Ver, oír y contar
Se refugiaron en los bajos de palacio. El sol había dejado el cenit dos horas atrás y estaba en el momento del día en que se abatía con más ferocidad. Y vaya que lo hacía, aun en febrero. Eran febreros cálidos aquellos, muy lejanos al actual cuando la “heladez” nos latiguea en las madrugadas y en las mañanas.
Bañada en sudor, le rogó a su mestizo tomar un descanso para secarse la frente y reponer fuerzas. Aún faltaba una calle para llegar al edificio de la Lonja Mercantil donde fueron citados sin informarles los motivos. Les exigieron llevar lo necesario para preparar relleno negro para veinte personas. La pareja iba avituallada de chiles secos, huevos duros, ajos, cebollas, tomate rojo y carne de pavo. El siglo comenzó con la moda de sustituir la carne de cerdo o gallina con la de pavo, un ave de patio presente en casi todas las casas. La prueba fue aceptada con inmediatez y el relleno negro tuvo un resurgimiento, luego de estar prácticamente en el olvido a pesar de ser un delicioso platillo con orígenes previos a la conquista.
Llevaban también la piedra de moler y un par de recipientes. No faltaba el maíz en grano y el pibinal, por si se ofrecía.
Desde su refugio vieron que, a la altura de la casa de don Augusto Peón, dos mujeres avanzaban cargando pesados sabucanes, también con dirección al edificio de la Lonja. “Co’ox”, apremió él, al ver que podrían perder la venta a manos de esas dos mestizas. Avanzaron. Varias mestizas cruzaban la plaza grande y otras caminaban con sus mestizos junto a la casa de Montejo, pasando debajo de un enorme arco, todas en romería al edificio de la Lonja, en la esquina de El Conde.
La pareja apretó el paso. Cargando los pesados sabucanes y bajo el rayo del sol, llegaron al lugar. Una larga fila de mestizas y mestizos, más ellas que ellos, aguardaban frente a la puerta principal. Se formaron. Al cabo de un rato, cuando el sol había acabado con los ánimos de todos, aunque por fortuna empezaba a menguar detrás de los altos muros de las casas, un sujeto impecablemente vestido de blanco abrió las puertas e hizo pasar una a una a las mestizas, solo a ellas, tras cerciorarse que llevaran los aditamentos que les habían requerido. Todas procedían del interior del estado, desde donde habían sido traídas en carros tirados por caballos. Venían lo mismo de Tizimín que de Maxcanú, Valladolid, Buctzotz, Ticul y Oxkutzcab. El contingente más lejano procedía de Tixcacalcupul, colindante con la espesa selva maya donde hacía pocos años había sido sofocada la rebelión llamada Guerra de Castas.
Tan intenso movimiento obedecía a un suceso sin precedente: esa noche se ofrecería una recepción por todo lo alto y con la mayor pompa a la dama del momento en México, doña Carmen Romero Rubio, quien visitaba Yucatán como parte de la amplia comitiva que acompañaba a su esposo, don Porfirio Díaz Mori, en su histórica, única visita al Estado, en febrero de 1906.
La recepción en honor de la señora Romero Rubio de Díaz se celebró, como hoy, el 6 de febrero. Las crónicas de la época describen que los vestidos que tan distinguidamente portaban las damas aquella noche obedecían a la más refinada moda de París, de tanta influencia en el porfiriato. Doña Carmen lucía blanco vestido de punto, collar de perlas y diadema, ambos con incrustaciones de brillantes y esmeraldas. Un par de cientos de parejas asistieron a la recepción, a la que don Porfirio distinguió con su honrosa presencia hasta la una de la madrugada, cuando se retiró a descansar. Al día siguiente se trasladaría a primera hora a la hacienda Chunchukmil, del Sr. Rafael Peón, donde se serviría el desayuno.
Las viandas para la recepción en La Lonja habían quedado al punto desde las primeras horas de la noche. El relleno negro humeaba junto con el escabeche oriental y otras delicias de la región, que apenas fueron probadas por los asistentes cuando se sirvieron en extensísimas mesas iluminadas, como todo el salón, por colosales arañas incrustadas de velas de sebo que pendían de los rosetones del techo. Las cocineras fueron despedidas del lugar, con excepción de dos decenas, que quedaron por si se necesitaban. Al salir del edificio todas se trasladaron en romería en busca de sus mestizos a la cantina de enfrente, donde con bebidas espirituosas hicieron más llevadera la larga espera.
