Ver, oír y contar
La familia Sackler llevaba a don Polo Ricalde y Tejero de asombro en asombro. Se trataba, para empezar, de un apellido del que nunca había tenido noticias. Ignoraba, hasta ahora, que desde la segunda mitad del siglo XX y hasta bien entrado el XXI habían amasado una fortuna equiparable a la de familias como los Rockefeller y los Vanderbilt. Y aunque eran también oriundos y operaban en Nueva York, a diferencia de éstos les resultaba difícil figurar en los círculos de la más alta sociedad.
¡Vaya que se esforzaron por abrirse paso entre la “high life”!, pero no lo lograron del todo. No era un tema de dinero —tenían más que la mayoría de las familias acaudaladas—, ni de origen —venían de familia judía— sino del cuestionable —a ojos de la alta sociedad— producto de su fortuna.
En solo una generación la familia Sackler pasó de sostener su economía con una tienda de abarrotes en Brooklyn a tener uno de los caudales más densos de Manhattan. El papá caminaba a diario por el barrio de Williamsburg para abrir su tienda; los hijos se movían con naturalidad primero por todo el país y después por el mundo entero, y los nietos ni qué decir.
Ángel Trinidad entró resuelto en el pequeño café del norte de la ciudad y vio en el fondo a su amigo, sentado en una estrecha mesa, con un expreso cortado al frente y, como siempre, leyendo. Al aproximarse vio el libro que don Polo sostenía; llevaba por nombre “El imperio del dolor”, un mamotreto de más de 600 páginas.
—Antes de saludarle, don Polo, déjeme darle mi más sentido pésame.
—¿A mí, por qué? ¿Yo qué hice?
—Lo veo leyendo acerca de cómo sobrellevar el dolor y se me hace demasiada coincidencia que lo haga un par de días después de la muerte del exgobernador. ¿De qué le tocaba?
—¡Vaya! Eres bueno para imaginar. Lástima que nada de lo que dices sea acertado… no me tocaba de nada, al menos que yo sepa.
—Pero si usted es Ricalde…
—De otra rama. No tuve el gusto de conocerle y en mi vida crucé palabra con él… Y, por otro lado, mi libro nada tiene que ver con sobrellevar el dolor.
—¡Rayos! Pensé que ya era alumno avanzado de las clases sobre conjeturas políticas que me da usted en cada desayuno. Por cierto, ¿tiene hambre? Porque yo sí —Ángel Trinidad pidió al mesero unos huevos divorciados y un café americano, sin crema ni azúcar.
—Conjeturas, bien dices. Pero esta vez te quedaste en el nivel de elucubraciones. Y en política hay que tener mucho cuidado con eso. El futuro de varios políticos se ha derrumbado por elucubrar, que no conjeturar.
Ángel Trinidad meditó un poco mientras le llevaban el café. Finalmente decidió dejar para los políticos el análisis sobre las diferencias entre conjeturar y elucubrar, y preguntó a don Polo sobre el contenido del libro.
—“El imperio del dolor” (Patrick Radden Keefe, Penguin Random House, septiembre 2021) —le dijo— toma su nombre del dolor físico, no de aquel que viene del alma. Es la historia de una familia de Nueva York que “reinó en la industria farmacéutica” gracias a medicamentos para el dolor, como el Libium, Valium y OxyContin, entre otros.
Isaac y Sophie eran un par de inmigrantes judíos, ella polaca y él de Galitzia, en el entonces imperio austrohúngaro, que se conocieron y casaron en Nueva York. Tenían una tienda de abarrotes y tuvieron tres hijos, todos varones y psiquiatras. Los tres médicos y su siguiente generación amasaron una fortuna bárbara al tiempo que hacían todo lo posible para que su apellido quedara plasmado en bibliotecas, centros médicos y demás espacios ligados con la cultura y la ciencia. Era su manera de dejar un legado y ser leales a su padre quien les dejó lo mejor que les podía legar: un buen apellido. Eso les decía.
Legado
—Hablando de legado, ¿cuál cree usted que sea el que dejó el exgober?
