Texto publicado en la edición de The New York Times del 1 de enero, firmado por su nuevo editor

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Una nota de nuestro nuevo editor

A. G. SULZBERGER

En 1896, mi tatarabuelo dejó su ciudad natal, Chattanooga, y viajó al Norte para comprar un periódico pequeño y decadente en Nueva York.

El momento no era muy diferente al actual. La agitación tecnológica, económica y social alteraba las tradiciones del país. Las personas que trataban de comprender esos cambios y sus implicaciones se encontraban confundidas por políticas polarizadas y por una prensa partidista más centrada en promover sus propios intereses que en informar al público.

En ese contexto, Adolph Ochs vio la necesidad de un tipo diferente de periódico, y le confió a “The New York Times” la entonces idea radical que todavía la anima hoy. Juró que el “Times” sería ferozmente independiente, dedicado al periodismo de la más alta integridad y entregado al bienestar público.

Esta misión me parece particularmente urgente hoy  que comienzo mi trabajo como editor del “Times”. Nuestra sociedad está siendo remodelada por fuerzas políticas, tecnológicas y ambientales que exigen un escrutinio profundo y una explicación cuidadosa. Más de 120 años después que la visión de Ochs fue impresa en estas páginas en estas páginas, la necesidad de un periodismo independiente, valiente y confiable es tan grande como siempre.

Este es un período de innovación y crecimiento emocionante en el “Times”. Nuestra información es más sólida que nunca, gracias a las inversiones en nuevas formas de periodismo, como gráficos interactivos, podcasting y vídeo digital, e incluso un mayor gasto en áreas como investigación e informes internacionales. Nuestra audiencia, una vez confinada a una sola ciudad, ahora se extiende por todo el mundo.Este es también, por supuesto, un período de profundo desafío para el “Times”, para los medios de comunicación más ampliamente, y para todos los que creen que el periodismo sostiene una sociedad saludable.

Hubo una razón por la cual la libertad de expresión y la libertad de prensa se colocaron en primer lugar entre nuestros derechos esenciales. Nuestros fundadores entendieron que el libre intercambio de ideas y la capacidad de responsabilizar al poder político eran requisitos para una democracia exitosa. Pero una peligrosa confluencia de fuerzas está amenazando el papel central de la prensa para ayudar a las personas a comprender e interactuar con el mundo que les rodea.

El modelo comercial que durante mucho tiempo apoyó el trabajo arduo y costoso de informar con independencia se está erosionando, obligando a las organizaciones de noticias de todas las formas y tamaños a reducir su personal editorial y limitar  ambiciones. La desinformación está aumentando y la confianza en los medios serios está disminuyendo a medida que las plataformas tecnológicas valoran el “clickbait”, más los rumores  que el periodismo real, y muchos políticos se vanaglorian de generar sospecha permanente contra la prensa. La creciente polarización está poniendo en peligro incluso la defensa fundamental de las verdades comunes, lo que fortalece a una sociedad.

Al igual que nuestros predecesores en “The New Yok Times”, mi equipo de trabajo y yo no cederemos a estas fuerzas.

El “Times” continuará buscando las historias más importantes de nuestro tiempo con curiosidad, coraje y empatía, porque creemos que mejorar el mundo comienza por entenderlo. El “Times” continuará resistiendo la polarización y el pensamiento grupal dando voz a  diversidad de ideas y experiencias, porque creemos que el periodismo debe ayudar a las personas a pensar por sí mismas. El “Times” cumplirá con los más altos estándares de independencia, rigor y equidad, porque creemos que la confianza es nuestro activo más preciado. El “Times” hará todo esto sin temor ni favor, porque creemos que la verdad debe perseguirse a donde quiera que vaya.

