Somos la primera generación que padece en carne propia los efectos del cambio climático, y al mismo tiempo, la última generación con la posibilidad de emprender acciones para evitar una catástrofe ambiental que ponga en entredicho la supervivencia de la raza humana.
Hay que dejarlo en claro: lo que está en juego no es salvar al planeta, pues estoy muy convencido de que la Tierra se las puede arreglar perfectamente sin los seres humanos viviendo en ella.
Aquí hablamos de prevenir que el aumento en las temperaturas y la elevación de los niveles del mar no sean tales que impidan de manera simple y llana que las personas podamos habitar el planeta.
Hace unos setenta años, poco o nada se discutía sobre los efectos nocivos que la actividad humana causaba al medio ambiente. En un impulso desenfrenado por construir grandes ciudades, maximizar el crecimiento de la industria, y promover la cultura del consumo en favor de la economía, se dejó a un lado la necesidad de cuidar los ecosistemas y proteger los recursos naturales.
Sin duda, fue una conducta irresponsable quizá motivada por la ingenua expectativa de que el agua, los bosques, las especies animales y el aire limpio, no podrían agotarse por mucho que se abusara de ellos con fines de extracción productiva sin escrúpulos.
Incapacidad ante la avaricia
Ya sentenciaba Mahatma Gandhi que la Tierra es capaz de proveer lo necesario para la especie humana, pero no de satisfacer la avaricia desmedida de las personas.
Lo cierto es que nuestra generación es más consciente que nunca de los factores que producen el calentamiento global, así como de sus devastadoras consecuencias a mediano plazo.
Además, gracias a la ciencia y la labor de difusión de activistas comprometidos, conocemos cuáles medidas son efectivas para mitigar y revertir eventualmente el fenómeno del cambio climático.
Estamos ante el desafío más grande del siglo XXI, y el reloj no detiene su marcha. Por ello, aunque las políticas públicas de los gobiernos son tan relevantes como la responsabilidad de las empresas que generan un impacto ecológico, es urgente que la ciudadanía, desde la base, adopte una agenda ambiental auténtica que permee.
Las acciones individuales tienen un alto valor en la medida en que se multiplican, estableciendo así una sinergia colectiva. La única forma de salir de esta crisis es por medio del trabajo colaborativo, sumando voluntades.
Tareas simples como reducir, reutilizar y reciclar productos de consumo constituyen ya un deber moral de las ciudadanas y ciudadanos. Nadie es ajeno al problema ambiental, por lo que depende de cada una y uno de nosotros ser parte de la solución.
En este sentido, el papel de la educación será crucial. Debemos inculcar a las niñas y niños, desde temprana edad, la responsabilidad compartida de cuidar nuestro entorno, y ser conscientes de que los recursos naturales no son ilimitados.
Observar que las juventudes son cada vez más participativas y organizadas en la edificación de una agenda ambiental, es un llamado al optimismo. La audacia de la esperanza consiste en saber que un mejor futuro es posible, siempre y cuando haya determinación y trabajo en equipo.
Romper paradigmas será imprescindible: los hábitos de consumo de las personas deberán evolucionar, entendiendo que el egoísmo y el derroche son males que traen consigo repercusiones nefastas.
Tengo fe en que los seres humanos encontraremos nuevas formas de desarrollo y crecimiento económico, sin devastar el medio ambiente; esto es la sostenibilidad.
El falso dilema entre progreso y cuidado ecológico merece ser superado de una vez por todas, para avanzar hacia el equilibrio y la armonía entre la riqueza material y el uso responsable de los recursos naturales.
En última instancia, la sociedad civil es la plataforma de donde nace todo cambio real y perdurable. Seamos realistas y hagamos lo que esté en nuestras manos para hacer frente a este reto de dimensiones mayúsculas, que es virar el rumbo antes de abandonarnos al precipicio.— Mérida, Yucatán.
Correo: fournier1993@hotmail.com
*) Licenciado en Derecho, maestro en Administración
