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El fuego y la furia

María Isabel Caceres de Urzaiz (*)

Lo intentó por todos los medios y con las usuales tácticas de intimidación que utiliza constantemente en sus negocios. Fue imposible. No pudo parar la distribución de “El Fuego y la Furia. Al Interior de la Casa Blanca de Trump”, de Michael Wolff. La libertad de expresión continúa siendo un baluarte fundamental de la cultura norteamericana. Wolff es un autor reconocido y premiado. Ha escrito otros cinco libros además de éste. Es asiduo columnista de importantes diarios y revistas en el vecino país del norte. Lo más importante: con acceso abierto a la Casa Blanca, donde pudo abrevar de las fuentes más cercanas al círculo del Presidente Trump.

Los primeros nueve meses de “la Casa Blanca de Trump”, como la denomina todo el tiempo, fueron absolutamente caóticos. Sin orientación, propósito, definición o programa alguno a seguir, de acuerdo con la regla de oro de todo presidente entrante. El autor afirma de manera rotunda, y se apoya en testimonios de personas cercanas (con nombres y apellidos) que colaboraron en la campaña de Trump, la absoluta convicción entre los miembros del grupo de que jamás podrían ganar; sólo les interesaban los beneficios económicos, publicitarios, las relaciones internacionales y nacionales que a través de la campaña podrían obtener para sus negocios. aún sin salir victoriosos.

Compraban un gran futuro para “Trump Enterprises”, que sería imparable después de la sobreexposición mediática, gratuita, que le habían concedido todas las agencias noticiosas y periódicos importantes del país. Ganar, repite Wolff, no era la intención. La sorpresa se fue dando lentamente. Van descubriendo que el discurso salvaje, agresivo, proteccionista, lleno de odio, amenazas, groserías estaba levantando adeptos por millones en las zonas pobres y olvidadas del país.

Todo esto se puede apreciar a lo largo de las 312 páginas del libro de este autor, quien hace una minuciosa disección no sólo del atrabiliario personaje en funciones que encabeza la portada del libro, sino de los más cercanos colaboradores del presidente, en especial de su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner, quienes pelean e intrigan por ganar el favor y la cercanía del más íntimo círculo trumpista. Los llama el equipo “Jarvanka”.

El escritor Wolff entrevista a Steve Bannon el artífice original del proyecto, “Presidente Trump”. Bannon se consideraba a sí mismo como “el líder natural del movimiento populista nacional”. Poco a poco irá cayendo en desgracia junto con otros de los más cercanos colaboradores eliminados uno a uno como fichas de dominó. El hombre no se mide, suelta todo el rencor y el disgusto que lleva en su interior al ver desvanecerse el sueño de convertirse en quien realmente dirigiera el país con la nueva visión. La suya. La de nadie más. Se abrió de capa con Wolff sabiendo que su fin estaba próximo.

Leemos cómo las tormentas en Twitter son lo suyo. Tiene ese don natural para incordiar, desestabilizar, difamar, mentir, agredir… Ser el mismo sin pantallas, sin disimulos, sin pretender engañar a nadie. Esa es en apariencia su principal virtud. Él es él. A toda hora. En todo momento. Y en todo lugar. Ni engaña ni tiene intención de engañar a los demás sobre quién es, cómo es, lo que hace y lo que dice. De alguna manera Donald Trump es transparente en medio de su volatilidad y caos mental. Una cosa es segura: nada le afecta más que lo que la gente o los medios dicen de él.

Ha sido el mismo desde el inicio de su carrera, Roy Cohn el famoso, polémico abogado, fue su mentor. De él tomó el estilo de atacar, ofender, hablar mal y mentir. La crítica afilada y acerba ha sido para él un modo de expresión natural. Se ha creado sus propios enemigos públicos. Nació para el drama. Nadie está vacunado contra su veneno verbal. Ante su áspera retórica, caen tirios y troyanos. Citando a Dalí podemos aplicarle su famoso “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí, aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien”.

Aunque a míster Trump no le va tan bien como él piensa y desearía que le fuera. Su desprestigio es internacional tanto en el nivel personal como en el de las relaciones con los distintos jefes de todas las naciones. Esto se aprecia con claridad meridiana en el libro del afamado escritor, a medida que va uno avanzando capítulo a capítulo. Al presidente sólo le interesa la publicidad, es notorio. Su única aspiración es ser “el hombre más famoso del mundo”.

Sin embargo, disiento de la opinión generalizada de los que le rodean y de una mayoría enorme del pueblo norteamericano. Wolff y su círculo de colaboradores cercanos se refieren a él en algunos capítulos del libro, casi como si fuera una persona con escasas facultades mentales, y dudan a menudo de su cordura psicológica.

Pero a medida que avance en la lectura de la obra, y a lo largo de todos estos meses de gobierno, más el tiempo de campaña, observar su desempeño me lleva a algunas conclusiones muy personales: ¿Narcisista? ¡Desde luego! ¿Culto a la personalidad? ¡Innegable! ¿Falta de concentración? ¡Clarísima! ¿Desconocimiento de la realidad? ¡Indudable! ¿Ignorancia supina? ¡La demuestra! ¿Ordinariez? ¡Total! ¿Urbanidad? ¡Cero! ¿Valores? ¡No tiene! Y así por el estilo…

Más… la determinación para conseguir sus objetivos. La manera como puede manipular y llegar al punto que se ha impuesto como meta en sus negocios, y su faceta de superestrella de la televisión, que lo hizo enormemente popular y conocido, no es posible negarlas. En dos ocasiones anteriores había decidido correr por la presidencia y se desistió por pensar que no era el momento adecuado.

Cuando finalmente lo hace, se rodea de las personas que habrían de guiarlo hasta llegar a ser presidente de los Estados Unidos de América. Así que, inteligencia para lo que le conviene no le falta. Y la fuerza bruta para conseguir sus objetivos es innegable. Vendedor nato. Genio para autopromoverse. Maestro del “marketing”, supo llegar en el momento, con la gente y los medios adecuados a esa población desatendida por uno, y otro y otro gobierno (Republicano o Demócrata), y ponerlos a su favor. A la vista tenemos el resultado. Dividió al pueblo americano como jamás había sido dividido antes.

La investidura presidencial del país más poderoso del mundo se ha visto insultada, rebajada, disminuida, degradada, en manos de un patán, que así lo pinta Wolff (y en esto no disiento para nada).

Así lo conocemos también. Él sí es un “bad hombre” para quien las palabras dignidad y respeto no significan nada. Diplomacia es una palabra inexistente en el reducido vocabulario de míster Trump.

El botón nuclear a la distancia de su dedo índice y su voluntad febril y sin controles, son el verdadero drama, la realidad aterradora a la que se enfrenta el panorama mundial hoy. Michael Wolff lo expone. Sin disimulos ni paliativos. Es estremecedor reconocerlo y aceptarlo.— Mérida, Yucatán.

maica482003@yahoo.com.mx

Abogada y escritora

 

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