Han transcurrido ya cuatro años de un gobierno que “vendió” a los ciudadanos la idea de que acabaría con la corrupción.
Cuatro años en los que se han escuchado las mismas frases, los mismos insultos, las mismas estupideces desde unas mañaneras fastidiosas que nada bueno o positivo ofrecen.
Un espacio desde Palacio Nacional donde se alimenta el ego personal de un individuo que luchó por llegar a gobernar una gran nación, nuestro México, y cuando lo logró quedó demostrado que no estaba preparado para llevar las riendas de nuestro amado y sufrido país.
Un país con historia, con una gran riqueza cultural.
Ha utilizado sus mañaneras para proferir insultos, para exhibir a sus antecesores o a quienes elige para fastidiarlos. Tiene el poder y cree que es para ejercerlo como se le dé la gana.
Gran error; el poder es para servir no para servirse ni para que se despachen con la cuchara grande, familia y amigos.
¿Vamos bien? ¡Por supuesto que no! No se puede afirmar tal cosa cuando el ama de casa va al mercado a surtir su despensa y regresa con menos mercancía que días anteriores. La canasta del mandado se va achicando.
La mejor economista, de eso no hay duda, es el ama de casa, la madre de familia que hace rendir el gasto, aunque por más que pretenda “estirar” un billete, éste se esfuma como por arte de magia.
¿El país está bien? ¡Por supuesto que no! Nadie en su sano juicio puede decir que está mejor con este gobierno que con los anteriores.
Crisis siempre han existido, como también han existido políticos ladrones que no fueron castigados. Sin embargo, nadie puede decir que la corrupción se terminó con la llegada de un nuevo gobierno; por el contrario, se ha incrementado, se tolera y se premia al corrupto.
Y si no lo cree, vea a la exsecretaria de Educación, hoy se siente gobernando el Estado de México. Ha sido una de las recaudadoras para las campañas de AMLO al descontarle a los trabajadores porcentaje de su sueldo.
Eso significa ROBAR, y el robo es una forma de corrupción. Y si tanto pregonan su honestidad al afirmar que no son iguales a los anteriores gobiernos y se dan baños de pureza, con esas acciones demuestran que son peores.
Y son peores porque están utilizando el chantaje para conseguir el poder. Peores porque pactan con la delincuencia organizada.
¡Pobre México! con esta clase de políticos, tanto de un lado como de otro. Porque tan despreciable es el chantajista como el que cede al chantaje; ya que al ceder pone en riesgo la estabilidad del país.
Eso no les importa si ellos conservan sus propiedades, su estatus en la política. Al menos eso creen. Lo que no se dan cuenta es que vendieron su dignidad —si es que algún día la tuvieron— un valor que difícilmente habrán de recuperar.— Piedras Negras, Coahuila.
cholyngarza@yahoo.com
Periodista
