Cosas que pasan

Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)

A fines de los años 60 y durante los 70 en Yucatán había tres poderes: el Banrural, que el ingenio yucateco llamaba bandidal; Cordemex, que ejercía el control de todos los campesinos henequeneros y poco a poco a los miembros de los ejidos ganaderos, y el gobernador, quien despachaba en el Palacio de la calle 61. Entre los tres obtuvieron un capital político en favor del PRI que se volvió invencible. Actuaban como una aplanadora política y no había enemigo que resistiera el embate de las votaciones que siempre eran en favor del tricolor y siempre con “carro completo”.

La hegemonía priista era imposible de vencer gracias a todo el dinero que manejaban las instituciones descentralizadas ya mencionadas y el gobierno del Estado.

No había escape. Si el problema del campesino no era resuelto por Banrural o Cordemex, pues intervenía el gobernador en turno y sanseacabó. Y los problemas siempre eran económicos sin un destino claro o un beneficio bien definido en bien de alguna comunidad rural. El capital político del PRI era invencible. En todos los ejidos henequeneros había un sujeto al que se le daba el título de “socio delegado”, que era el que recibía el dinero para repartir entre los miembros del ejido correspondiente. La mayoría de los inspectores del Banrural estaban coludidos con los “socios delegados” y hacían como que supervisaban el buen uso del dinero a cambio de que les tocara algo.

Esta pequeña y somera remembranza viene como anillo al dedo a propósito del nombramiento de Joaquín Díaz Mena como representante del Gobierno Federal en Yucatán. Le han llamado, como a todos los que ya fueron nombrados en todos los estados de la República, los “superdelegados”, en referencia a la anunciada desaparición de los delegados de las dependencias federales que funcionan en las entidades federativas. Aquí hay que aclarar que Huacho demostró oficio político durante los 17 años que militó en el PAN.

Cuando fue candidato a gobernador postulado por el PAN contendiendo contra Rolando Zapata Bello, abanderado priista en esa justa electoral, obtuvo una muy significativa cantidad de sufragios que lo mostraron como un político capaz de desarrollar una campaña de convencimiento en zonas donde se consideraba que no lo conocían. Díaz Mena trabajó duro durante esa campaña en la que recibió todo el apoyo panista que requería para sus intenciones de triunfo.

Yo creo que todo cambio ofrece resistencia y pienso que el nombramiento de Díaz Mena no es la excepción. Mucho se menciona que ese nombramiento puede causar daño al Estado por el serio distanciamiento que existe entre el llamado “superdelegado” y el gobernador electo de Yucatán, el panista Mauricio Vila. Cuando los dos militaban en el mismo partido sus relaciones eran buenas. Pero las cosas de la grilla los separaron y ahora se presenta una situación que se antoja difícil y posiblemente dañina para Yucatán.

En cuanto a los delegados federales actuales, no se puede negar que hay algunos honestos, con trabajo que ayuda al desarrollo del Estado en cuanto a su competencia y muy trabajadores, aunque también los hay que saben cómo dar la impresión de que trabajan, que le dan tarascadas al presupuesto que manejan de forma inmisericorde y que se pasan días sin asistir a la delegación bajo su responsabilidad porque les interesa más la grilla que la finalidad de la delegación que representan. Donde hay campana hay de todo, reza atinado refrán.

Nada de lo anterior significa que Huacho haría un trabajo impecable. Porque no se sabe aún cuáles serían sus funciones, ni cómo se dividirán las delegaciones ni tampoco sabemos a ciencia cierta si alguna desaparecería. Hay especulaciones, rumores, comentarios pero nada en firme. El asunto parece más político que administrativo.

El virtual presidente electo de la República, Lic. Andrés Manuel López Obrador, hizo campaña durante muchos años y tuvo a su favor que casi nadie creía que podía lograr la Presidencia. Eso le dio oportunidad de hacer proyectos y planear condiciones para lograr la victoria en la elección del pasado 1 de julio. Pienso que su proyecto no es de seis años. Los acontecimientos me llevan a pensar que Huacho está en Yucatán para consolidar el capital político que por muchas razones presumió Morena pero que no fue solamente por simpatía hacia él o hacia su partido, porque Morena le pertenece. Ya se habló del hartazgo de millones de mexicanos, del papel que como Presidente hizo Enrique Peña Nieto, del cambio que tanto prometió López Obrador.

Se reunió con casi todos los gobernadores del país y, excepto Silvano Aureoles, de Michoacán, que pálidamente intentó rebatir el tema de los “superdelegados”, todos aceptaron tácitamente el proyecto. Huacho vino con un nombramiento pero con una función diferente: consolidar y aumentar el capital político de Morena, que es la misma encomienda que recibieron todos los representantes del Gobierno Federal en los 32 estados de la Nación. López Obrador no está dispuesto a que Morena gobierne nada más seis años. Su proyecto es de muchos períodos sexenales, hasta que a Morena le pase lo que al PRI. Desde luego que él gobernará seis años… pero se preparará a otros para otros sexenios. Al tiempo.— Tizimín, Yucatán.

manuelantonio1109@hotmail.com

Cronista y exalcalde de Tizimín

 

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