Nostalgias
Roger Antonio González Herrera (*)
Dormir y soñar que todo estará bien al despertar. Es domingo de tarde y no hay pendientes en la agenda, ni correos que revisar en la computadora. Hoy no llegó el periódico en la mañana y, en mi mesa de la sala, junto al sofá, Miguel de Cervantes y Gabriel García Márquez se disputan mi atención.
Dormir y soñar que todo estará bien. La siesta llega sin avisar y se instala apacible y borracha en la estancia de la casa, mientras Joaquín Sabina canta a través de Alexa, terco y triste, “macabro como el vientre de los misiles, como un pájaro en un desfile, así estoy…”
Dormir y soñar que todo estará bien. Que los recibos se pagarán y que la pandemia mundial del Covid-19 fue sólo una pesadilla. Despertar a un lunes luminoso en la casa familiar en el pueblo, saltar de la hamaca, desayunar café con bizcochitos e inaugurar la conciencia con la silueta y la sonrisa encantadora de esa chica, con la ilusión de verla y sintiendo en el corazón un galope desbocado de caballos. Enfundarse el horrible uniforme café, tomar la bicicleta y la mochila para ir a la escuela secundaria. Con suerte, hoy me cruce con ella y le sorprenda una mirada traviesa.
Dormir y soñar que todo estará bien. Que luego de la siesta iremos a la parroquia a ayudar al padre Alfredo Estrada en la misa de ocho de la noche. No habrá “cerco sanitario” al acceso del templo, ni usaremos cubrebocas y toda la pandilla juvenil nos apretujaremos en la primera banca. Entonces recordaré que lo del coronavirus fue únicamente una película macabra que vimos en la “tardeada” del domingo en el Cinema “Ideal” de los hermanos Torres.
Y nos aguantaremos la risa (o la disimularemos) cuando el padre pare su homilía para pedir que despierten a una persona que se durmió plácidamente durante su maratónico sermón o cuando pida que al niño chillón del fondo lo lleven a pasear a X-bec.
Seguramente, me corresponderá hacer la primera lectura ante los vecinos del pueblo luciendo sus mejores galas. Luego iremos a comprar la cena en la kermés que se instala en el atrio del templo. Quizá, hoy encontremos arroz con leche como postre, el frío de esta noche de noviembre lo amerita.
Dormir y esperar que todo estará bien al despertar.—Mérida, Yucatán
rogergonzalezh@hotmail.com
Profesor