Estos valores guiaron a mi padre y a sus predecesores como editores, incluso en tiempos de guerra, crisis económica, la agitación tecnológica y los principales cambios sociales. Estos mismos valores los sostuvieron cuando se enfrentaron a presidentes; cuando lucharon por los derechos de una prensa libre en la Corte y al no anteponer los intereses financieros de nuestro negocio a los principios periodísticos que nos guían.

Desafío

El desafío que tengo  es garantizar que el “Times” proteja esos valores al tiempo que abraza el imperativo de adaptarse a un mundo cambiante. He pasado la mayor parte de mi carrera como reportero de un periódico, pero también he sido un gran promotor de la evolución digital del “Times”. Soy protector de nuestras mejores tradiciones, y miro hacia el futuro con emoción y optimismo.

Mucho cambiará en los próximos años, y creo que esos cambios conducirán a un servicio informativo más rico y más vibrante que cualquier cosa que pudiéramos haber imaginado con tinta y papel. Lo que no cambiará: continuaremos brindando a los periodistas los recursos para profundizar en una sola historia durante meses. Seguiremos apoyando a los periodistas en todos los rincones d el mundo, ya que son testigos de los acontecimientos que se desarrollan, a veces con gran riesgo personal.

Continuaremos fortaleciendo nuestro periodismo con la experiencia de  abogados que analicen la ley,  médicos que entiendan  de salud y  veteranos que conozcan de guerra. Seguiremos buscando las formas más convincentes de contar historias, desde la prosa hasta la realidad virtual, a lo que sea que venga después. Continuaremos poniendo la equidad y la precisión de lo que publicamos por encima de todo, y en los momentos inevitables que nos quedemos cortos, continuaremos reconociendo nuestros errores, y nos esforzaremos por hacerlo mejor.

Creemos que este es el periodismo que nuestro mundo necesita y nuestros lectores merecen. Esa ha sido la visión rectora de “The New York Times” en cinco generaciones y más de 120 años. Hoy renovamos ese compromiso.— Nueva York.


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Aquí, la versión en inglés, “A note from our new publisher”:

In 1896 my great-great-grandfather left his hometown, Chattanooga, and traveled north to purchase a small, fading newspaper in New York.

The moment was not unlike our own. Technological, economic and social turmoil were upending the traditions of the country. People trying to understand these changes and their implications found themselves confused by polarized politics and by a partisan press more focused on advancing its own interests than on informing the public.

Against this backdrop Adolph Ochs saw the need for a different kind of newspaper, and he committed The New York Times to the then-radical idea that still animates it today. He vowed that The Times would be fiercely independent, dedicated to journalism of the highest integrity and devoted to the public welfare.

This mission feels particularly urgent to me today as I begin my work as publisher of The New York Times. Our society is again being reshaped by political, technological and environmental forces that demand deep scrutiny and careful explanation. More than 120 years after Adolph Ochs’s vision was printed in these pages, the need for independent, courageous, trustworthy journalism is as great as it’s ever been.

This is a period of exciting innovation and growth at The Times. Our report is stronger than ever, thanks to investments in new forms of journalism like interactive graphics, podcasting and digital video and even greater spending in areas like investigative, international and beat reporting. Our audience, once confined to a single city, now stretches around the globe.

This is also, of course, a period of profound challenge for The Times, for the news media more broadly, and for everyone who believes that journalism sustains a healthy society.

There was a reason freedom of speech and freedom of the press were placed first among our essential rights. Our founders understood that the free exchange of ideas and the ability to hold power to account were prerequisites for a successful democracy. But a dangerous confluence of forces is threatening the press’s central role in helping people understand and engage with the world around them.

The business model that long supported the hard and expensive work of original reporting is eroding, forcing news organizations of all shapes and sizes to cut their reporting staffs and scale back their ambitions. Misinformation is rising and trust in the media is declining as technology platforms elevate clickbait, rumor and propaganda over real journalism, and politicians jockey for advantage by inflaming suspicion of the press. Growing polarization is jeopardizing even the foundational assumption of common truths, the stuff that binds a society together.

