Cosas que pasan

Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)

Cuando las cosas se hacen para causar confusión de manera intencional, se crea desconcierto y desánimo a grado tal, que nadie entiende el porqué de la situación. Si un director de empresa trata de manera déspota e injusta a sus subordinados, el negocio no dará los resultados esperados porque todos estarán sin entender de lo que sucede.

Lo mismo puede pasar en una familia donde el jefe no dé ejemplo de conducta y hable con engaños y echándole la culpa a las circunstancias o la esposa. Los integrantes de la familia vivirán sin entender una buena razón y reinará el caos.

Eso sucede en este tiempo de campañas políticas en las que el mayor tiempo los candidatos se dedican a discusiones y a hablar de culpas ajenas, y las propuestas y programas que pudieran beneficiar al pueblo quedan en segundo o tercer lugar, lo que ocasiona que nadie se interese como debe ser en razonar el voto a favor de quien desea, sin mentiras ni palabras huecas, trabajar en beneficio de la comunidad.

Y en este intrincado quehacer de quienes pretenden ocupar puestos públicos lo único que se consigue es que quienes tenían voto duro éste se suavice, los que estaban dispuestos a apoyar a algún candidato se desanimen y quienes participan en los actos de campaña lo hagan por obligación o por la famosa torta y juguito. Amén de que están esperando que los pretendientes a ocupar algún puesto empiecen a regalar gorras, playeras, sandalias, bolsas para el mercado y otros artículos que esperan que convenzan al electorado cuando éste ya está curado de espanto con ese engaño que todos aprovechan, pero que nadie toma en serio.

Creo que sería demasiado arriesgado tomar las cosas en serio a estas alturas, cuando apenas faltan unos 80 días para las elecciones. Y quiero aclarar que no me refiero sólo a los presidenciables que pueden ser cinco si el INE y el Trife se ponen de acuerdo, cosa que se antoja imposible. El Trife ya falló a favor del neolonés y se ve muy difícil que se eche marcha atrás, aunque en este México nuestro todo puede pasar: se cae el sistema, se anuncia el triunfo de un candidato antes de que termine el recuento de las urnas, se hacen arreglos económicos en lo oscurito y queda claro que las últimas instancias están al servicio del gobierno. Nos ven la cara y no pasa nada. Porque así es esto desde hace más de 70 años. Política a la mexicana y al servicio de un sistema.

Si se quiere que haya credibilidad, y ahora sí me refiero a quienes aspiran a la presidencia, es necesario que Ricardo Anaya explique a los panistas por qué prefirió una coalición que lo apoye, dejando a su partido sin candidato propio. Qué intereses personales hay de por medio para que no aceptara a Margarita Zavala, sin tratar de decir que ésta es mártir política; que Andrés Manuel López Obrador explique de qué vive desde hace 18 años y en qué trabaja, y que José Antonio Meade se deshaga de algunos de sus asesores que son símbolo de corrupción, para que se le pueda creer que está contra ésta.

Los votos están entre el hartazgo, la corrupción, la incredulidad y los que por ningún motivo dejarán de apoyar a su candidato porque son sus familiares, amigos e incondicionales de la esperanza de que les toque algo. Claro que los mítines se llenan de gente, pero eso no significa nada porque, lo repito, el desconcierto es tal que los votantes no tienen interés definido. Se habla de que habrá una votación copiosa. Yo diría que sorpresiva porque las campañas están cubiertas por una inmensa nube de duda e incredulidad.

El día de la elección habrá muchos “co’ox virar” que decidirán, porque pensarán “total, nadie lo ve”, y eso será porque no se convencieron durante las campañas de quién era el mejor.

En las comunidades del interior del estado la definición hacia algún candidato es más dudosa. Las encuestas carecen de credibilidad y en los pueblos todos se conocen. En cuanto a la gubernatura, se dice en círculos de investigación del voto que la pelea está muy cerrada. Como quiera que sea, la desconfianza y la incredulidad reinan en el país y no podemos más que esperar que haya resultados impensados. Falta poco.— Tizimín, Yucatán.

manuelantonio1109@hotmail.com

Cronista y exalcalde de Tizimín

 

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