El lunes 28 de febrero, en un artículo publicado en la página editorial de la sección Nacional-Internacional del Diario, titulado “El presidente debe ser prudente”, el autor del mismo, profesor Roger Antonio González Herrera, director de Servicios Postpenales del gobierno del Estado, hace referencia a mi persona y a conceptos que expresé en otro que me fue publicado el viernes 25 en la editorial local del propio periódico, con el título de “En México, el que se lleva se aguanta”, en el que hablé de las respuestas que da el presidente a quienes vierten mentiras en su contra para desprestigiarlo.
Dice en el suyo que las razones que empleamos quienes eso consideramos son “argumentos fatuos” y que, de manera “burda”, aceptamos “inverosímiles pruebas”. Y lo demuestra repitiendo la sarta de mentiras que usaron los difamadores: que el “tren de vida de lujo en Estados Unidos” que llevan el hijo y la nuera de AMLO es “gracias a negocios turbios con empresas petroleras”, sin presentar una sola prueba de su afirmación calumniosa.
Recientemente, Diego Fernández de Cevallos, uno de los abogados más prominentes del PAN, su partido, expresó, el siguiente comentario “fatuo”: “Lo cierto es que hasta hoy no está demostrada la existencia de una ilegalidad o de un delito en la investigación dada a conocer por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad y por Loret de Mola en Latinus, sobre la vida del hijo y la nuera de López Obrador en Houston. No está probada hoy la existencia de una ilegalidad o de un delito de tales personas” (José Cárdenas Informa, 16-02-22).
Pero a don Roger le importa un pito acusar sin pruebas. Y ante los documentos que demuestran lo contrario a lo que dice —copias de los cuales se han publicado en periódicos y plataformas digitales— sólo puede balbucir que son “inverosímiles”. ¿Por qué? Porque así se lo dicta el hígado. Y tiene la osadía de acusar a quienes no coincidimos con él, de tener “una venda de fanatismo” sobre los ojos. Yo diría que hay otra venda peor, la que se ponen los fanáticos del hueso. Personas que defienden mentiras por el temor de perder el estatus que les permite chupar eternamente de las ubres del erario.
De manera grotesca compara el móvil del asesinato de Efraín Calderón con la defensa que puede hacer de su honor un presidente en cuya administración no ha habido un solo crimen de Estado. Sin ninguna consideración a la verdad histórica expresa de manera burda: “no podemos aceptar eso de que el que se lleva se aguanta”, porque “la palabra del presidente tiene mucho poder y una mala señal o un mal entendido puede desencadenar una tragedia” y “si no, vamos a remitirnos al artero asesinato del “Charras”, sólo para citar un caso que últimamente ha resurgido como debate en Yucatán”.
Como ha de recordarse, Calderón Lara no fue sacrificado por “una mala señal” o “un mal entendido”, como dice este señor o en respuesta a un calumniador. Tampoco porque quien era gobernador de Yucatán, Carlos Loret de Mola Mediz, hubiera defendido su honor y eso alguien lo hubiera malinterpretado. No. Fue asesinado porque el poder político, con el gobernador a la cabeza, y un grupo de grandes empresarios yucatecos de la construcción —descontentos con la formación de sindicatos de trabajadores de sus empresas por las pésimas condiciones laborales en que estaban— se confabularon para “sustraer del ambiente” como eufemísticamente llamaron al hecho, al asesor de aquéllos, que era Calderón y en cumplimiento de la orden gubernamental, la policía del estado lo secuestró y lo asesinó.
Pero resulta que este presidente no es un criminal. Por el contrario, ustedes mismos, señor González, lo acusan por su política de “abrazos, no balazos”. ¿De dónde sacan, entonces, que corren peligro los periodistas que lo combaten? Es hipócrita y cobarde calumniar y exigir que el calumniado no responda para que puedan ustedes decir: “¿Ven cómo es cierto lo que dijimos? Por eso no responde”.
El presidente de un país debe hablar y decir lo que siente y lo que piensa, porque si ante un infundio, una calumnia, mantiene la boca cerrada, el golpe será no sólo para su gobierno sino para la estabilidad del país, que es lo que buscan sus detractores a quienes México no importa.
Y debe hacerlo, como lo está haciendo el de México, con las máximas garantías a medios y periodistas que lo cuestionan. En 3 años, ningún medio ha sido censurado, ningún periodista perseguido. Algunos, sí, exhibidos, al pedirles que clarifiquen sus ingresos que se presume multimillonarios a cambio del oficio de golpear.
El diálogo tiene que ser circular: mensajes de ida y vuelta. No es posible que todo un aparato de ataque tenga libertades plenas para expresarse y la persona que nos representa a todos, y no sólo a quienes piensan como el señor González, no pueda manifestar lo que conviene al país.
¿Qué gobernantes no se atreven a enfrentarse a la prensa en el país —no digamos todos los días, como lo hace el presidente, que responde preguntas de los periodistas de todos los medios, sin improperios a quienes lo cuestionan, de la manera más educada, hasta a los más agresivos—, cuando menos las veces que haya algún problema que lo amerite? Los que le tienen miedo al pueblo.
Ya quisiéramos que su jefe, señor González, el gobernador de Yucatán, Mauricio Vila, no permita que sus guaruras empujen a periodistas por quererlo cuestionar por algún suceso como les ocurrió cuando pretendieron preguntarle por el levantón de un empresario tabasqueño por su policía (D. de Yuc., 25-11-21), o no calle ante preguntas como la de ¿qué ha pasado con el caso de su Fiscal defenestrado por presuntos delitos en el desempeño de su cargo? o ¿qué se ha hecho para esclarecer las acusaciones contra el Ministerio Público por falsificar pruebas en el caso del joven muerto después de estar en la cárcel? o ¿para qué sirvió el dinero de las empresas fantasmas que creó cuando fue alcalde? Y otras muchas más.
Es mejor un gobernante que dé la cara a uno que se esconde para no rendir cuentas a sus gobernados. Por lo demás, la polarización en México es relativa. Es la de ustedes que conforman el grupo que perdió y el gobierno que surgió como fruto del desbordamiento del pueblo en las urnas. Y es inevitable, porque ni ustedes cederán ni las fuerzas que gobiernan harán lo propio.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
