Mayor estudio para los contadores

Fernando Ojeda Llanes (*)

La contabilidad financiera ha tenido avances técnicos importantes a efecto de que la información que contenga cumpla su principal objetivo de servir para la toma de decisiones; sin embargo, los esfuerzos realizados por las instituciones colegiadas que elaboran los boletines respectivos, en la mayoría de las veces, no son compensados con la comprensión de los usuarios.

Es cierto que la contabilidad no es una ciencia exacta como las matemáticas debido precisamente a eventos tanto exógenos como internos, así como a la intervención de la personalidad y razonamiento del contador que se expresa en los asientos contables; precisamente, debido a estas características, por mucho esfuerzo que se realice para tratar de llegar a términos razonables de exactitud, jamás se logrará.

Cuando han sucedido eventos económicos que no han sido expresados oportunamente en la información financiera, se realizan los estudios respectivos a efecto de que puedan ser revelados de alguna forma en los registros contables; todo esto ha dado nacimiento a las comisiones respectivas para el estudio de las normas de información financiera que han de aplicarse en los registros contables.

En escritos anteriores he platicado sobre el Boletín B-10, que es un documento que sirve a los contadores para reconocer los efectos de la inflación en la información financiera. Quiero en forma coloquial relatar mis experiencias con respecto a este boletín, ya que tuve la oportunidad de verlo nacer y de alguna manera formar parte de su investigación.

Fue precisamente durante el sexenio presidencial de 1976 a 1982 cuando la economía mexicana manejaba un tipo de cambio del dólar fijo de $12.50 y en forma brutal ascendió a $20.50, entrando en vigor lo que se denominó “flotación controlada”; en aquel entonces, las empresas que tenían adeudos en dólares casi duplicaron de la noche a la mañana ese adeudo expresado en pesos mexicanos, precisamente por la gran devaluación que sufrió nuestra moneda.

Los contadores públicos nos enfrentamos a una triste realidad, nuestras normas de información financiera no habían previsto de alguna forma cómo impactar en forma previa la devaluación de nuestra moneda, cuya causa principal fue el alza continua que tuvo la inflación. Con esto quiero decir que la idea de redactar el Boletín B-10 fue precisamente para tratar de tener elementos que puedan dar lugar a registrar previo a su probable cambio el precio del tipo de cambio del dólar americano, por tal motivo, nace para calcular su precio lo que entonces se denominó “paridad técnica de equilibrio”, que se fijó en $12.50 y al que se le sumaba la diferencia de inflación entre la de Estados Unidos y México. Precisamente porque la causa de aquella devaluación de nuestra moneda fue la inflación.

Fue, por tanto, en primer lugar el tema de la devaluación del peso mexicano lo que dio lugar al nacimiento del Boletín B-10 y debido a que fue precisamente la inflación la que detonó este cambio de valor del dólar, entonces también se analizaron los índices inflacionarios para diseñar la técnica de reevaluación o actualización de los llamados activos monetarios y no monetarios de los estados financieros, y llevarlos a su verdadero poder adquisitivo.

En el mes de junio de 1983 nace el boletín B-10; dos años después, en octubre de 1985 se incorporan algunas normas y lineamientos para mejorar su funcionamiento publicados en circulares números 25 y 26, recogidas por un documento llamado adecuaciones al Boletín B-10 que contenía disposiciones normativas que deberían observarse en el contexto del boletín citado.

Durante varios años la técnica de determinar el valor del tipo de cambio del dólar con la fórmula de la paridad técnica de equilibrio y las diferencias de inflación entre los Estados Unidos y México dio resultado y la información financiera al aplicar el B-10 tanto a las deudas en dólares como a los valores históricos de activos y pasivos impactando la inflación funcionó en forma adecuada, salvo que por lo complicado de su determinación, los usuarios no comprendían su interpretación.

Recuerdo que se hicieron más adecuaciones, los contadores tomamos muchos cursos y estudiamos de manera concienzuda la técnica de revaluación descrita en el B-10; sin embargo, los usuarios le dieron muy poca importancia y no lo aplicaban en sus empresas, salvo las dictaminadas en que era obligatoria su implementación.

Se ha derogado la aplicación del Boletín B-10 y parece que retrocedimos en este aspecto porque actualmente se tienen los mismos problemas que le dieron lugar a su nacimiento: alzas constantes en el tipo de cambio y problemas inflacionarios. Lo importante es que las comisiones institucionales respectivas siguen estudiando y viendo la forma de solucionar de nuevo estos aspectos. Esperemos que los usuarios sepan aprovechar —cuando salgan a luz— estos recursos tecnológicos; si no es así, ¿tiene algún caso? Me hago esta pregunta porque ¿de qué nos sirve determinada técnica cuando es el usuario de los estados financieros el que debe utilizarla y no lo hace? Luego entonces, mayor estudio para los contadores y menor utilización por los usuarios.— Mérida, Yucatán.

ferojeda@prodigy.net.mx

fernandoojeda.com

Contador público certificado. Maestro en Finanzas. Consultor de empresas

 

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