feminicida de tahdziu

 

¡Votemos!

Agustín Llamas Mendoza (*)

Para cualquiera es muy fácil ser catastrofista o dibujar escenarios donde todo está bien. La objetividad exige esfuerzos de ponderación, prudencia y racionalidad para no caer ni en lo uno ni en lo otro. El título de este texto raya en lo primero y por tal motivo merece explicación.

El analista estadounidense Kristof sostiene que la gran paradoja de las democracias de nuestro tiempo es que sus principales enemigos, los autoritarios y los populistas, hoy entran a ella, se cuelan por las urnas amenazando a la misma democracia.

Así es, cuando revisamos algunos casos como los latinoamericanos, esas democracias en vías de consolidación, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil y/o Nicaragua, quienes las gobiernan o han gobernado recientemente son grupos políticos que han capitalizado en las urnas el descontento que no han podido paliar gobiernos anteriores. Descontento social acumulado por los excesos de corrupción en que cayeron los actores que operaron el modelo de libre mercado y democrático y porque esas democracias no alcanzaron a rendir los resultados económicos prometidos para todos.

Habría que recordar que no hace muchos años los grupos políticos antisistema llegaban o pretendían llegar al poder por la vía de las armas o de los golpes de Estado. Hoy el populismo autoritario se cuela por la vía electoral, toma el poder e intenta eliminar cualquier vestigio institucional de ese sistema de libertades que se pretendía consolidar en función de la construcción de sólidas instituciones.

Cuestionamiento

En pocos días México se planteará una pregunta que definirá seguramente su futuro en el mediano y largo plazos. Un cuestionamiento profundo donde lo que se plantea es optar por seguir perfeccionando su sistema de instituciones y de libertades o echar a la basura esos avances, ese gran esfuerzo que por lo menos lleva treinta años intentando consolidarse. Esa es la gran pregunta que los mexicanos que votan por México intentarán responder el 1 de julio próximo.

La amenaza nítidamente se vislumbra en el horizonte y por lo menos son cinco la características de aquel individuo jefe de una agrupación llamada Morena, que ha manifestado reiteradamente que aborrece las instituciones porque sostiene que ninguna sirve y que lo único que “sirve” es él: 1) El líder muestra solo un débil compromiso con las reglas democráticas; 2) Niega la legitimidad de los oponentes; 3) Tolera la violencia; 4) Muestra cierta voluntad de controlar las libertades civiles o los medios, y 5) El líder práctica la demagogia.

Objetivo

Dice Lasalle que el objetivo final del populismo es conquistar y preservar el poder al precio institucional que sea; a costa de cualquier institución. Para lograr eso el populismo propone una fórmula de sociedad cerrada que se sustenta en el resentimiento y el miedo, y que parte de una reconfiguración corrompida del concepto de pueblo… El populismo apela al pueblo no como sujeto, sino como víctima. Es el depositario de un derecho a la venganza, el que reclaman los humillados y ofendidos por un sistema que ha hecho de la democracia un bodrio de sí misma.

El contrapeso natural de cualquier sistema democrático es el voto universal, y si éste no se ejerce pues simplemente el sistema de derechos y responsabilidades, que es la democracia misma, no funciona. Ante la amenaza que representa para nuestro país la llegada al poder de aquellos que no creen y no respetan las instituciones, la sociedad deberá responder masivamente saliendo a votar para impedir que aquellos que son los enemigos de las libertades, de las instituciones y de una sociedad abierta accedan paradójicamente al poder democrático. Poder que eventualmente dejará de serlo, obviamente.

Por ello y sin exagerar, para mi generación podría ser la última oportunidad para ejercer el sufragio.— Ciudad de México.

Director del Centro de Investigación en Empresa y Sociedad del Ipade

 

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