Los ciudadanos con frecuencia critican a los diputados por la falta de entrega al trabajo legislativo, eficiencia y acercamiento a la sociedad, así como también cuestionan la cantidad de estos personajes en los Congresos en relación con el trabajo realizado.

Los legisladores en general, estatales y federales, se han ganado a pulso la desconfianza de la gente y el descrédito dentro de la política por sus acciones de sumisión hacia el gobernante en turno y la aprobación ipso facto de iniciativas y reformas que, en muchos casos, no benefician a los ciudadanos.

Son criticados por su entreguismo y pasividad legislativa. Muchos llegan por amiguismo, compadrazgo o para protegerles las espaldas a sus protectores, no por ser conocidos por el espíritu de trabajo y compromiso con la comunidad.

Muchos legisladores han confesado abiertamente su entreguismo a la autoridad estatal o federal, otros han demostrado su inexperiencia en el cargo, unos más pasan inadvertidos y muy pocos, como agujas en el pajar, realizan un trabajo encomiable.

Las curules son famosas porque sirven para que gran cantidad de diputados dormiten en esos asientos, bostecen de fastidio o realicen actividades intrascendentes mientras otros realizan actividades de importancia.

Ahora, los diputados yucatecos por mayoría de votos aprobaron la reforma electoral en el Congreso del Estado, que incrementa el número de legisladores, de 25 a 35. Diez diputados más, y muchos se preguntan: ¿Para qué?

¿En qué nos beneficia a los yucatecos este aumento de legisladores, si en vez de 25 dedos ahora serán 35 los que aprueben leyes y acuerdos que, en muchos casos, no nos benefician? ¿No sería un gasto innecesario en momentos en que la austeridad económica es necesaria?

Si se quisiera un excelente trabajo legislativo con el número actual de diputados se pudiera hacer, si existiera compromiso y entrega en beneficio de los ciudadanos; pero si es solo para levantar el dedo, quedar bien con el gobernante y preocuparse por el futuro político personal, entonces con menos legisladores se puede hacer más de lo mismo.

Esas diez curules de más se aprovecharán para que los partidos políticos busquen ganarlas y coloquen a amigos como candidatos, no, como una diputada dijo, después de levantar el dedo aprobatorio, para “una mejor calidad representativa y el fortalecimiento democrático de las instituciones del Estado”.

A la mayoría de los diputados, para no decir todos y generalizar, no les interesa el avance democrático, crear leyes para sancionar la corrupción y legislar pensando en la población; lo prioritario es buscar posiciones políticas en el futuro y quedar bien con el gobernante para obtener prebendas y canonjías.

Los ciudadanos no aplaudirán esta nueva ley que incrementa el número de diputados. Todos los yucatecos hemos vivido decepciones por las acciones entreguistas y lejos de los intereses de la población de muchos legisladores en los diferentes Congresos estatales. Por tanto, la cantidad de diputados no otorgará automáticamente eficiencia y calidad legislativa nunca vista.

Sería un derroche de dinero en momentos difíciles para todos. Una carga más para el erario que pagaremos los ciudadanos. Un grupo más de personas que se sentarán en las curules para esperar los designios de arriba y levantar la mano.

Pero el golpe legislativo está dado. Doce diputados del PAN, dos del PRI, uno de Morena, uno del PVEM y uno de Nueva Alianza levantaron el dedo para aprobar la reforma electoral, que entrará en vigor en 2024, en donde se señala el aumento de diputados locales, de los 23 que participaron y dos ausencias.

Por el trabajo que realizan los legisladores no se ve en un futuro avances democráticos, leyes que protejan a los trabajadores y a las mujeres y la lucha contra la corrupción en la entidad. Seguirá el mismo juego en el Congreso con 35 diputados, en busca del futuro político y los intereses personales.

Podrán ser cincuenta o cien diputados, pero si no hay compromiso con los ciudadanos, honradez, espíritu de servicio y visión democrática, será igual. Es más, con menos de 25, ahora, se podría hacer lo mismo: Levantar el dedo, asentir y ponerse de hinojos.

¿Para qué tantos diputados? Es la pregunta que los yucatecos nos hacemos después de conocer la aprobación mayoritaria de los 17 legisladores. Un derroche de dinero, pues los ciudadanos exigen eficiencia, no cantidad.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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