Rodrigo Llanes Salazar
Rodrigo Llanes Salazar

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

“The Beatles: Get Back”, la nueva serie documental dirigida por Peter Jackson dura casi ocho horas y, en lugar de romper con el mito del final de los Beatles, nos ofrece una visión más amplia. Ciertamente, los primeros días en los estudios de Twickenham son los más oscuros. El momento de tensión entre McCartney y Harrison es puesto en contexto: presenciamos los desacuerdos entre ellos sobre cómo hacer las armonías vocales en “Don’t Let Me Down”; vemos reaccionar a Harrison ante las instrucciones de McCartney sobre cómo tocar la guitarra de “Two Of Us” y, finalmente, después de una discusión en torno a la canción “Get Back”, al momento de la comida, somos testigos del anuncio de Harrison de “dejo a los Beatles”.

Las casi ocho horas de “The Beatles: Get Back” son, como algunas publicaciones han afirmado, un festín para los fans de la banda. Desde luego, vemos las tensiones entre los integrantes del grupo, pero, desde el primer vistazo de la película publicado en diciembre de 2020, nos sumergimos a horas de camaradería, bromas, palomazos de canciones de rock n’ roll, covers de Bob Dylan e interpretaciones cómicas de viejas canciones de los Beatles. Presenciamos legendarios momentos sobre los que habíamos leído, pero nunca visto (como el anuncio de que Harrison deja la banda o cuando Lennon canta sobre el divorcio de Yoko con la melodía de “Oh Darling”). Vemos actos de afecto, como a John y Ringo abrazándose o a este último decir que podría ver por horas a Paul tocando el piano.

De manera importante para la historia de la banda, la nueva película logra que la audiencia empatice con Paul McCartney. Con este nuevo documental ya no solo será recordado como la figura autoritaria que dirigía a la banda, sino como el entusiasta integrante de los Beatles que logró dar cierta dirección a la banda y que, con frustraciones, tuvo que lidiar con un desinteresado Lennon y con un Harrison que crecía musicalmente a pasos agigantados. Dos momentos memorables son cuando vemos a McCartney a punto de llorar cuando se discute el destino de la banda y cómo se ilumina su rostro cuando se sugiere la idea de tocar en la azotea de Apple.

Tanto Jackson como Lindsay-Hogg coinciden en que sus filmes no compiten entre sí, sino que son complementarios. Lo mismo podríamos decir de los libros. El libro original fue pensado como una obra de arte que acompañara al disco. Está compuesto principalmente de fotografías y de fragmentos de transcripciones de las grabaciones de audio de las sesiones. Actualmente es un libro difícil de conseguir, un objeto muy frágil (se deshoja fácilmente) que se ha convertido en una pieza de coleccionistas. Al igual que la película original, tiene un tono oscuro y parece un producto de otra época.

El nuevo libro no es un sustituto del anterior, pues no incluye las mismas fotos ni los mismos diálogos. Ya no es solo un acompañamiento visual y textual del álbum, sino que, al presentar una considerablemente mayor cantidad de transcripción de las grabaciones, te permite sumergirte en las sesiones. Es un acierto que el libro se haya publicado más de un mes antes que la nueva serie de Jackson, pues el detalle de las transcripciones, junto con la cantidad de imágenes, te permite recrear esas sesiones en tu mente, antes de ver el documental de Peter Jackson.

En los libros leemos algunos episodios interesantes que —si mi memoria no me falla— no aparecen en las películas, como el entusiasmo que Harrison muestra por la música de Dylan y The Band (unos meses antes, Harrison había basado tiempo con ellos en Woodstock). Esta relación sería muy fructífera en la trayectoria de Harrison como compositor. Un tema que ensayan en las sesiones grabadas en la película es “All Things Must Pass”, que, según Harrison, quería que sonara a The Band.

Ediciones

Y, finalmente, lo más importante, la música. A partir de 2017, los Beatles comenzaron a lanzar ediciones de 50 aniversario de algunos de sus discos más importantes: “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, “The Beatles” (en 2018), “Abbey Road” (en 2019). En todos los casos, las ediciones son nuevas mezclas en estéreo realizadas por Giles Martin y Sam Okell. Estos lanzamientos han sido controvertidos: algunos fans disfrutamos de las nuevas mezclas que ponen las voces en el centro, que resaltan el bajo y algunos otros elementos de las canciones; mientras que otros fans se aferran a las mezclas originales (a mí me siguen gustando más los discos originales, aunque disfruto las nuevas mezclas).

La edición de 50 aniversario de “Let It Be” generó grandes expectativas entre los fans, ya que la mezcla del álbum original, realizada por Phil Spector entre marzo y abril de 1970, ha sido cuestionada no solo por seguidores, sino incluso por el propio McCartney, quien en su momento expresó en una carta su descontento por las orquestas y coros que Spector añadió a “The Long and Winding Road”. Debido a la “sobreproducción” de Spector —según la expresión de George Martin—, en 2003 los Beatles lanzaron “Let It Be… Naked”, una versión del disco sin los añadidos de Spector. Así que una parte de la comunidad de fans de los Beatles esperaba una nueva edición “despectorizada”.

No obstante, Giles Martin y Sam Okell nos ofrecieron una nueva mezcla muy respetuosa de la versión de Spector. De acuerdo con Martin, su objetivo se centró en lograr un sonido más uniforme y coherente para el álbum, ya que “Let It Be” fue grabado y mezclado en diferentes espacios y momentos, principalmente en el sótano y la azotea de Apple en enero de 1969 más los añadidos de Spector en marzo y abril de 1970. Aunque, a mi juicio, nada supera la edición británica original en vinilo (con matrices -2U), la nueva mezcla me parece muy bien lograda, y superior a muchas otras ediciones del álbum. A diferencia de las nuevas mezclas de “Sgt. Pepper” o el “Álbum blanco”, no ofrece muchos elementos sorpresa, sino que brinda una escucha balanceada.

Además, la edición de lujo de “Let It Be” funciona como una banda sonora del nuevo libro y del documental de Jackson. Junto a la nueva mezcla incluye dos discos de las sesiones en Apple (una de las joyas es la primera versión de “Don’t Let Me Down” en la azotea); el disco “Get Back”, tal como lo produjo originalmente Glyn Johns; un EP con nuevas mezclas de “Across the Universe” y “I Me Mine”, hechas por Johns, así como de las versiones que fueron lanzadas como sencillos de “Don’t Let Me Down” y “Let It Be”; y un magnífico libro en pasta dura que complementa al libro “Get Back”.

En su primera encarnación como disco, película y libro en 1970, “Let It Be” parecía un producto poco inspirado de los Beatles (como muchas personas, mi padre, fan de la banda, solía decir que era su peor disco, pero que para muchas otras bandas sería el disco de “grandes éxitos”), un testimonio de los conflictos de la banda, su crónica de muerte anunciada.

Ahora, en 2021, la edición de aniversario del disco, el nuevo libro y la nueva serie de Jackson no solo nos muestran a los Beatles como seres humanos más complejos, con roces y tensiones, momentos de camaradería y muestras de afecto. Como un metaverso, nos permiten sumergirnos en una experiencia inmersiva y ser testigos de sesiones de enorme creatividad, en las que se gestaron y/o desarrollaron las canciones que formarían no solo “Let It Be”, sino también “Abbey Road” —para muchos el mejor disco de los Beatles—, así como los discos solistas “All Things Must Pass”, “Imagine”, “McCartney” y “Ram”. Es decir, nos permiten presenciar la elaboración de unos de los mejores discos del siglo XX.— Mérida, Yucatán

Investigador del Cephcis-UNAM

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