Foto: Megamedia

El Macay en la cultura

María Teresa Mézquita Méndez

Quienes no rebasen la treintena probablemente colocarán este espacio entre los recuerdos de lo que “siempre ha estado así”. Es decir, no conservan memorias de los tiempos anteriores al año 2001 cuando entre la Catedral y el edificio del Museo Macay el Pasaje de la Revolución funcionaba como estacionamiento, paradero de taxis o, en el mejor de los casos, simple vialidad conectora, semipeatonal, invadida también de vendedores ambulantes de hot dogs y antojitos, ruidosa y contaminada. Todo lo contrario a un tránsito medianamente apacible y llevadero.

La historia, digamos “antigua” ya se ha registrado palabras más, palabras menos y ahí está: en reversa en el calendario miramos décadas de tránsito de vehículos, años de un pasaje techado de vidrio, un tiempo de demolición y hace más de dos siglos por lo menos tres centurias de un jardín y dos capillas que ya solo permanecen en la memoria escrita.

Sin embargo, hoy nos ocupa el proceso de transformación del pasaje de la Revolución en un espacio para el arte, dado que en este 2021 se cumplen, respectivamente, dos décadas de la reconstrucción de los dos arcos y la apertura del pasaje escultórico, y una de la colocación del techo transparente, realizada en 2011.

Según publica el archivo municipal de Mérida en su página web, en 1948 el Cabildo aprobó que el pasaje llevara el nombre de Calle de la Revolución General Salvador Alvarado. Posteriormente, y después de la demolición de los arcos y de ser vía de tránsito de vehículos, “… el Pasaje de la Revolución se utilizó como paradero de camiones urbanos desde 1959. En 1977 se clausuró el paradero, se pusieron arriates con arbustos y bancos y se trasladó allí el sitio de taxis de la Plaza Grande, junto con el de las combis que entran por la calle 58”.

En 1995, un año después de la apertura del Macay, se realizaron trabajos de mejoramiento del pasaje de La Revolución. Allí se colocó un escudo de Yucatán realizado con piezas de metal reutilizadas, elaborado por el artista Adolfo Cuéllar por encargo del gobierno del Estado. Finalmente, el escudo fue removido y reubicado (actualmente se encuentra en el Parque de la Paz), pero los trabajos de remozamiento del pasaje fueron concluidos.

Las obras de rescate para convertir el espacio en pasaje escultórico comenzaron el 9 de febrero de 2001 con la reconstrucción de los arcos de acceso a ambos lados del sitio, en las calles 58 y 60. La obra estuvo a cargo del Ayuntamiento de Mérida. Desde entonces igualmente ya se comenzó a hablar de la posibilidad de colocar un domo de metal y policarbonato.

Después de algunos retrasos, el primer arco, el más próximo a la calle 60, fue concluido en mayo de ese año e inaugurado por el entonces alcalde Xavier Abreu Sierra. En aquella ocasión el Ayuntamiento informó que la cimentación fue hecha a base de losa y dados de concreto armado sobre vestigios de cimientos que ya existían, según indicadores del INAH. La estructura se compuso de columnas, trabes y cadenas, castillos y losas de concreto armado y elementos prefabricados. Los acabados incluyeron el pulido final, con elementos ornamentales.

Finalmente, el 27 de junio del mismo año el espacio se abrió al público con la presentación de las esculturas del maestro Pedro Cervantes: nueve piezas de bronce de grandes dimensiones. A partir de entonces, la serie de exposiciones en el pasaje continuaría ininterrumpidamente hasta la fecha. En esa primera década de vida el pasaje recibió, entre otros autores, la obra de Sebastián, Juan Soriano, Yvonne Domenge, Jorge Yázpik, Francisco Zúñiga, María Lagunes, Federico Silva, Malcolm Coelho, Rosario Guillermo y José Luis Cuevas, además de varias muestras colectivas, entre ellas las del programa “Hermandades escultóricas”. En nuestra próxima entrega hablaremos de la segunda parte de las obras: la colocación del domo transparente de policarbonato y la obra presentada de entonces a la fecha.

Más información en https://macay.org/p/5/pasaje-revolucion.

 

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