Difícil, complejo, riesgoso
FREDDY ESPADAS SOSA ( *)
Después de año y medio de resentir el azote inmisericorde de la pandemia provocada por el Covid 19, el pasado 30 de agosto se dio un paso trascendental en el complejo proceso de reactivación de nuestra vida económica, social, afectiva, recreativa y cultural: comenzó por fin el retorno a la presencialidad educativa.
Como se sabe, el regreso a las aulas en los niveles de la educación básica y de la educación media superior fue convenido por el Ejecutivo federal y la mayoría de los gobiernos estatales, con la singularidad de que se trata de un retorno gradual, escalonado, seguro y, sobre todo, voluntario.
Lo voluntario es un aspecto sobre el cual el Presidente de la República ya había insistido en varias ocasiones: los padres y las madres que no deseen mandar a sus hijos a las escuelas contarán con la garantía de que se seguirá atendiendo a los niños en la modalidad a distancia, utilizando los recursos tecnológicos de que se dispone.
Es decir, si bien existe la firme determinación oficial del retorno a las clases presenciales, se entiende de suyo que el uso desaprensivo de la compulsión lo único que podía provocar era un rechazo social generalizado a esta medida estratégica, en razón de que aún persisten rasgos preocupantes en el comportamiento de la pandemia.
En Yucatán, el retorno gradual a la presencialidad educativa involucra a 433 mil alumnos y alumnas del nivel básico distribuidos en 3,463 escuelas, quienes son atendidos por 23,100 docentes, todos ellos correspondientes a los sectores público y privado.
En el caso del nivel medio superior, el universo comprende 95,237 alumnos y alumnas, quienes son atendidos por 6,718 docentes en 454 establecimientos escolares, todos ellos pertenecientes a los ámbitos público y privado.
En nuestra entidad, el regreso a clases presenciales el lunes pasado contó con la presencia del subsecretario de Educación Media Superior, Juan Pablo Arroyo, quien realizó visitas a varios planteles educativos junto con el gobernador Mauricio Vila Dosal y el titular de la Segey, Liborio Vidal Aguilar, e incluso hubo un enlace en vivo con la conferencia mañanera del Presidente.
En dicho enlace televisivo, el Ejecutivo estatal refirió que la inmensa mayoría de los y las docentes de Yucatán ya estaban vacunados. Señaló asimismo que para poder atender las posibles necesidades sicológicas o emocionales de los alumnos, se habían firmado convenios con las universidades del estado, las cuales van a ayudar a hacer un diagnóstico emocional en los alumnos y posteriormente atender en conjunto las diferentes necesidades que se detecten.
Pero ocurre que no todo es miel sobre hojuelas en este regreso a clases presenciales, un proceso que de suyo es difícil, complejo y riesgoso por el contexto mismo de la pandemia, fenómeno que aún sigue causando graves estragos en la salud física, mental y emocional de amplios sectores de la sociedad. Como es natural, la persistencia de elevadas cifras de contagios, hospitalizaciones y defunciones continúa generando angustias, temores e incertidumbres entre los actores involucrados en el quehacer educativo.
Por lo anterior, es explicable que existan y se manifiesten muchas resistencias de padres y madres de familia, muchos de los cuales han declinado enviar a sus hijos e hijas a las escuelas, aun cuando el esquema de retorno está regulado en cuanto al aforo por aulas y en los días y horarios en que se realizarán las clases presenciales.
En el gremio magisterial también han surgido protestas sobre la presencialidad de las clases, pues no pocos docentes aducen que persisten los riesgos de contagio y que no existen las condiciones materiales en las escuelas para garantizar un retorno lo más seguro posible.
Efectivamente, debe señalarse que el aislamiento social de año y medio al que obligó la pandemia implicó el práctico abandono de las escuelas del nivel básico, quedando en lamentables condiciones en cuanto a su infraestructura y al funcionamiento de sus servicios elementales. Lamentablemente, muchas sufrieron robos y saqueos al carecer de la debida vigilancia.
En esta tesitura de análisis, y estando de acuerdo en la estrategia general de retorno gradual y voluntario a la presencialidad educativa, creemos que las autoridades estatales deben escuchar con mucha atención las razones y propuestas que exponen quienes cuestionan este retorno en las condiciones actuales.
En primer lugar, deben realizarse con apremio las reparaciones completas de los centros escolares, así como garantizar el restablecimiento de sus servicios fundamentales, incluyendo internet y la dotación de computadoras de punta a todas las escuelas y, por qué no, a todos los maestros, ya que lo que se va a establecer es un modelo docente híbrido en el que se combinará una cuota de presencialidad con otros espacios de interacción socio-pedagógica en la modalidad virtual.
Igualmente, es indispensable la dotación suficiente de cubrebocas, jabón, gel antibacterial y equipos sanitizantes. En estos aspectos no cabe decir que no hay recursos ni puede aplicarse la llamada “austeridad franciscana” del obradorismo, ya que seguramente se ahorró mucho durante los 18 meses en que estuvieron abandonadas casi todas las escuelas.
En conclusión, el regreso a la presencialidad educativa es una prueba muy importante que debemos pasar como sociedad en razón de que, como se ha reiterado en múltiples ocasiones, es en ella donde el proceso formativo de las nuevas generaciones encuentra los espacios pedagógicos idóneos para la socialización, la endoculturación y el aprendizaje de los destinatarios de la magna tarea de la enseñanza: los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de todos los niveles educativos. Veremos.— Mérida, Yucatán.
canek_1999@yahoo.com.mx
Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
