Por Rodrigo Llanes Salazar (*)
Ayer los señores Ricardo Alberto Gutiérrez López y Lizardo A. Barbachano Ayora publicaron en este espacio el artículo “Karl Marx, no tan exquisito”, en respuesta a mi columna del lunes 7 de mayo, titulada “Marx, a 200 años”, publicada también en este mismo espacio. Respondo a cada uno de los puntos planteados por ambos señores.
1. Karl Marx no es sinónimo de “marxismo-leninismo” y es importante aclarar esta diferencia, pues es común confundir ambos términos. La obra de Marx tal vez sea la que ha tenido más interpretaciones en todo el siglo XX, por lo que está sumamente cargada de prejuicios y estigmas.
La “dictadura del proletariado” y el “marxismo-leninismo” en la Unión Soviética efectivamente significaron la violación de derechos humanos: eliminaron el derecho al voto de los “burgueses”, suprimieron la Asamblea Nacional, limitaron la libertad de expresión, reprimieron a disidentes (recuérdese la crítica de Kautsky a Lenin). En nombre de “Marx”, el gobierno de Stalin cometió atrocidades que hoy consideraríamos crímenes contra la humanidad (documentados, entre otros, por Solzhenitsyn en su conocido libro “Archipiélago Gulag”).
Sin embargo, afortunadamente, la obra de Marx no se reduce a esas interpretaciones, distorsiones y barbaries cometidas en su nombre. Por eso es importante leer directa y críticamente la obra de Marx. De hecho, como han documentado periodistas como Kate Connolly en “The New York Times” y Ross Douthat en “The Guardian”, las nuevas generaciones que se han sentido atraídas a leer la obra de Marx después de la crisis financiera de 2008, ya no asocian a dicho autor con el estalinismo ni pretenden restaurar algo parecido a la Unión Soviética; más bien, buscan en los libros de Marx (junto con los de otros autores) elementos para entender la actual desigualdad extrema, los impactos de las políticas neoliberales, las medidas de austeridad, entre otros problemas que están sufriendo. Es desde esta perspectiva que en mi artículo invité a la lectura crítica de la obra de Marx y que respondo a las observaciones hechas por los señores Gutiérrez y Barbachano.
2. Sobre China. En mi artículo inicié señalando una serie de ironías: el hecho de que en la actualidad China, un país gobernado por un Partido Comunista, esté apostando más por tratados de libre comercio que países declaradamente anti-comunistas (como Estados Unidos) y el hecho de que la casa de Marx se hubiera vuelto un museo en el que se venden mercancías sobre él.

Nunca mencioné que el gobierno chino actual fuera un “marxismo-leninismo puro” y tampoco creo que lo sea.

3. Sobre lo “exquisito”, “complejo” y “aburrido” de la lectura de algunas de las obras de Marx citadas en mi artículo. Para los señores Gutiérrez y Barbachano, leer dichas obras no resulta exquisito “por lo complejo y en momentos aburrido para quien no es experto en el tema, además de lo terrible que resultó llevarlo a la práctica”. Sobre esto, valgan las siguientes apreciaciones:
a) Algo puede ser complejo —un guiso, por ejemplo— y exquisito al mismo tiempo. Lo complejo y lo exquisito no son cualidades excluyentes. Por el contrario, grandes obras filosóficas, económicas, políticas y literarias se caracterizan por su complejidad y es justamente en ella donde radica su exquisitez y valor. Me parece que éste el caso de la obra de Marx.
b) El “Manifiesto comunista”, el “18 Brumario” y “El capital” son obras de muy diversa calidad y complejidad. El “Manifiesto” fue un texto dirigido a la clase obrera, en un lenguaje sencillo, pero a su vez muy literario, que resulta comprensible a muchos estudiantes de secundaria y preparatoria de la actualidad. Sobre el carácter literario de este texto, el filósofo Marshall Berman ha escrito un esclarecedor ensayo contenido en su libro “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
El “18 Brumario” es un análisis de actualidad, publicado en la revista mensual neoyorquina “Die Revolution” y, a diferencia de las obras filosóficas o económicas de Marx, tiene un lenguaje claro, que narra episodios históricos conocidos, por lo que su lectura tampoco supone mayor complejidad.
