndose a los Juegos de 2002.
“Muchas de las chicas (compañeras de equipo) estaban hablando de querer ver hockey, pero es difícil. … Obviamente no puedes elegir esa geografía y dónde están las montañas, pero creo que habría sido más divertido si estuviéramos todos más cerca”, remarcó.


