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Madrid rindió homenaje, en días pasados, a uno de sus toreros. Porque, vale decirlo, José Miguel Arroyo Delgado, “Joselito” o “Joselito Arroyo”, fue torero de esos que la Plaza de Las Ventas quiso porque, nacido en Madrid, se hizo torero allá y triunfó en grande en las citas más importantes. Dejó huella.

En el marco de la Feria de Otoño, descubrieron un azulejo en el patio de cuadrillas, un espacio que es algo así como el Salón de la Fama (similar, digamos, al gran Monument Park que atesora a los ídolos de los Yanquis en Yankee Stadium).

José Miguel Arroyo es, con Antonio Chenel “Antoñete”, de los toreros más queridos en esa plaza. Maestro en el toreo con el capote, con una variedad que pocos tienen; sólido muletero y, ante todo, consumado en la suerte suprema. Fue esencial en los grandes acontecimientos en dos décadas en que iban de salida toreros como Curro Romero, Paco Ojeda, y alternaba con Jesulín de Ubrique, Enrique Ponce, Finito de Córdoba, justo en los inicios de José Tomás y “El Juli”. Agarrones con todos.

Por ello se le rindió un multitudinario y emotivo homenaje, descubriendo un azulejo con su imagen y la frase “¡Cómo huele a torero!” en los bajos del tendido 1. Fue en conmemoración de dos grandes efemérides: los 40 años desde su alternativa y el 30o aniversario de su histórica tarde en solitario del 2 de mayo de 1996 en la corrida goyesca, cuando cortó seis orejas y salió a hombros por la Puerta Grande.

Recordaba hace semanas un acontecimiento que fue épico: un duelo de quites con Enrique Ponce en la alternativa de Francisco Rivera Ordóñez en Las Ventas. El repertorio de Joselito fue siempre vasto y sobre ese día, la crítica señaló que demostró una amplísima y asombrosa facilidad creadora, mientras que Ponce replicó con firmeza en una de las competencias más intensas de los años noventa en la Plaza de Las Ventas.

Una vez solamente vino a Yucatán: fue el domingo 4 de noviembre de 2001 en la Monumental Avilés de Motul, donde alternó con Eloy Cavazos y el difunto Rafael Ortega. Aún aparece en la memoria del que escribe un ramillete de verónicas y una tanda con la derecha, mano baja, y zapatillas clavadas en la arena. Y, claro, la foto para recordar la efeméride.

¿Toreros consentidos? Tres, y de Madrid: Chenel, Joselito y “El Juli”. Ellos comen aparte.

Gaspar Silveira Malaver

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