Por su parte, si bien “El capital” también estaba dirigida a la clase obrera, el propio Marx reconoce que la lectura del primer capítulo de la obra presenta dificultades. A juicio de varios lectores de la obra —me incluyo—, son los primeros tres capítulos los cuales, por su abstracción, exigen una lectura más detenida y rigurosa. Si estos primeros tres capítulos o el resto de la obra les resultaron muy complejos a los señores Gutiérrez y Barbachano, les recomiendo varias introducciones recientes que proporcionan elementos para comprender mejor “El capital”: “Guía de El capital de Marx”, del geógrafo David Harvey (si les resulta aburrido leer el libro, en YouTube están los cursos completos en vídeo); “El capital de Marx”, de los economistas Ben Fine y Alfredo Saad-Filho; y, para una perspectiva más teológica, “16 tesis de economía política”, del filósofo Enrique Dussel. Son tres lecturas distintas y, cabe destacar, muy críticas de las interpretaciones leninistas y soviéticas de la obra de Marx.
c) Para los señores Gutiérrez y Barbachano la lectura de Marx tampoco es “exquisita” por “lo terrible que resultó llevarlo a la práctica” (la obra de Marx). Uno puede destacar lo valioso de las enseñanzas de Jesucristo y al mismo tiempo condenar los crímenes que se han hecho en el nombre del cristianismo. El pensamiento crítico consiste justamente en la capacidad de discernir elementos. Precisamente, mi artículo era una invitación, como la que hace el historiador Stedman Jones —que cito— y muchos otros autores, a leer críticamente a Marx.
4. Alguno de los dos señores autores del artículo me pregunta “si las condiciones de los trabajadores fueron mejores en la Rusia estalinista” o en la China maoísta o en la Cuba de Castro que en la actualidad. Ese no era el objeto del artículo; nunca comparé —sería muy difícil hacerlo en unas líneas— la condición de los trabajadores de la actualidad con otros momentos históricos. Pero en cualquier caso, los señores Gutiérrez y Barbachano siguen cometiendo el error de evaluar la obra de Marx a partir de algunas de las aplicaciones concretas que tuvo.
5. Concuerdo con los señores Gutiérrez y Barbachano en que es aconsejable releer a Hegel, Feuerbach y Nikitin (y a muchos otros autores más). Sin embargo, cabe aclarar a los lectores de Diario de Yucatán que “El capital en el siglo XXI” de Thomas Piketty no es una “actualización” de “las propuestas de Marx”, como afirman los señores Gutiérrez y Barbachano. Los conceptos de “capital” de Marx y Piketty son muy diferentes; Marx se centra en el proceso de producción y Piketty en la distribución de la riqueza. El propio Piketty reconoce que su trabajo no es una actualización de Marx. Reconociendo sus notables diferencias, recomiendo ambas lecturas.
6. En conclusión: la obra de Marx no se reduce ni puede reducirse a la interpretación que de ella hicieron Lenin, Stalin, Mao y otros tantos autores y corrientes (no mencionados por los señores Gutiérrez y Barbachano, como la Escuela de Frankfurt y las diferentes variantes del marxismo crítico contemporáneo). Reafirmo el propósito de mi artículo e invito a los señores Gutiérrez y Barbachano a leer directa y críticamente las obras de Marx, aunque les resulte complejo y aburrido por momentos, para despojarse de muchos de los prejuicios y estigmas que reproducen en su artículo. No cabe duda que a 200 años de Marx su obra sigue motivando la discusión sobre aspiraciones de justicia y emancipación; bienvenida sea la discusión, libre de prejuicios y abierta a la crítica.— Mérida, Yucatán.
rodrigo.llanes.s@gmail.com
@RodLlanes
(*).- Investigador del Cephcis-UNAM