Like our predecessors at The Times, my colleagues and I will not give in to these forces.

The Times will continue to search for the most important stories of our era with curiosity, courage and empathy — because we believe that improving the world starts with understanding it. The Times will continue to resist polarization and groupthink by giving voice to the breadth of ideas and experiences — because we believe journalism should help people think for themselves. The Times will hold itself to the highest standards of independence, rigor and fairness — because we believe trust is the most precious asset we have. The Times will do all of this without fear or favor — because we believe truth should be pursued wherever it leads.

These values guided my father and his predecessors as publisher as they steered this company through war, economic crisis, technological upheaval and major societal shifts. These same values sustained them as they stood up to presidents; battled for the rights of a free press in court; and overrode the financial interests of our business in favor of our journalistic principles.

The challenge before me is to ensure The Times safeguards those values while embracing the imperative to adapt to a changing world. I’ve spent most of my career as a newspaper reporter, but I’ve also been a champion of The Times’s digital evolution. I’m protective of our best traditions, and I look to the future with excitement and optimism.

Much will change in the years ahead, and I believe those changes will lead to a report that is richer and more vibrant than anything we could have dreamed up in ink and paper. What won’t change: We will continue to give reporters the resources to dig into a single story for months at a time. We will continue to support reporters in every corner of the world as they bear witness to unfolding events, sometimes at great personal risk. We will continue to infuse our journalism with expertise by having lawyers cover law, doctors cover health and veterans cover war. We will continue to search for the most compelling ways to tell stories, from prose to virtual reality to whatever comes next. We will continue to put the fairness and accuracy of everything we publish above all else — and in the inevitable moments we fall short, we will continue to own up to our mistakes, and we’ll strive to do better.

We believe this is the journalism our world needs and our readers deserve. That has been the guiding vision for The New York Times across five generations and more than 120 years. Today we renew that commitment.


Coincidencias

El Diario Yucatán y el “The New York Times” en sendos editoriales publicados el 31 de diciembre y el 1 de enero, respectivamente, coinciden en sus compromisos periodísticos.

Aquí, la “Nota del día” publicada en Diario de Yucatán.

 

Compromisos del Diario

  • El que está por comenzar será un año importante. Confiamos que sigamos siendo el medio de referencia informativa y vía para la construcción de un Yucatán bien informado, con sólidos valores.
  • El Diario de Yucatán ha asumido desde su fundación la responsabilidad de ser contrapeso del poder sin importar quién lo ocupe.
  • En papel y por internet, en portales y redes sociales, el Diario llega día a día a cientos de miles de personas, ubicadas a lo largo del planeta. En todas sus plataformas.
  • Su confianza (lectores) fortalece el ejercicio del periodismo libre y nos permite, nos motiva a seguir siendo el contrapeso necesario en un estado seguro, con bases sólidas para una economía creciente.

Compromisos del “Times”

  • El “Times” continuará buscando las historias más importantes de nuestra era con curiosidad, coraje y empatía, porque creemos que mejorar el mundo comienza por entenderlo.
  • (Ochs) Juró que el “Times” será ferozmente independiente, dedicado al periodismo de la más alta integridad y dedicado al bienestar público.
  • Nuestra información es más sólida que nunca, gracias a las inversiones en nuevas formas de periodismo como gráficos interactivos y vídeo digital.
  • El “Times” cumplirá con los más altos estándares de independencia, rigor y equidad, porque creemos que la confianza es el activo más preciado que tenemos. El “Times” hará todo esto sin temor ni favor, porque creemos que la verdad debe perseguirse

Jessica E. Ruiz Rubio es licenciada en Periodismo y maestra en Gestión de la Mercadotecnia. Comenzó su carrera periodística en 2004, año en que ingresó a Grupo Megamedia. Se especializa en trabajos especiales, análisis de tendencias digitales, temas locales y gestión de redes sociales.