Dilema y estrategias

Antonio Salgado Borge (*)

El primer debate entre los aspirantes a la presidencia podrá ser visto en vivo a partir de las ocho de la noche de hoy. Este debate ha generado, con razón, una importante expectativa, y ha sido comentado ampliamente en redes sociales. Probablemente el aspecto que más ha despertado interés gira alrededor de la estrategia que AMLO, el puntero en todas las encuestas, empleará esta noche. En este artículo defenderé que, guste o no, la atención no tendría que centrarse en AMLO, sino en lo que hagan o dejen los rivales del candidato de Morena.

Para ver por qué, empecemos revisando dos factores que marcarán la pauta del primer debate presidencial de este año. (a) El primero consiste en las posibilidades de ganar la elección de los candidatos; es decir, su posición en las encuestas. El criterio para revisar este factor será la más reciente encuesta de “ Reforma” (18/04/2018). Mi selección no es aleatoria; hay motivos para considerar esta encuesta evidencia testimonial confiable: recordemos que la encuesta ese periódico fue, por mucho, la que más se acercó al resultado en 2012; cuando prácticamente todas las encuestas daban como ganador a Peña Nieto por cerca de 20 puntos, “Reforma” mostró que EPN ganaría por cuatro puntos —la diferencia final fue de seis—. Con esto en mente, de acuerdo con “Reforma”, si hoy fueran las elecciones AMLO tendría 48% de los votos, Ricardo Anaya 26%, José Antonio Meade 18%, Margarita Zavala 5% y “El Bronco” 3%. El peso de los resultados anteriores se incrementa cuando se considera que éstos son prácticamente idénticos a los de un consolidado de encuestas dado a conocer esta semana por “Bloomberg”.

Un segundo factor que jugará un papel fundamental en el debate es (b) la tendencia que sigue o el momento que vive la campaña de cada candidato. Esto es importante, pues en caso de que la tendencia ascendente estuviera de su lado, el segundo lugar —en este caso, Anaya— llegaría al debate crecido, motivado y listo para potenciar su impulso. Pero este no es el caso. De acuerdo con “Reforma”, de febrero a abril AMLO ganó seis puntos porcentuales, mientras que Anaya perdió seis y todos los demás candidatos se mantuvieron sin variación. Si hoy fueran las elecciones, el de mexicanos que votaría por AMLO sería más alto que el que votó por Fox, en su momento un candidato que logró esperanzar a 42.5% de los mexicanos. Es decir, para desgracia de sus rivales electorales —y de la salud mental de quienes aplican etiquetas como comunismo y socialismo a la ligera, de manera intercambiable y sin saber lo que éstas significan—, es indiscutible que el “momentum”, de esta elección o de cualquier otra desde que existe algo parecido a la democracia en México, se encuentra del lado del primer lugar, quien además de sacar al segundo una ventaja de 22 puntos tiene, de acuerdo con El País, 85% de posibilidades de ganar la elección presidencial de este año (21/04/2018).

Los factores (a) y (b) implican que es predecible que hoy en la noche veamos a un AMLO sonriente, cómodo, seguro de que arriesgará poco. Dada su experiencia, y considerando la solvencia en que ha enfrentado escenarios y entrevistas hostiles este año, es muy probable que el candidato de Morena se sienta como pez en el agua. Su reto es salir como llegó o, cuando menos, sin haber perdido gran cosa.

Pero lo de verdad interesante es que para los rivales de AMLO el binomio (a)-(b) abre dos posibilidades principales: (1) la primera es tratar de administrar sus ofensivas y centrarse en las propuestas; es decir, mostrarse “presidenciables” y explicar las bondades de sus proyectos. La idea detrás de esta estrategia es no apostar a “todo o nada” y confiar en que los dos meses que faltan para las elecciones son tiempo suficiente para articular una serie de estrategias que eventualmente los lleve a ser competitivos. Me parece que es poco probable que alguien adopte esta estrategia esta noche, pues la distancia entre el candidato de Morena y sus rivales es abismal: AMLO saca 22 puntos al segundo lugar —Anaya—, 30 al tercero —Meade— y 43 puntos al cuarto y al quinto lugar.

