Marcelo Pérez Rodríguez (*)
Las abrumadoras promesas de los candidatos en los discursos de campaña caen en el olvido cuando ya ocupan los puestos obtenidos por el sufragio de los ciudadanos. Esto crea desconfianza y desilusión ante la falta del cumplimiento de los compromisos de esos personajes.
Así, la demagogia es característica en los discursos de los políticos que en su afán de convencer prometen y prometen tantas cosas que luego son difíciles de cumplir. Pero muchos creen, se dejan llevar por las palabras y luego vienen las frustraciones por elegir al candidato equivocado.
Pero ¿a quién escoger? ¿Quién hace compromisos y los cumplirá de verdad después de llegar al puesto anhelado? Hay tantas desilusiones que es necesario analizar y reflexionar para otorgar nuestro voto y no arrepentirnos tres o seis años después.
Los candidatos hablan de erradicar la pobreza, la corrupción, la impunidad, el desempleo, la violencia, los problemas económicos, la desnutrición y la baja calidad educativa, pero al final seguimos en las mismas: más pobres, más corrupción, más injusticias, más desempleo y con deficiencias educativas.
Desde décadas atrás los candidatos hablan de los mismos temas. ¿Qué ha pasado que en los últimos 50 años no se han logrado avances a pesar de tantas promesas y compromisos para erradicar estos males? Si los discursos se hubieran convertido en realidad ya la pobreza y la corrupción estuvieran desterradas; no habría analfabetismo ni desempleo; tuviéramos una educación envidiable y no tendríamos desnutrición ni enfermedades infantiles.
Sin embargo, seguimos arrastrando problemas de hace décadas y lo peor es que se incrementan. Ejemplo es la pobreza. Pero los políticos no han cumplido. Han abusado de sus puestos, se han servido con la cuchara grande y olvidaron al pueblo.
El aumento de la corrupción y el enriquecimiento de los gobernantes y políticos en general muestran el olvido de la política de servicio y la falta de respeto a los ciudadanos. Hablan y hablan de cumplir, de ser honrados, de combatir la corrupción y de hacer avanzar a la sociedad, ¿por qué después todo queda en el olvido?
Hay una gran cantidad de gobernadores en juicio y otros prófugos por abusos y enriquecimiento personal. Hay alcaldes que no rinden bien las cuentas, con desvíos, nepotismo y abusos diversos, pero no hay castigos. Se buscan recovecos en las leyes y salen incólumes. Y la impunidad es la gran triunfadora.
Por eso los discursos de los candidatos ya no llegan a los ciudadanos. Son las mismas promesas, palabras y demagogia que se utilizan desde décadas. Ni ellos creen en tantas promesas y en sus discursos. Es el mismo sonsonete político que retumba en cada campaña en los oídos de la gente.
Pero llega la encrucijada. ¿Por quién votar si todos manejan la demagogia? ¿Por quién decidirse si todos cambian al llegar al poder? ¿A quién o quiénes escoger como autoridades ante tanta desconfianza y desilusiones? Aquí en la entidad hay ex alcaldes y ex alcaldesas, ex gobernadores y ex gobernadoras que hicieron de las suyas. Abusaron del poder dejado obras inconclusas después de recibir cantidades millonarias para terminarlas, que manejaron a capricho el erario público, que se enriquecieron en lo personal y a la parentela y, además, dejaron endeudado al estado. Lo paradójico es que como candidato hablaron de combatir la corrupción, ser honrados y servir al pueblo.
Estamos ante políticos que sufren una metamorfosis, que hablan de honradez al iniciar las campañas y luego no recuerdan nada ya en el poder. Les llega la amnesia. Olvidan compromisos, promesas y la palabrería de los discursos. Buscan el beneficio personal y el enriquecimiento rápido. Adquieren hectáreas de terrenos, mansiones, camionetas de lujo e incrementan las cuentas personales y familiares.
Por eso la gente está harta de la demagogia. Quiere menos blablablá y más acciones positivas. Que los candidatos cumplan lo que prometieron. Que cumplan el combate a la corrupción, la pobreza, el desempleo y sirvan a la comunidad. Sin embargo, los candidatos se empeñan en deteriorar cada día su imagen al no cumplir las promesas de campaña. Ya no más este tipo de metamorfosis. Queremos una metamorfosis de la honradez. Ya estamos cansados de tantas falsas promesas, palabrerías y mentiras.— Mérida, Yucatán.
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