Una de las razones fundamentales de que los Leones se mantengan hoy día vigentes en el firmamento de la Liga Mexicana son los cimientos de quienes abrieron la historia de los melenudos y soportaron los duros embates.
Llegaron en 1954, ganaron el campeonato en 1957 y se fueron tras 1958. Regresaron en 1970 y se despidieron en 1974. Su tercera aparición se dio en 1979, y es el que se mantiene hasta estas fechas.
La última de sus llegadas, lideradas por Plinio Escalante Bolio, fue tomada por Romeo Magaña Carrillo y bajo el mando de este entusiasta empresario langostero de Quintana Roo, fue que las fieras lograron su segundo campeonato en la Liga, 27 años después del primero.
No fue nada fácil ese logro. Los Leones de 1984 comenzaron dando tumbos, se fueron muy abajo, y reconstruyendo el equipo sobre la marcha es que se lograron cosas que, llegando a estos días, parece increíble de haberse logrado.
Porque se lee fácil: campeones ganando la Serie Final a los Indios de Ciudad Juárez en seis juegos, pero lo más grande tal vez fue haber barrido en la primera ronda a los súper favoritos Diablos Rojos del México y luego dejar fuera a los Tigres del México en una memorable batalla. Los dos capitalinos estaban repletos de estrellas. Los Leones, de jugadores que querían trascender y eso siempre marca diferencias.
Ese equipo de 1984 tuvo muchos hombres, por encima de los nombres, dirigidos por Carlos Paz: destacaron bateando sobre .300 Pedro Bazán, el pundonoroso cátcher; Rudy Hernández, el “Capitán Coraje” Fernando Villaescusa, pero sobresaliendo igual figuras como Ray Torres, que llegó ese año precisamente del México para convertirse en el gran ídolo que fue; Arturo DeFreites, Blas Santana, Rich Guerra, estado también Géner Rivero y Dominic Fucci, y en la loma de los disparos, con los aportes de Ken Angulo, Freddie Arroyo, Lupe Salinas, Ernesto Escárrega y Pilar Rodríguez, por mencionar a algunos.
Luego de esa épica coronación, en 1985 Yucatán fue segundo y en la postemporada los Tigres se desquitan y los eliminan.
Lo que viene luego es parte de esas historias que requieren de mucha fortaleza para mantener a un equipo profesional en cualquier deporte. Se las contaremos más adelante, primero Dios. Mérida, junio de 2026


