Nos comentan que…

Por decisión personal, no por “línea”, Roger Metri Duarte, secretario de Cultura, se ha mantenido con un perfil bajo desde días antes del inicio de las campañas políticas, a fin de evitar que su aparición en ruedas de prensa y otros eventos pueda malinterpretarse. Eso sí, procura que siempre haya un representante de la cartera que dirige en los eventos en que se requiere el respaldo de la institución.

Para los observadores políticos no pasaron inadvertidos los errores en las mantas y lonas con publicidad de los candidatos del PRD en Yucatán. Por ejemplo, a Adriana Vargas León, abanderada a diputada por el Distrito XII, se le mencionó con la demarcación correcta pero se le ubicó en Mérida, cuando la cabecera distrital es Tekax. A un candidato de apellido Aguiar se le puso “Aguilar”, y así afloraron más gazapos que muchos vieron porque se instaló la propaganda en sitios públicos. Un perredista cercano a la directiva explicó la situación a su manera: se instalaron esas lonas porque no hay más recursos para corregirlas. Todo el dinero asignado a ese rubro, añadió nuestro informante, se le entregó a Eduardo Sobrino Sierra, considerado el “líder moral” del perredismo yucateco y tutor político del actual presidente estatal del partido, Alejandro Cuevas Mena, y fue él quien eligió al proveedor, negoció las condiciones de la publicidad y manejó el presupuesto.

Después de entregar la alcaldía de Mérida a Renán Barrera Concha en 2012, en condiciones que muy pocos quisieran recordar, Álvaro Omar Lara Pacheco se volvió literalmente ojo de hormiga y prefiere seguir en un papel de bajo perfil, lo más alejado posible de la gente. Esto es algo que pueden confirmar los yucatecos que asisten regularmente al estadio Kukulcán Álamo a presenciar los encuentros del club Leones de Yucatán. Discreto, con escasa y en ocasiones nula compañía, el exalcalde interino presencia los partidos de béisbol desde la zona de butacas detrás de home, lejos incluso del pasillo central y ocasionalmente con Carlos Paz González, exmanejador de los Leones, a sus espaldas en el área de palcos. Prácticamente nadie reconoce a quien suplió a Angélica Araujo Lara en el Palacio Municipal, cuando aquélla solicitó licencia para contender por el Senado, y tuvo una gestión pública de ocho meses durante los cuales, como es del conocimiento público, colapsaron los principales servicios públicos.

Algunos funcionarios priistas de Ticul habrían impedido que el gobernador Rolando Zapata Bello inaugurara la Plaza del Calzado, obra convertida en un elefante blanco, para evitar que fabricantes molestos le expresaran su inconformidad al mandatario. La razón fue que no encontraron la manera de distribuir los únicos 11 locales que tendría el lugar entre más de 300 fábricas en la urbe cuerera y, de ponerla en funcionamiento, considerarían que generaría más conflictos que beneficios con el gremio más importante de la localidad. El mes pasado se esperaba la inauguración de la obra (evento que debió realizarse desde el verano del año pasado) en una visita del jefe del Ejecutivo; incluso, algunos trabajadores colocaron en los jardines del lugar el letrero de “Plaza del Calzado” con letras en aluminio, pero Zapata Bello no mencionó el proyecto y se retiró tras entregar unas escrituras y computadoras portátiles a beneficiarios ticuleños. El espacio, previsto para exposición y venta, está en la salida rumbo a Santa Elena y costó seis millones de pesos.

 

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