Le podría llamar “los gajes del oficio”, o decir, así de crudo: “la vida tiene que seguir”. Gilda Cota Vera finalizó el duro trance de ver el funeral de su padre (12-13 de mayo) y no pudo menos que decirse a sí misma: ¡Adelante! El siguiente objetivo estaba y las metas no podían ser menos que grandes.

El viernes 29 de mayo pasado, con una dedicatoria especial, impuso récord mundial en impulso de bala, apenas 16 días después del funeral de su padre, con un impresionante registro de 8.55 metros, 32 centímetros más que la marca previa.

“Cuando salí a la pista solamente pensaba: ¡Debe estarme viendo desde arriba! Y le dediqué cada intento”, dice la subcampeona paralímpica de París 2024, quien siguió escribiendo su historia en el deporte al implantar marca mundial en el Desert Challenge de Arizona, que es una de las principales competencias del deporte adaptado en el mundo. Su padre, el expelotero y exentrenador Mario Cota Peña, falleció el 12 de mayo y el 13 fue su despedida. Don Mario fue uno de los motores en su proceso de adaptación en los deportes, tras comenzar su padecimiento de esclerosis múltiple. El que iba detrás suyo empujando la silla, manejando la camioneta, el acompañante en las terapias. “Este récord mundial está dedicado a mi padre. Fue por todo: su amor, sus enseñanzas y su ejemplo, me impulsó a no rendirme nunca, no dudo de mí. Y se lo prometí cuando estaba agonizando, le prometí que iba a romper el récord mundial y lo conseguí. Él me abrazaba en cada prueba, sentía que estaba él detrás de mí ahora en Arizona”.

Y pues con ese antecedente del sentimiento especial, la actuación de la heroína yucateca fue más que grande en el desierto de Arizona.

Para lograr el récord mundial, sobre todo, tenía que superar a la misma Gilda Cota Vera. Ella era la dueña de la marca previa: 8.23 metros, registro logrado el 6 de abril de 2024 en Xalapa.

Pero además, se inscribió en otras dos pruebas, disco y jabalina, lo que aumentaba las presiones físicas y mentales. Nada, empero, le redujo la adrenalina. Ese era día de récord mundial y de dedicatoria.

El inicio de las acciones fue leve. El registro de su primer impulso fue de 8.04 metros, pero desde su segundo disparo superó la marca universal, dejando marca de 8.25 metros. Y en el tercero se fue para la historia: 8.55, dejando a todos boquiabiertos. Nadie nunca se había alejado tanto de la barrera de los 8 metros como hizo Gilda Guadalupe. Todavía tuvo dos impulsos más, que fueron de 8.25 y 8.24 metros. O sea, que en cinco de sus seis intentos batió el registro de Xalapa-24.

Del gran escenario del Desert Challenge se fue igual con las medallas de oro, y eso, afirma, fue parte de un trabajo metódico y bien llevado con sus nuevos entrenadores, Cecilia Dzul Cervantes y su esposo Eddie Nájera Mendoza. “Hubo un gran cambio de equipo, veníamos de no poder superar esos 8.20, a veces ni siquiera superaba los 8. La llegada de Ceci y Eddie fue un parte aguas, algo importantísimo. Ellos confiaron, desde que hablamos lo dejaron claro: vas a superar tu marca. Prepararon un plan, estudiaron mi técnica. Y aquí están los resultados”.

Y fue un trabajo más allá de lo físico. Lo anímico ayudó igual.

“Fue muy fuerte competir así, casi sacando un pedazo del alma. Duro, triste, pero a la vez, una motivación especial”, contó la destacada atleta.

La vida va y, relata desde Estados Unidos, están a un tris de viajar al Grand Prix de Túnez, del 16 al 19 de junio. “Vamos con las baterías bien cargadas. Hay motivaciones, gente a la que le agradezco que esté conmigo, mi madre (Gilda Vera), mis hermanos… Y Yucatán y México”.— Gaspar Silveira

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