Por Rafael J. Ramos Vázquez
Cada año los ingleses reciben con los brazos abiertos a todos los aficionados al tenis. El All England Lawn Tennis and Croquet Club, sede del torneo, alberga el tercer Grand Slam de la temporada, a celebrase durante quince días en los meses de junio y julio.
Es sin lugar a dudas el campeonato más emblemático, prestigioso y aristocrático, donde muchas veces la presencia de la realeza se ha visto en el Palco Real o Royal Box en la cancha central. Y, como cada temporada, Wimbledon merece atención, recordar anécdotas, hechos o juegos que hacen de esa competencia algo único.
Wimbledon es una preciosa ciudad con toda la flema inglesa. Forma parte del municipio de Morton y cuya toponimia quiere decir “Cerro Wynnman”. Los colores tradicionales del evento son el verde oscuro y el púrpura que representan tradición, elegancia, prestigio y continuidad de valores centrales de Wimbledon. La pelota oficial es la marca Slazenger, que patrocina al espectáculo desde hace muchos años.
El certamen hasta la fecha conserva dos cosas inamovibles: la hierba verde y la vestimenta blanca que lo convierten en una costumbre estética y distintiva. El pasto es cuidado celosamente durante todo el año, se corta exactamente a 8 milímetros de altura y únicamente se usa dos semanas durante el evento. El marcador de la final masculina individual permanece en la pizarra todo un año hasta la inauguración del nuevo evento. Los jueces visten atuendos clásicos y en las canchas hay una ausencia total de publicidad, siendo el único Grand Slam con esa característica, lo que le da un toque único.
Un clasismo del siglo pasado ahora muy arraigado es el consumo de fresas, siendo la receta oficial simple, fresas inglesas frescas sin azúcar añadida, aderezadas únicamente con crema. Se consumen más de treinta toneladas de la fresera.
La lluvia fue durante muchos años un invitado incomodo deteniendo partidos clave o suspendiéndolos. Se podía decir que era un “jugador” más, pero la colocación del techo retráctil a las dos principales pistas, la central y el court uno, acabó con ese protagonista tan inoportuno.
Datos históricos: Arthur Ashe es el primer y único jugador de color que ha ganado el campeonato de singles en la rama varonil: realizó la proeza en 1975. Jimmy Connors es el tenista que ostenta el récord de más apariciones como clasificado en el cuadro individual, con 17 veces. El alemán Boris Becker es el más joven en obtener el título de singles, con 17 años. Jennifer Capriati, con 14 abriles, es la jugadora más joven que haya clasificado en el cuadro individual de damas. El rey del pasto inglés en la categoría individual es el suizo Roger Federer: obtuvo durante su brillante carrera ocho veces el trofeo.
En el año 2001, el croata Goran Ivanisevic hizo historia al coronarse en forma increíble ante el australiano Patrick Rafter en cinco sets. Lo inverosímil es que entró al torneo por wild card, ya que ocupaba el número 125 del ranking de la ATP, cargando varios problemas físicos. Ha sido el campeón con el más bajo ranking en la historia del evento, había perdido tres finales previas antes de lograr el título; durante todo el torneo la afición inglesa, sabiendo de sus impedimentos corporales, lo arropó.
El pasto sagrado de Wimbledon tiene mucha historia y todavía se seguirán escribiendo páginas memorables en sus canchas. Mérida, junio de 2026
