Freddy Espadas Sosa
Freddy Espadas Sosa

Federico Granja Ricalde

A la edad de 79 años, el miércoles pasado falleció en esta capital el ingeniero Federico Granja Ricalde, considerado como un verdadero ícono de la política yucateca.

Fue en la Escuela Técnica Industrial y Comercial número105 (ETIC) -—hoy Escuela Secundaria General Núm. 1 “Silvio Zavala Vallado”—, donde conocí en 1968 a quien pasando el tiempo se convertiría en el popular “Cuco” Granja. En este establecimiento nos enseñaba Matemáticas, pero muy pronto el fallecido exgobernador dejó la docencia para dedicarse de lleno a su carrera política.

Como observador de la vida política nacional y regional, quien esto escribe se fue enterando de la intensa trayectoria que desplegó un político que fue fiel militante del otrora poderoso PRI y representante conspicuo del viejo régimen político que hasta ahora no termina de morir.

Puede afirmarse que Granja Ricalde vivió a plenitud, se abrió paso y se benefició en la época dorada del viejo sistema de partido de Estado, dominado por la omnipotencia y la omnipresencia que ostentaban tanto el Presidente de la República en turno como el gobernador de cada entidad federativa.

Al igual que otros destacados políticos de viejo cuño —entre los que cabe mencionar al exgobernador Francisco Luna Kan, el ex alcalde de Mérida Gaspar Gómez Chacón, el exgobernador Víctor Manzanilla Schaffer, el ex diputado federal Feliciano Moo y Can y el exsenador Carlos Sobrino Sierra— Granja Ricalde formó parte activa del bloque opositor que se enfrentó con frecuencia al grupo encabezado por el fallecido exgobernador Víctor Cervera Pacheco, quien prácticamente hegemonizó la vida política de Yucatán durante más de treinta años, con algunos intersticios en los que sus adversarios y correligionarios lograron ocupar posiciones de relevancia.

A decir verdad, los liderazgos anticerveristas nunca tuvieron el arrojo suficiente para dar una batalla abierta contra el autoritarismo, el caciquismo y las imposiciones abruptas de Víctor Cervera. Preferían luchar soterradamente al interior del PRI-Gobierno para negociar con él y arrancarle espacios de poder político. Incluso muchos “anticerveristas” se hicieron de la vista gorda ante las consabidas tropelías del cerverato, las cuales frenaron por años el avance democrático de Yucatán.

Para lograr éxito en su dilatada carrera política, todo parece indicar que Granja Ricalde siguió a pie juntillas las pautas de conducta seguidas por el veterano político Manzanilla Schaffer, quien las expresó a los medios cuando fue ungido por el poder presidencial como candidato del PRI a gobernador en 1987: “Mis consejeras han sido siempre doña prudencia, doña constancia y doña paciencia”.

“Cuco” Granja recorrió todos los eslabones en los cargos de elección popular en el viejo régimen político: fue dos veces diputado local, tres veces diputado federal; fungió como alcalde de Mérida (1975-1978) y se desempeñó como gobernador del estado durante el miniperiodo febrero 1994-julio 1995. También fue máximo líder estatal de la CNC y Secretario General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud. Sólo le faltó llegar al Senado de la República.

En los tiempos en que, como editorialista del Diario de Yucatán, realicé diversas entrevistas a varios protagonistas de nuestra vida pública, el ingeniero Granja Ricalde accedió a concederme unas declaraciones cuando era candidato del PRI a gobernador, en un proceso electoral en el que tuvo como adversaria a la también popular ex alcaldesa de Mérida Ana Rosa Payán Cervera. En dicha entrevista, publicada en el Diario en noviembre de 1993, “Cuco” Granja expresó enfático: “Soy enemigo del bipartidismo. La vocación de este país es el pluralismo, el cual debe fomentarse. Un gobierno de todos los yucatecos debe dar gran apoyo al desarrollo con libertad de cada partido como instrumento del ejercicio del poder”.

Como acotación importante, debo señalar que se debe al gobierno de Federico Granja la emisión del Acuerdo Número 7, publicado en el Diario Oficial el 25 de mayo de 1995, en el cual se restituye a la Unidad 31-A de la UPN su carácter nacional y se garantiza que sus trabajadores seguirán gozando de todas los derechos laborales y de las prestaciones que se le cubren a las unidades con sede en Ciudad de México.

No pretendo hacer aquí un balance crítico sobre el desempeño de este personaje, pues ésta es una tarea pendiente para los profesionales que se dedican a la elaboración de la historia política de Yucatán durante la segunda mitad del siglo XX y la primera década del siglo XXI.

Lo que quiero destacar en estos comentarios es el carácter jovial, sencillo y afable que distinguió a Federico Granja Ricalde durante toda su vida. Me consta ampliamente que nunca se le subieron los humos en el ejercicio de las altas responsabilidades que tuvo, ya que siempre prodigó un trato amable, respetuoso y familiar a todos sin excepción.

Finalmente, tengo la percepción de que el fallecido exgobernador fue un hombre generoso que buscaba apoyar a la gente y hacer el bien común, como afirman con tino las innumerables personas que lo trataron de cerca. Ya estando instalado en el Palacio de la calle 61, tuvo la deferencia de recibirme sin protocolo alguno. Le solicité, y obtuve enseguida, un apoyo económico para mi primer libro, un compendio de artículos publicados en el Diario. Se lo agradezco con creces: honrar honra. Descanse en paz Federico Granja Ricalde.— Mérida, Yucatán

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán

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