He perdido la fe
María Isabel Cáceres de Urzaiz (*)
“No me preguntes a qué hora sucedió. Imagino que fue algo paulatino. Sí, perdí la fe, pero aún conservo la esperanza”. Ésas fueron sus primeras frases cuando nos encontramos, después de más de 40 años de no vernos.
Trotamundos. Activista apasionada y comprometida. En nuestra juventud trabajamos con entusiasmo y entrega por Víctor Manuel Correa Racho y por Ana Rosa Payán, sin jamás afiliarnos al blanquiazul.
“No he perdido la fe en Dios sino en el sistema, en los gobiernos, en los funcionarios públicos. Me informo, presto atención a sus declaraciones. Analizo propuestas (escasísimas por cierto). Mi desconfianza crece cada día. Nos han defraudado. Panistas, perredistas, priistas, verdes ecologistas y toda la miríada de partiditos que siguen saliendo día a día sangrando el escaso presupuesto de las familias mexicanas.
“¿Tendremos alguna vez la alegría de ser un país exclusivamente bipartidista? ¿De acabar con la plaga de los tránsfugas de la política que brincan de un partido a otro con singular alegría y desparpajo?”.
Me maravillo como siempre de su memoria. Sabe de las debilidades, defectos y algunos aciertos de cada candidato de Yucatán y México.
Tiene conocimiento profundo de los contubernios del poder, las agendas encubiertas.
“Sí, he perdido la fe en el sistema político mexicano. Pero jamás en nuestro pueblo fuerte, trabajador, decidido, valiente. No solo sostienen mi fe y mi esperanza, sino que la aumentan. La madurez democrática de los jóvenes, llegará, lenta pero segura. Tenemos muy cerca las elecciones. Esta gran ola juvenil expresará su voz y su derecho a decidir quién los gobierna. Sabremos lo que opinan de las decisiones tomadas por sus mayores en tiempos pasados”.
Me pregunto: ¿Qué nos depara el futuro cercano a los mexicanos? Faltan pocos días para saberlo. Yo también tengo absoluta fe y esperanza insumergibles en que nuestro país siempre saldrá adelante.
México es demasiado grande, noble y valiente. Los mexicanos, de todos los estados, de todas las partes del país, son personas de buena ley, de buena calidad, de buena pasta.
La sociedad civil es cada vez más consciente de las necesidades del México bronco y del civilizado, del abandonado y explotado, del México artista, paciente y doliente en cuanto país. La democracia en México aún se encuentra en estado precario.
Hemos tomado conciencia suficiente de la importancia de la política y el buen gobierno como “para dejar éste, en exclusiva, en manos de los políticos y las autoridades electorales”, afirma John Ackerman.
Críticos y comprometidos, éste es el nuevo “leitmotiv” que está empujando a la sociedad mexicana de todos los estratos a pensar, escoger y decidir por sí mismos. Hay un civismo adulto y libre. Todos experimentamos en el pasado las consecuencias y el peso de nuestras decisiones. Pronto sabremos los resultados.— Mérida, Yucatán.
maica482003@yahoo.com.mx
Abogada y escritora
