A Pete Rose lo sacaron del béisbol por apostar, a Roberto Osuna y Julio Urías por agredir a sus esposas, a Wander Franco por meterse en relaciones con una menor de edad. Las Grandes Ligas reaccionaron fuerte con esos y otros más, pero a algunos les perdonaron, caso Shohei Ohtani (su traductor apostó con dinero tomado de la cuenta del astro nipón de los Dodgers de Los Ángeles).

La historia de los castigos monumentales, empero, no es para nada nueva. Arrancó hace más de un siglo con la famosa historia de los Medias Blancas de Chicago, bautizados entonces como los “medias negras”, y por lo vivido por un pelotero que se hizo icónico: Joe Jackson, el famoso “Shoeless” (“Descalzo”). Declarado culpable, pero luego absuelto por un tribunal. Y nunca fue perdonado, ni volvió a jugar en Ligas Mayores.

Jackson no fue solo uno de los mejores bateadores de su generación. Terminó su carrera con porcentaje de .356, conectó para .375 en la Serie Mundial más polémica de la historia y fue absuelto en un tribunal. Pero al día siguiente de prácticamente recuperar su libertad, el béisbol decidió que jamás volvería a jugar en la pelota.

Lo insólito que era saber que varios jugadores de los Medias Blancas habían aceptado venderse en la Serie Mundial de 1919, pasó a segundo término cuando los peloteros fueron juzgados y salieron inocentes.

Jackson, cuentan los libros, podía batear como muy pocos seres humanos han podido hacerlo.

Ty Cobb lo admiraba. Babe Ruth estudió su swing y muchas veces dijo que le copió el swing a Jackson. Y cuando llegó a sus mejores años, el “Descalzo” parecía capaz de pegarle a cualquier lanzamiento que llegara.

Su porcentaje de por vida terminó en .356, una cifra que todavía hoy parece absurda. Pero su nombre no quedó inmortalizado principalmente por su bate. Quedó unido para siempre a tres palabras (en inglés): “Black Sox Scandal”.

En 1919, los Medias Blancas llegaron a la Serie Mundial como favoritos frente a Cincinnati. Pero varios jugadores del equipo se involucraron con apostadores en un plan para perder deliberadamente la serie a cambio de dinero. Ocho jugadores terminaron acusados. Entre ellos “Shoeless”.

Y aquí comienza el misterio: Jackson recibió dinero relacionado con el arreglo. También estuvo presente alrededor del complot. Pero su comportamiento dentro del terreno de juego sigue siendo objeto de discusión más de un siglo después.

Bateó .375 en aquella Serie Mundial; conectó hits, produjo carreras. Durante décadas, sus defensores utilizaron esos números como argumento de que no había intentado perder. Pero sus críticos responden algo diferente: batear bien no significa necesariamente que fuera inocente del acuerdo.

El caso terminó llegando a un tribunal en 1921.

Y entonces ocurrió lo inesperado: los jugadores fueron absueltos. El jurado dijo: no culpables. Podría parecer que aquello había terminado. No fue así.

El nuevo comisionado Kenesaw Mountain Landis tomó una decisión brutal: independientemente del veredicto judicial, los ocho hombres nunca volverían a jugar béisbol organizado.

Para Landis, el estándar del béisbol no tenía que ser el mismo que el de un tribunal. No bastaba con evitar una condena criminal, ni perdones, como en el caso de los dos peloteros mexicanos señalados arriba. Ellos fueron perdonados por sus parejas, pero, a pesar de su talento, MLB les cerró las puertas.

Jackson se fue con un gran porcentaje y Ty Cobb le superó apenas: .366 contra .356, en la tabla de los mejores artilleros de la historia.

En 1911, con Cleveland, tuvo una de las temporadas más impresionantes de la historia: bateó .408, quedando segundo en la carrera por el título, que ganó Cobb con.419. Jackson conectó 233 hits, 45 dobletes, 19 triples y se robó 41 bases, anotó 126 carreras y produjo 83.

Jackson tuvo cuatro temporadas de más de 200 hits y 40 dobletes y en tres de esas cuatro campañas conectó más de 20 triples. En 1920, la temporada siguiente del escándalo de los Medias Negras, produjo 121 carreras y tuvo porcentaje de .382, conectó 218 hits, lideró la Americana con 20 triples y solo se ponchó 14 veces. Pero ese sería el último año que jugaría béisbol profesional.

Eso le pasó a Rose décadas después. El comisionado A. Barlett Giamatti lo vetó del béisbol de por vida tras que el líder de hits de todos los tiempos aceptó haber apostado en partidos oficiales con sus equipos involucrados.

Como Jackson, Rose quedó fuera y son dos de los más grandes ausentes del Salón de la Fama, a pesar de que judicialmente era inocente.

Jackson tenía apenas 32 años. Y su carrera terminó.— MLB y Facebook

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