¿Debate o embate?
Filiberto Pinelo Sansores (*)
El debate entre los candidatos presidenciales fue la confirmación de los vaticinios que se hicieron acerca de su utilización para golpear a Andrés Manuel López Obrador, el único y real opositor al sistema de corrupción y capitalismo de cuates que existe en nuestro país. Con un formato que favorecía el acorralamiento del adversario común, los cuatro participantes, unos más que otros, se dedicaron a lanzar sus descalificaciones, casi impunemente, porque las respuestas de AMLO a cada señalamiento hubieran significado gastar el tiempo que le correspondía, a defenderse y no a plantear, hasta donde era posible, sus propuestas.
Ésta fue la impresión de muchos de quienes observamos el debate. Una contienda en la que el esquema resultó injusto para uno de los contendientes, pues a diferencia de otros encuentros en los que quienes son aludidos tienen derecho a réplica para responder por cada ataque, sin menoscabo de su tiempo para las propuestas, en éste no fue así. Si sumamos los tiempos dedicados por los cuatro para el ataque y los comparamos con el que el atacado tuvo para responderles, se concluye que lo que resultó no fue un debate equitativo, sino un intento de linchamiento mediático, premeditado o no.
Salir airoso de un ejercicio así, en que quien participa no lo hace contra uno sino contra cuatro, no es mérito menor. Es como cuando alguien es asaltado por una pandilla y sale del atraco nada más con leves rasguños. AMLO logró mantener bien posesionadas las propuestas que sostuvo durante el combate. No obstante los intentos para desvirtuarlas y el histrionismo con que sus adversarios trataron de tapar sus propios vicios y carencias, la libró. Fue por eso premiado con el aplauso de millones de mexicanos que lo vieron ganar el debate, como la encuesta de Massive Caller, que el Diario publicó, puso en evidencia (D. de Yuc., 23-04-18).
Fue notorio el vano intento de estos cuatro jinetes del Apocalipsis —uno con faldas— de querer presentarse ante la opinión pública como unas blancas y honorables palomas, algo que están muy lejos de ser. Sin mirarse la enorme cola que cada uno arrastra, se pusieron a tirarle bolas de lodo al puntero, usando las mismas acusaciones que a ellos se les han hecho, y de las que no se han podido librar: corrupción, complicidad con delincuentes, engaños frecuentes al pueblo, traición a los intereses de la nación.
Lo único que consiguieron, sin embargo, fue su propio desenmascaramiento, porque conociendo sus historias personales, el contraste de lo que dijeron con la realidad de sus vidas, puso a cada quien en su lugar.
Y es que cada uno de ellos tiene una historia suficientemente conocida que los muestra como realmente son: nada idóneos para hablar de honradez, moral y decencia. Algunos hitos de estas historias son el lavado de dinero en el que está involucrado Ricardo Anaya, que compró un terreno a una persona en $11 millones y se lo vendió a la misma, a través de una empresa fantasma, en 54 millones; la “estafa maestra” que tiene como uno de sus ejes a Meade, que sirvió para desviar 6 mil millones de pesos de Sedesol; los 120 mil muertos y 20 mil desaparecidos del gobierno en que Margarita fue primera dama y los cientos de miles de firmas falsas con que el Bronco llegó a candidato.
Uno de los efectos más notorios de las crucifixiones o intentos de crucifixión es que genera más simpatías hacia las víctimas de las que antes tenían. Sobre todo cuando los argumentos usados contra éstas —además de las condiciones de ventaja en que las lanzan— para tratar de hundirlas en el descrédito, son mentiras, calumnias y distorsión de los hechos.
López Obrador jamás ha expresado que “pactará con criminales” o que va a “sacar de la cárcel a los delincuentes”. Ha dicho, sí, que si gana, hará todo lo que sea necesario para pacificar al país, incluso, proponer una “amnistía”, cuyos alcances estarían sujetos a un panel de expertos y otras personalidades de México y el mundo y que para integrarlo invitaría, incluso, al Papa. Es inútil que les deletreen una y otra vez los términos de la propuesta. Como cotorras vocingleras siguen repitiendo lo mismo.
El armamento utilizado para descalificar fueron mentiras, insidiosamente disparadas, una a una, por los cuatro candidatos, representantes del statu quo. La plataforma verificado.mx investigó las afirmaciones que tanto Meade como Anaya hicieron para estigmatizar a López Obrador y encontró falsedad absoluta. En el asunto de los dos departamentos (tres dijo Meade) que no aparecen en su “tres de tres”, hecha en 2016, el hallazgo fue que esto no podía ser porque ya no eran suyos, los cedió desde 2005 a sus hijos.
Resultó falso también que durante su gobierno los secuestros aumentaron 88%, según Anaya, así como que cuatro de cada 10 robos de vehículos en el país, o sea el 40%, ocurrían en la ciudad de México, según Meade. Verificado 2018 encontró que entre 2000 y 2005, por el contrario, bajó el número de secuestros en la capital y la tasa se redujo por cada 100 mil habitantes en un 27.22%. En 2000 se registraron 141 averiguaciones por secuestro y en 2005, bajaron a 103.
Y sobre el robo de vehículos, entre 2000 y 2005, de 883,411 en todo el país, en Ciudad de México ocurrió el 24% de estos delitos, es decir 208,916.
También fue mentirosa la frase de Anaya de que en el Salvador la aplicación de una amnistía provocó que los homicidios crecieran a 108 por cada 100 mil habitantes. Según lo consultado por verificado.mx en El Salvador el gobierno impulsó una tregua de pandillas entre 2012 y 2013 para reducir la violencia y a cambio dio beneficios a los líderes de las pandillas que estaban encarcelados y, como consecuencia, las tasas de homicidios cayeron a la mitad, hasta reducirse a seis homicidios diarios, en promedio. La ruptura de la tregua, en 2014, hizo que la cifra subiera a 10.7 muertes violentas diarias y la tendencia alcanzó las 14 víctimas al día para 2015.
Pero no se le puede pedir peras al olmo. Estos cuatro debatientes traen en los genes los vicios del sistema, entre ellos, la mentira y la hipocresía y la simulación. El teatro se les está viniendo abajo.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
