Editorial

Reflexiones

Francisco Gerardo Barroso Tanoira (*)

Imagine que usted tiene en la mano un billete de cien pesos, al igual que otro amigo que se encuentre enfrente de usted, y que intercambian sus respectivos billetes. Cada quien comenzó con cien pesos. ¿Con cuánto se queda cada uno al final de este ejercicio? ¡Pues igualmente con cien pesos! Ahora, suponga que usted tiene una idea y que su amigo tiene otra. Al intercambiarlas, al final del ejercicio usted tendrá dos, al igual que su amigo. Entonces, es más inteligente invertir en la generación de ideas y conocimiento que meramente en bienes materiales. Es cierto que probablemente necesite dinero para mejorar sus instalaciones, pero si decide sacrificar la capacitación de su personal para hacer nuevos baños, para comprar una máquina o para irse de viaje pues podrían venir problemas en el futuro.

El conocimiento es pilar de la innovación, además de que constituye el único recurso ilimitado de cualquier organización. Quien lo utiliza no priva a otro de hacerlo, además de que se ha convertido en un recurso más valioso que el dinero. Sin embargo, su transferencia se ha dado en forma desigual, por lo que es necesario que la economía y la sociedad se basen en el conocimiento teniendo la dignidad humana como centro. Las economías que lideran los mercados en la actualidad no son las que se basan en modelos primarios de exportación, en las que prevalece la comercialización de recursos o materias primas transformadas sino aquellas en que el conocimiento ha desplazado al resto de los factores productivos como el capital financiero y la mano de obra no calificada, considerados como los creadores de riqueza. Entonces, el conocimiento nocimiento lleva a más riqueza y a mejor distribución de ésta.

La sociedad necesita instituciones que sean generadoras de conocimiento para detonar el desarrollolocal, nacional y mundial. Es un llamado a las universidades para convertirse en auténticos lugares en que las oportunidades y el talento se encuentren y rindan fruto. Desde la década de los 1990, los países desarrollados han motivado a las universidades y centros de investigación a adentrarse con más fuerza y profundidad hacia temas de interés nacional a través de incentivos que lleven a incrementar el compromiso con la enseñanza, pero también con el desarrollo de la investigación y la relación con la sociedad. Cabe mencionar que en este artículo, “universidad” se refiere a todas las instituciones de educación superior.

Tradicionalmente se ha considerado que las universidades se enfocan en tres actividades principales, considerados por algunos autores como ejes clave de acción: docencia(impartición de clases mediante un modelo de enseñanza-aprendizaje); investigación (generación de conocimiento, ya sea en forma teórica o práctica) y extensión (vinculación con la comunidad, transferencia del conocimiento). Sin embargo, para realizar esas acciones deben asumir cuatro misiones. Las primeras dos son docencia e investigación, con lo que se cumplen los respectivos ejes. Entonces, aparece su tercera misión, que es asumir su rol como universidad emprendedora, concepto que abarca la comercialización y coinversión en el conocimiento incorporado en mercancías a través de patentes, licencias, start-ups (empresas de nueva creación) propiedad de los estudiantes o en procesos basados en la capacitación del personal docente y el fomento de creación de empleos para estudiantes, formando clústeres universitarios. Aquí se promueve una relación más estrecha entre la academia, la iniciativa privada y el gobierno, conocida como la Triple Hélice de Etzkowitz y Leydesdorff. La universidad tiene la oportunidad de fortalecer su relación con la industria a través de nuevas plataformas tecnológicas, la ciencia computacional, la biología molecular y la ciencia de los materiales. Se trata de incorporar la investigación científica a la vida cotidiana para lograr el desarrollo de la sociedad, no de aislarse en entornos académicos que de poco sirven para mejorar la calidad de vida y crear valor.

Pero la universidad no puede quedarse en la tercera misión. La cuarta misión es realizar las otras tres en un marco de iguales oportunidades para que la contribución a la ciencia sea global. Es abrir un espacio propicio para que la diplomacia y la universidad fomenten acciones colectivas en que todos los interesados puedan contribuir e intercambiar ideas. La universidad es de todos, por lo que asumiendo la cuarta misión será posible la formación de la persona potenciando su capital humano. Todo esto debe asentarse en los cuatro pilares establecidos por el Banco Mundialpara la creación de una economía del conocimiento: (1) la base educativa de formación y capacitación nacional; (2) infraestructura de acceso a la información y telecomunicaciones; (3) el sistema de innovación, y (4) marcos institucionales de gobierno y negocios. El marco de acción son los diecisiete objetivos de desarrollo sustentable (ODS) instituidos por las Naciones Unidas.

De muy poco sirven las acreditaciones y certificaciones universitarias si no se asumen las cuatro misiones, pues una acreditación no es garantía de futuro… solo avala logros pasados y presentes. Por otra parte, no hay que pedir al gobierno lo que a uno le corresponde hacer. En una época difícil en que se cierran los presupuestos o disminuye la inversión las universidades deben reducir su dependencia de los subsidios (según sus posibilidades y naturaleza), enfocándose en generar sus propios ingresos sin perder su visión social ni ambiental. Ya no pueden centrarse en enseñar e investigar si no se traducen esas acciones en emprendimiento, vinculación y auténtico desarrollo humano. Asumiendo sus cuatro misiones estarán en condiciones para formar mejor a sus educandos , generar más valor para la sociedad y ser atractivas y competitivas a nivel nacional e internacional. ¿Le parece?— Mérida, Yucatán

Profesor e investigador de la División de Negocios de la Universidad Anáhuac Mayab

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