Reacciones en las páginas del Diario tras el papel del silbante mexicano Mario Rubio en el Brasil-Argentina, en el que expulsó a Maradona
Reacciones en las páginas del Diario tras el papel del silbante mexicano Mario Rubio en el Brasil-Argentina, en el que expulsó a Maradona

La participación del “Culichi” César Arturo Ramos en su tercer Mundial trae recuerdos grandes de la época en la que los árbitros, y el arbitraje en sí, eran otra cosa. Los silbantes mexicanos tienen su historia.

Revisando el Diario de 1982, aparece cuando el recordadísimo Mario Rubio tumbó al que luego sería el mejor jugador del planeta, Diego Armando Maradona. Fue el 2 de julio, cuando los pamperos, que eran campeones defensores, perdieron ante Brasil para despedirse de la Copa de España. La labor del teniente coronel Mario Lamberto Rubio Vázquez fue, incluso, elogiada por la forma de dejarse ver en medio de un clásico sudamericano en el máximo escenario del fútbol.

En Italia-90, otro mexicano, uruguayo de nacimiento, recibió la encomienda de dirigir la final y fue nuevamente Argentina uno de los protagonistas. Los titulares de la época rezaban: “La final, en manos de un ginecólogo”. Entonces, la regla indicaba que todos los árbitros profesionales debían tener otra fuente de ingresos, otro trabajo formal, para no depender únicamente del arbitraje y prestarse a malos pasos (sobornos, por ejemplo). Codesal, médico especialista en ginecología, desató tremendo impacto marcando un penal cerca del final del partido, convertido por Andreas Brehme. Vaya pantalones los del doctor al señalar la pena máxima. En las muchas veces que llegó a Yucatán como representante del arbitraje, Codesal se mantuvo, como hasta la fecha: “Siempre nos dice: para mí, fue penal”, relata Freddy Sansores Carrillo, amigo del oficial.

Quizá, cosas de los tiempos que se viven, ahora con tanta cámara, con el VAR y la santa tecnología, pudiera revertirse una marcación así.

Pero antes no había nada de eso y lo que el árbitro señalaba era ley.

Argentina entera lloró por ese penal señalado al minuto 85. A Codesal, en plena cancha, lo empujaron, insultaron y más. Pero se mantuvo. Y eso se recuerda siempre. A Maradona, que era el genio, y ya le llamaban “El Dios”, le sacó la tarjeta amarilla en ese zipizape histórico del Estadio Olímpico de Roma. Pero Edgardo Codesal se mantiene orgulloso de su papel.

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