Mérida se vistió de gala para ese suceso que ocurrió hace 115 años. Había llegado el día esperado por más de tres años. La visita de don Porfirio, a invitación del gobernador Olegario Molina Solís, se esperaba para 1903 y por diversas circunstancias se fue aplazando hasta ese febrero de 1906. La actividad principal fue la inauguración del hospital Agustín O’Horán, el asilo Ayala y la penitenciaria Juárez. La extensa comitiva salió de Ciudad de México el 3 de febrero a las 7 a.m. rumbo a Veracruz, donde fueron recibidos por el gobernador Teodoro Dehesa, y embarcaron en el vapor Fürst Bismark, que el gobierno alemán puso al servicio de don Porfirio.
La visita a Yucatán fue del 4 al 9, donde don Porfirio fue recibido con profusión de arcos a lo largo de su recorrido por el incipiente Paseo de Montejo, el Centro y los lugares que inauguraría. Eran arcos que representaban a cuerpos de autoridades públicas, comerciales y colonias de ascendencia extranjera en Mérida.
Mientras muchas crónicas de la época se esmeraron en describir el mundo feliz al que llegó de visita don Porfirio, en el seno de Yucatán y del país se fraguaba la inconformidad social, que tendría su manifestación más sonada ese mismo año con la huelga de Cananea y conflictos en empresas textiles hasta llegar al gran estallido en la textilera de Río Blanco. El país estaba enfervorizado.
En Yucatán la visita se tomó, entre las voces más críticas, como un espaldarazo de don Porfirio a los hacendados, quienes, a cuatro años del fin de la Guerra de Castas, no se habían sacudido la fama de esclavistas. Sí, don Porfirio venía a apoyarlos, pero también venía en busca de su contribución por los conflictos que comenzaban a presentarse en el resto del país. En Yucatán, ya se sabe, la paz social no duró mucho y un par de años después se fraguaron las condiciones para que estallara en Valladolid el conflicto que Carlos R. Menéndez González bautizó como “La primera chispa de la Revolución Mexicana”. Lo demás es historia.
El México plasmado en las crónicas, las fiestas de postín, el desarrollo industrial que don Porfirio dio a México y don Olegario a Yucatán palidecieron ante la inconformidad social por la falta de representación.
Por fuerte que sea el desarrollo industrial y económico, si no hay bases sociales y democráticas sólidas, el castillo se puede venir abajo. El 1 de enero de 1994 fue otro momento que lo ejemplifica: el mismo día que México entró al TLC encumbrando la política económica del salinismo, estalló un conflicto social en Chiapas que echó por tierra la campaña del México moderno y primermundista, a causa de la misma razón: falta de representatividad de las clases sociales más desfavorecidas.
La ley electoral actual busca hacer una aportación al establecer representación indígena en 28 distritos del país, con obligatoriedad en al menos 21. Los hechos han exhibido hasta el momento que la falta de representación indígena —condición que en México es prácticamente equivalente a población más desfavorecida—, tristemente continuará.
¿Cómo entonces dar más representación a todos los grupos humanos para evitar conflictos del pasado? ¿Cómo estamos en nuestro papel de ciudadanos? ¿Cuán sólidas son las instituciones de la vida democrática? ¿Qué entendemos por democracia?
Analicemos el nivel de desarrollo democrático en el país y en nuestras entidades para conocer los pilares que lo sostienen y ver en qué condiciones están para fortalecerlos desde nuestras trincheras. Estamos ante una excelente oportunidad de echar un vistazo al tema, con la presentación, pasado mañana lunes a las 7 pm, del capítulo Yucatán del Índice de Desarrollo Democrático que a nivel país se presentó el martes pasado. Para participar en esta presentación puede entrar en https://bit.ly/3awxrV2.— Mérida, Yucatán.
olegario.moguel@megamedia.com.mx
@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
