La violencia en la política
Mario Maldonado Espinosa (*)
Calma y orden en el proceso electoral principalmente el día de las votaciones solicitó la presidenta del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Yucatán (Iepac).
Este llamado debe ser bien asimilado no solo por los partidos políticos que están contendiendo, sino por todos los ciudadanos a fin de no generar o crear situaciones de violencia en Yucatán.
No debemos olvidar lo sucedido en 2015 en la jornada electoral en el municipio de Temax, cuando hubo dos fallecidos, heridos, motociclistas y camionetas incendiadas, todo debido a enfrentamientos entre simpatizantes de diferentes partidos políticos.
En todo el país han sido casi una centena de políticos y candidatos asesinados, pero también han habido agresiones directas: amenazas e intimidaciones no se quedan atrás. No en vano análisis serios señalan que en el año 2018 México vive las elecciones más violentas de la historia.
Afortunadamente, los yucatecos tenemos la cultura todavía de ser pacíficos y esperemos que esta forma de ser se manifieste en estos menos de treinta días que quedan de campaña electoral.
Si bien es cierto que en los medios electrónicos y plataformas digitales se ha lanzado una “guerra” de acusaciones y señalamientos contra tal o cual candidato, en donde nadie se salva, hasta ahora no ha pasado a más.
Cada quien tiene el derecho a optar por un partido político o candidato, pero esto no quiere decir o no significa que debe uno llegar a enfrentamientos físicos o verbales, enfrentamientos que pueden desencadenar incluso delitos. Disentir es uno de los derechos que tiene toda persona en un país democrático; en otras palabras, el derecho a pensar o decir lo que uno quiera, a no estar de acuerdo con tal propuesta o proyecto, a disentir es uno de los derechos fundamentales de la democracia.
Por eso es importante tener en cuenta ese llamado a la civilidad para comportarse como auténticos ciudadanos que respetan las leyes y cumplen la obligación de mantener armonía en la sociedad. La cortesía, amabilidad, cordialidad, buena educación, respeto y otras más es lo que debe prevalecer en lo que queda de este proceso electoral.
No debemos olvidar que la violencia genera más violencia, por el bien de nuestra sociedad y familias, dejemos a un lado los apasionamientos, es necesario anteponer el respeto a los demás. Dentro de esta violencia está la violencia física y la violencia verbal. La primera, implica el uso de la fuerza para dañar al otro, con todo tipo de acciones físicas. Por su parte, la violencia verbal implica la manifestación de cualquier discurso que fomente el rechazo y la exclusión de la vida política, e incluso la eliminación física de quienes no comulguen con las ideas de otro.
Ni la guerra sucia, ni las campañas negras ni los mensajes anónimos traen algo bueno, por el contrario, lo único que consigue es una profunda división y posturas irreconciliables.
Vivimos en un estado de instituciones. Las elecciones son organizadas por instancias que garantizan que el voto sea respetado, elecciones en las que participan los ciudadanos en cada una de las casillas electorales.
Existen leyes electorales e instancias que defienden el voto.
Hay castigo para quienes violenten con su conducta el proceso electoral. Entonces ¿qué necesidad hay de poner en riesgo la integridad propia y la de los demás?
Vamos a llevar la fiesta electoral en paz con tolerancia y civilidad, sin agresiones y violencia, pero ante todo con sumo respeto. Que las autoridades cumplan el deber de dar seguridad a todos, pero que los ciudadanos cumplamos también nuestra obligación. Sigamos siendo el estado calmado, ordenado y pacífico. Vamos a demostrarle al resto del país que somos capaces de transitar en las elecciones con absoluta civilidad.— Mérida, Yucatán.
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@mariomaldonadoe
Asesor Jurídico