—¡Y dale con eso…! El legado es un concepto que cada quién ve desde su muy particular óptica. A 25 años de dejar el poder, poco puedo decir más allá de lo que se haya dicho. Quienes deben pensar en lo que legarán son los tres vigentes: Ivonne, Rolando y Mauricio.
—Bueno, en esos casos está claro que Ivonne dejó como legado tantas deudas como primeras piedras. Y Rolando legó su falta de actuación contra su antecesora. Lo que son las cosas, tanto que la protegió y mire ahora cómo están, trenzados en un buen pleito.
—De mentiras…
—¡Cómo que de mentiras! Si Ivonne denunció a Rolando por no continuar la obra del hospital de Ticul y el exgober la desenmascaró respondiendo que esa denuncia es “intrascendente y frívola”.
—¿Y tú crees ese pleito? ¿No te parece demasiada coincidencia que ocurra cuando Mauricio Sahuí anuncia su intención de crear una alianza opositora contra el PAN para 2024?
—Bueno, pero Sahuí…
—Sí, el mismo Sahuí que ha sido del equipo de los dos exgobernadores que ahora “pelean” y a quien quisieron hacer gobernador para cuidarles las espaldas…
—Bueno, no lo lograron con él, pero sí con otro Mauricio…
—Tú lo has dicho, no yo… Así pues, Sahuí se exhibe con Bejarano…
—Un momento, don Polo. Muchos dicen que no se exhibió, sino lo exhibieron por indicaciones que provinieron del Senado de la República.
—¡Vaya! Ya estás aprendiendo sobre conjeturas políticas… De acuerdo, lo exhibieron. Y entonces sale a decir en amplia entrevista con el Diario —don Polo puso la mano sobre el ejemplar que tenía en la mesa— que no coquetea con Morena sino que busca una alianza opositora. Y pocos días después, aprovechando que Vila saca a relucir el tema del hospital de Ticul, Ivonne asoma la cabeza y denuncia a Rolo…
—¡Oiga, sí! El monero Tony resumió acertadamente la actitud de la exgobernadora en una de sus “Jalaveritas”.
—Coincido contigo… El caso es que Rolo no se queda callado y le responde por sí mismo y por interpósita persona.
—¿Cómo es eso?
—¿No te enteraste del triste, servil papel del diputado Mario Peraza Ramírez en un vídeo donde defiende a Rolando y baña de melosos elogios a AMLO y a Vila?
—Sí lo vi pero, oiga, nunca menciona a Rolando…
—Ni falta que hace. Con todo lo que dijo el que sale mejor parado es el exgober. ¿Un diputado de la alianza Verde-Morena-PT saliendo en defensa de Rolo?
—Mmmm. Parece que sus tentáculos tienen alcance más allá del PRI.
—De nuevo, tú lo has dicho… Volviendo al tema. No se trata de ver quién tiene la razón en el caso del hospital de Ticul, eso es solo la excusa, sino de aprovechar la coyuntura para asomar la cabeza, empezar a mover a los aliados y comenzar a hacer amarres. La figura unificadora visible es Sahuí, pero detrás hay muchos nombres que juegan tanto al negro como al rojo para el 24.
—Para el 24… —meditó Ángel Trinidad—. O sea que el legado que dejarán los tres activos será un juego llamado “todos contra Renán”.
—Lástima que no haya querido decir nada sobre el tema de la alianza opositora. Él sería el principal blanco. ¿Qué lo habrá motivado a no responder? No lo sabemos. Ojalá no sea un afán de dejar que el tema se diluya por sí solo, como suele hacer el gobierno.
—Dejó pasar una gran oportunidad de hacerse fuerte.
—Por tercera vez, tú lo has dicho… Así pues, el legado que dejarán los tres últimos gobernadores tendrá que ver con la sucesión del 2024.
—Y del bienestar de Yucatán, ni hablamos… En fin, don Polo, fue un placer platicar con usted —Ángel Trinidad se disponía a retirarse después de haber puesto fin a los divorciados acompañados de un vaso con jugo de naranja.
—Solo paga y te puedes retirar.
—¡Cómo! ¿No va usted a invitarme?
—No. Estoy de luto… tú lo has dicho.
@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
