“No se entiende el avance de Morena, sin el retroceso de la oposición” —Luis Parra

Crónica de un chapulinazo anunciado, secreto a voces: la salida de Raúl Paz Alonzo de las filas del Partido Acción Nacional y su adhesión a Morena no sorprende, pero sí indigna.

El senador coqueteó con los morenistas de muchas maneras y a plena luz del día, frente a los ojos de la opinión pública y ante el silencio cómplice del que hasta hoy fue su partido.

No deja de ser motivo de preocupación para los ciudadanos que le dieron su voto constatar que los intereses que conducen las decisiones de las cúpulas poco tienen que ver con la congruencia y la búsqueda del bienestar del pueblo.

Por un lado, la actitud permisiva del PAN, que consintió las ausencias del senador que terminaron por restar fuerza a la oposición en momentos clave; la tolerancia de la dirigencia partidista ante este servidor público que fue elegido para ser un representante popular y que apenas se ha dejado ver por el Senado. No recibió amonestaciones ni hubo señales de distanciamiento ante sus actitudes, en cambio, recibía invitaciones constantes para acompañar las giras del gobernador y los eventos oficiales, como si su presencia abonara positivamente a la imagen del mandatario y fuera un indicador de unidad dentro del partido.

¿Será que todos podíamos verlo y el gobernador no? ¿Es posible que las dirigencias del partido no tuvieran idea de lo que todos fuimos capaces de vaticinar?

Algunos panistas excusan esta cercanía aludiendo razones de protocolo: “es un senador, tiene que estar invitado a los eventos oficiales”. La verdad es que quienes hemos hecho de las relaciones públicas gubernamentales una carrera sabemos perfectamente bien que no es así.

El protocolo es un juego de percepción y constantemente es usado para enviar mensajes hacia el exterior. El diseño de un evento gubernamental, el registro y difusión de éste confirma las intenciones que hay detrás, desde su planteamiento, comenzando por la lista de invitados.

Si estos detalles no se cuidan y moldean de forma deliberada, entonces estamos hablando de errores de forma que terminan por enviar mensajes equivocados y de manera involuntaria afectan irremediablemente.

Es decir, Raúl Paz a pesar de su errático comportamiento e incompetencia siempre mereció un lugar en la mesa y el PAN jamás dio acuse de recibido sobre la indignación ciudadana que se manifestaba ante su proceder. No hay traición si hay conocimiento.

Por otro lado, es inconcebible pensar que la dirigencia de cualquier partido encuentre redituable en términos de imagen la adhesión de un personaje como Paz a sus filas; Morena trata de construir el discurso de la lucha por la justicia social, que en una persona como él no se sostiene. Su presencia no sólo no abona —y no importa— sino que confirma a muchos la idea de que las cúpulas deciden de acuerdo con sus propios intereses, se protegen y están dispuestos a engañar y a prefabricar mensajes que, duren lo que duren, sólo tienen el objetivo de ganarles votos o concretar amarres para prolongar su permanencia en el poder.

No hay que olvidar que fue la designación de Paz por encima de Joaquín Díaz Mena como candidato para la primera mayoría al Senado por Yucatán lo que provocó la salida de “Huacho” del PAN y su adhesión a Morena.

¿Con qué ojos mirará ahora esta imposición que a todas luces desestima su historia y el trabajo que ha realizado en los últimos años?

A partir de entonces hemos visto a prominentes militantes de todos los partidos dar saltos que, al menos en Yucatán, hace un par de décadas hubieran resultado inconcebibles.

Estos movimientos han afectado de manera importante la credibilidad del sistema político partidista haciendo que muchos encuentren urgente la necesidad de una candidatura independiente y ciudadana que nada tenga que ver con los partidos esto, por supuesto, en perjuicio de unos pocos militantes que aún podrían sacar la cara por ideologías, pero que quedan atrapados en el espeso lodazal que el compadrazgo, los intereses personales y la corrupción se han encargado de formar.

Morena sigue avanzando en Yucatán para beneplácito de algunos y para terror de otros; sin embargo, una candidatura para Raúl Paz posiblemente le restaría posibilidades de conseguir el triunfo en el estado.

Está por verse qué decisión tomará la dirigencia morenista en este sentido y en el hipotético caso de que llegara a ser designado candidato a gobernador, e independientemente de filias y fobias partidistas, los yucatecos habríamos de sumar fuerzas para evitar que una persona como él se haga del poder.— Mérida, Yucatán.

erica.millet@gmail.com

Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán