¿A qué vino el presidente?
Filiberto Pinelo Sansores (*)
La publicidad gubernamental en tiempos electorales, con la parafernalia que ello implica, es aprovechada por el PRI-Gobierno gracias a la generosidad del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que le enmendó la plana al INE al determinar que él no puede regular la propaganda de los gobiernos durante esos periodos so pretexto de que está ya regulada en otras disposiciones legales distintas a las electorales. Con esto dio luz verde al gobierno partido para ensayar uno de sus trucos preferidos en la materia.
Con este fondo se desarrolló la visita de Peña Nieto a Yucatán para inaugurar obras, apresuradamente terminadas o sin terminar, pero con todo el boato necesario a fin de enaltecer su imagen, que incluyó discursos demagógicos, desplantes teatrales, acarreo de multitudes y los mil y un recursos del arsenal publicitario del grupo que gobierna al país.
Se trató de un juego de carambola ante el poco entusiasmo que despiertan los candidatos priistas, particularmente su abanderado presidencial, “Pepe” Meade —que no levanta ni con globos llenos con helio que lo sujetaran—, los estrategas de la camarilla que lo apoya, cuyo horror a perder el poder no permite a quienes la integran conciliar el sueño, está echando mano de un método que creen les funcionará: mejorar la —también— deteriorada imagen de quien los simboliza a todos. Enrique Peña Nieto.
“Pepe” es un tipo sin atractivo electoral, escogido sólo por su funcionalidad al sistema y, particularmente, por su máscara de hombre sin partido; pero como el engaño no pegó y el tiempo pasa y sigue estancado, se pretende hacerlo subir por el método de elevar el menguado prestigio de quien lo sentó en el volcán, Peña, calificado, sin embargo, por la sociedad como el peor gobernante que ha tenido el país.
Inflar la imagen del presidente, de eso se trata. Dentro de ese plan está a) la postura que éste asumió frente a la más reciente embestida de Donald Trump contra el país y b) el exagerado ruido de su visita a la entidad. Lo que se busca es aumentar las escasas simpatías del presidente y que éstas se traduzcan en un incremento en las intenciones de voto a favor de Meade y, de camino, de los candidatos del partido, en peligro de salir, también, maltrechos de la coyuntura electoral.
Por eso es que aprovechando la iracundia del belicoso ocupante de La Casa Blanca estadounidense, sus asesores le construyeron a Peña un discurso que, piensan, lo reposicionará en el sentir nacional. A muy pocos, sin embargo, convence este patriotismo presidencial de última hora, después de todas las humillaciones anteriores que el presidente ha soportado en sus relaciones con Trump, si acaso, con alguna tímida respuesta.
Menos, cuando poco después obedeció la exigencia de Trump, que motivó su amenaza de enviar a la Guardia Nacional norteamericana a la frontera de su país, como si mandara dentro de nuestro territorio, de disolver la Caravana Migrante, compuesta principalmente por centroamericanos, que se dirigía a la frontera norte del nuestro, manifestación pacífica anual que se realiza desde hace 10 años —bajo la protección de organizaciones civiles y religiosas—, y cuyo propósito no es ingresar ilegalmente a Estados Unidos sino exigir al gobierno yanqui trato mejor a los migrantes.
Con toda seguridad, si no estuviéramos en campaña electoral a Peña Nieto le hubiera valido “gorro” que el presidente gringo dijera lo que dijo e hiciera lo que hizo y sigue haciendo.
El siguiente acto del plan fue su visita a la entidad, un espectáculo teatral pensado para que se luciera, con la puesta en marcha de obras hechas con recursos públicos, pero presentadas como si lo fueran con aportaciones sacadas de los bolsillos de los falsos mecenas que se lucen en las inauguraciones.
La representación tuvo varios escenarios. El primero, el Centro de Convenciones “Powered Samsung”, agringado nombre para dar la sensación de que nuestros gobernantes nos han llevado, sin que nos demos cuenta, al Primer Mundo. Ahí, con una corte de aduladores caros que lo aplaudieron como si fuera el primer histrión de una zarzuela, Peña escuchó al gobernador Zapata Bello vibrar con la primera zalamería en la orden del día: el discurso en que lo puso por las nubes.
“Le manifestamos nuestro respaldo pleno y orgullo como mexicanos en la posición clara y firme de nuestra nación. A través de usted en estos tiempos, ante el contexto que enmarca la relación de nuestra país con los Estados Unidos, con una visión constructiva, como siempre privilegiando respeto a nuestra soberanía y dignidad”, dijo, como correspondía en el guión, con tono dramático, el primer priista yucateco y, como también correspondía, se pusieron de pie “muchos de los asistentes” incluyendo al adulado, “emocionado” con tan melifluas alabanzas (D. de Y., 06-04-18).
Otros eventos hubo, cortados con el mismo molde. Todos, buscando el mismo objetivo. Reposicionar la imagen presidencial para que en algo ayude a su asociado Meade a salir del sótano. En el apresuramiento por presumir obras, la demagogia no tiene empacho en presentar cascarones vacíos —como, el que albergará la llamada Zona Económica Especial de Progreso, motivo de mucha verborrea y de la firma de un convenio, durante la visita—, como si fueran realidades tangibles.
Todo sea por la necesidad de no perder el poder, pues esto sería para quienes lo detentan una tragedia muy grande, significaría el principio del fin. Cuando en 2000 perdió el PRI la presidencia se quedó con decenas de gubernaturas que le sirvieron para acopiar recursos, comprar votos y regresar 12 años después. Hoy, el drenaje de gobiernos estatales hacia otras manos es cada vez mayor. Si en estas elecciones no ganan un solo estado, como parece ser, y pierden la presidencia, como también parece, podría estar llegando el fin del PRI.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
Lo que se busca es aumentar las escasas simpatías del presidente y que éstas se traduzcan en un incremento en las intenciones de voto a favor de José Antonio Meade y, de camino, de los candidatos del partido, en peligro de salir, también, maltrechos de la coyuntura electoral
