Amigos aficionados…
Se fue una Feria de Abril sumamente interesante, pero que dejó regada en el albero de la Maestranza de Sevilla la sangre de las dos principales figuras del toreo en la actualidad.
De las figuras se dice que siempre torean “protegidas”, es decir, con toros seleccionados, cada vez más ante ganaderías de toros dóciles o menos fieros que el resto de los encastes.
Pero Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey mostraron, una vez más, que cualquier astado tiene peligro, hasta los más cómodos. Un becerro, un novillo, un toro, sea un garcigrande o un victorino o un miura.
El toreo y el juego de la vida es una verdad al cien por cien. Repetimos una vez más el pensamiento de un gran literato como fue García Lorca: “No hay fiesta más de verdad que la de los toros”. No hay un instante para perderle la vista al toro.
Fue impresionante verles caer con cornadas de extrema gravedad en la semana de Farolillos, que es el eje central de la Feria de Abril. Morante, con cornada en el recto, de una recuperación brutal; Roca Rey, con herida de 30 centímetros que estuvo a nada de alcanzar la vena principal, y que, dicen médicos expertos, pudo ser fatal. Y les llegan los percances en momentos en que están viviendo épicas tardes, Morante reventando Sevilla tras su regreso, y Roca Rey pisando tan fuerte, que es el que más cobra de todos.
Pero ya están pensando en volver, dentro de lo duro de la recuperación. Me impresionó una foto de Roca Rey, multimillonario, joven, figura de figuras, saliendo del hospital apoyado de un bastón y con el drenaje colgado del cinturón.
Es lo que se paga por llegar a donde no todos llegan.
Tomo igual, de los recuerdos, una expresión del gran Curro Vázquez, cuando le entrevistamos antes de torear en la Mérida, en el final de su carrera: “El toro no perdona… ni a las grandes figuras”. A Curro le entregaron en días pasados el Premio Nacional de la Tauromaquia. Figura, siempre.