Lo anterior podría llevar a los rivales de AMLO a optar por centrar su estrategia en (2) intentar soltar golpes demoledores que les lleven a revertir su declive o a salir de su estancamiento. La idea detrás de esta estrategia sería emplear el debate para obtener un impulso que hoy no tienen. Esta estrategia, una suerte de “tirar toda la carne al asador”, es particularmente relevante en los casos de Anaya y Meade, ya que ambos buscarán salir del debate, cuando menos, como un fuerte y competitivo segundo lugar.

Sin embargo, una estrategia diseñada para posicionarse como segundo lugar no sería suficiente. Y es que es un error suponer que el declive de Meade beneficiaría exclusivamente Anaya o que el de Anaya beneficiaría exclusivamente a Meade. Para ver por qué, consideremos qué pasaría si de repente Anaya o Meade declinaran. Si bien más simpatizantes de Meade tienen como segunda preferencia a Anaya que a cualquier otro candidato, los que votarían por el panista si no votaran por Meade apenas llegan al 24%. Por su parte, la segunda preferencia principal de quienes votarían por Anaya no es Meade, sino AMLO (22%). Además, incluso en un escenario donde sólo hubiera dos candidatos, AMLO sacaría 20 puntos a Anaya y 35 a Meade. De aquí que el panista y el priista no sólo deban mostrarse como segundo lugar, sino que además tengan la tarea de dejar claro que son una opción capacitada para derrotar al candidato de Morena.

La opción (2) es más probable que la (1) y, a diferencia de la (1), la (2) puede tener algún tipo de efecto en el estado actual de la competencia. Sin embargo, adoptar esta opción implica al menos cuatro riesgos para el segundo y el tercer lugar: el primero es (a) aparecer demasiado agresivos o desesperados; difícilmente un candidato alterado o verbalmente violento podrá ser atractivo para la mayor parte del electorado. El segundo riesgo es que (b) es probable que más de uno opte por esta estrategia agresiva, por lo que un buen número de electores podrían llegar a sentir empatía para con el primer lugar, admirar su resistencia o repudiar la forma en que se le ataca de manera ventajista en grupo.

Además, (c) la imagen que generaría la opción (2) sería idóneo para AMLO, quien podría señalar sonriente que la sincronía en su contra es evidencia de que “la mafia del poder” se ha unido contra él. Finalmente, (d) el voto anti-AMLO, cacareado por algunos como la principal muestra de que no todo está perdido, será mucho menos importante de lo que se piensa. Y es que “Reforma” formuló una pregunta que permite estimar indirectamente el impacto de este voto. Cuando se le cuestiona a los encuestados si consideran más importante sacar al PRI del gobierno o evitar que AMLO llegue a la presidencia, 59% respondió que echar al PRI era más importante; sólo 22% consideró más importante evitar que gane el candidato de Morena. Es decir, si hay un “voto anti-algo” este será, sin duda, el voto anti-PRI. En este sentido, la sincronía del Frente y el PRI podría terminar siendo una suerte de “beso de la muerte” para la candidatura de Anaya.

En conclusión, lo más relevante del debate de hoy será ver cómo Anaya y Meade enfrentan el siguiente dilema: por un lado, si optan por la opción (1) y deciden centrarse en propuestas o en aparecer “presidenciables”, entonces perderán una oportunidad invaluable de ganar “momentum” y de mantenerse con vida en la competencia. Por otro lado, si optan por la opción (2) corren el riesgo de verse desesperados o agresivos en lo individual o, peor aún, de fortalecer al primer lugar al dejarlo ante el público como víctima o como la única opción anti-sistema. Encontrar una salida para este dilema es una condición necesaria para quienes aspiren a mantener posibilidad real, aunque sea remota, de competir por la presidencia.

Excurso

El gobierno de Yucatán anunció que buscará que el congreso local reforme el código penal para sancionar el “sexting” o el envío —casi siempre voluntario— de fotos, vídeos o contenidos sexuales privados por medios digitales. Si bien es importante castigar severamente la distribución de imágenes de una persona sin su consentimiento, la reforma del gobierno yucateco, tal como ha sido descrita en su comunicado, no distingue entre envíos consentidos y no consentidos. Mientras no se haga esta distinción, lo que se ha anunciado no puede ser más que una ridícula ocurrencia indigna de un gobierno medianamente serio; una mochería provinciana que violaría derechos cruciales de los yucatecos, como la libertad de expresión o libertades sexuales.— Mérida, Yucatán.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

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