El ciudadano
Mario Maldonado Espinosa (*)
A poco más de un mes del inicio de las campañas electorales dirigida a los ciudadanos hemos visto y escuchado distintos mensajes políticos para captar el voto o simpatía de determinado candidato. Tres meses es mucho tiempo y mucho costo. ¿Cuántas cosas no podrían hacerse con ese dinero de campañas? A mucho no les alcanza la capacidad económica para sostener una campaña, dicen algunos candidatos.
En otros países se habla de una reducción formal de las campañas electorales. En México, por un lado se destinan tiempos y recursos para una campaña electoral y por el otro a pesar de ello, aún existe un preocupante abstencionismo del 40% en las elecciones presidenciales. Aunque parece que este porcentaje puede variar en esta elección de 2018 por lo competido de la contienda.
En otros países el voto es obligatorio, por lo que no votar se considera una falta electoral, quien no vote se hace acreedor a sanciones y multas, a menos que justifiquen su ausencia.
En ese sentido, en lo que hoy todos coinciden es en que hay que vencer la apatía participativa porque cuando existe silencio o pasividad para no votar es que algo está fallando pues los ciudadanos no tienen credibilidad en las fuerzas políticas ante el incumplimiento de las promesas electorales. ¿Será que sea necesario cambiar las reglas, los tiempos y las formas de las campañas electorales?
Una de las variables en el presente proceso electoral es el tema de los debates, tanto a nivel federal como a nivel local, interesantes ejercicios democráticos. Se suma también el esfuerzo que hacen las asociaciones y cámaras empresariales, así como las reuniones e intercambio de ideas que hacen las universidades y escuelas con los candidatos o representantes de éstos. Ésta es una manera efectiva de confrontar en un solo espacio las propuestas que cada uno tiene y que aplicará en caso de llegar a ocupar un cargo público, pero sobre todo lleva a las personas a emitir un voto razonado, previamente meditado y por ende responsable. Sólo votando podemos manifestar nuestro derecho de decidir.
Podría parecer paradójico pero así como las personas se preparan y emocionan, por ejemplo, para la copa mundial de fútbol o para un evento social, así debería ser la preparación para esta “fiesta de la democracia”. Por ello hay que mejorar la calidad de las campañas cualitativa y cuantitativamente, evitando el clientelismo, las prácticas de compra y coacción del voto, así como la llamada guerra sucia o campañas negras.
Hay que saber elegir bien, analizar las propuestas más viables, los antecedentes y la capacidad de los candidatos, el respeto que tengan de la dignidad humana, que busquen el bien común, conocer de su honestidad; ya basta de aceptar la pobreza y la desigualdad con resignación, abnegación y como una fatalidad natural de la que se aprovechan muchos políticos en tiempos electorales. Es urgente un voto razonado que vaya más allá de la mercadotecnia, que desenmascare a los candidatos de corte populista. Un voto razonado es aquél que se hace con toda responsabilidad y libertad, buscando la verdad en vez de la mentira, que no se deja comprar por la dádiva, ni se deja amenazar por político o persona alguna.
El centro de la actividad política y la toma de decisiones debe ser siempre el ciudadano. Que el respeto sea la motivación que anime la competencia política, que las confrontaciones electorales no sean causa de división y polarización de la sociedad, pues pueden darse situaciones graves difíciles de superarse en una población tan sensible como está en estos días. Que la participación ciudadana, la tolerancia y el respeto a la ley sea lo que distinga esta elección.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoe@gmail.com
@mariomaldonadoe
Asesor Jurídico
