Olegario M. Moguel Bernal (*)
Jueves, 4 pm. Ni siquiera es viernes y las calles del Centro están intransitables. Avanzo por el ex edificio de Correos —está bien, el Museo de la Ciudad— rumbo al norte, por la calle 54. Cinco minutos para cruzar el paso peatonal que va del mercado al museo y diez más para atravesar la 65, ex calle ancha del bazar, hoy calle de las piñatas, de los dulces, de las máscaras del dichoso Halloween, del ruido y el estruendo. Por fin llego a la 63 e intento doblar al oriente. Imposible. Un policía cancerbero me dice que para eso debí formarme en el carril derecho, detrás de un camión —¿pues qué no es paradero? No, es fila—. ¡Me lleva!
Doblo finalmente en la 59 y vuelvo a doblar la esquina rumbo al sur en la 54. ¿Por qué tanta vuelta? Busco, con minuciosidad gambusina, dónde salen los camiones y las combis a Francisco de Montejo para mostrárselo a mi hijo. El cambio de paraderos experimentado en los primeros meses de la pandemia vino a sacudir el Centro más de lo que estaba, y ahora que la gente volvió a salir es un pandemónium. El hormigueo constante es más prolongado por el simple hecho de que las personas tienen que caminar más. Los ríos humanos son, pues, más caudalosos y alargados. Para colmo, algunos paraderos no están donde dicen los anuncios y menos donde indican algunos señalamientos viejos que no sé por qué siguen ahí.
—¿Dónde rayos estará? —mi impaciencia empieza a espumear cuando doblo en la 54 y me topo con una manada de autos que no avanzan o lo hacen en forma paquidérmica. Mi hijo otea los parabrisas de los camiones. Infiero que no es el que está ahí parado; ése va a Brisas. Su actitud me hace notar que mi creciente rabia le vale sombrilla. Él sigue buscando su camión.
Ni preguntarle por el paradero a un policía. Está enfrascado en su tarea de evitar —sin mucho éxito— que el congestionamiento sea una constante en esa parte del Centro. Por momentos me pregunto si su labor no será lo contrario.
Una hora, un octavo de tanque de gasolina y medio hígado después dejo al hijo de mis entrañas en la 65 por 50 y 52, para que aborde la ruta Ibérica. Las combis, los camiones amarillos que van por Chuburná y el Ibérica con aire acondicionado fueron tan imposibles de encontrar como el mítico El Dorado, que solo Cándido conoció. Quizás nos faltó candidez.
Entonces me pregunto cómo impactarán en el resto del Centro de Mérida las obras que el próximo año harán en la calle 60 y en la 47. El proyecto que presentaron esta semana del Gran Corredor Turístico Gastronómico luce chévere. Será una ele invertida desde la Plaza Grande hasta La Plancha por la 60 y 47. La idea es tener un espacio turístico largo y de nivel internacional para aquellos que gustan de los cafés tipo París en las aceras. Si ya Montejo está inspirado en los Campos Elíseos, por qué no cerrar el círculo con esos negocios y ambientarlos con la voz de Édit Piaf entonando “La Vie en Rose”.
Fenómeno social
La calle 60 en el Centro es un curioso fenómeno social. De Catedral hacia el Norte, los fines de semana es una zona turística que empieza a bullir desde las tardes de viernes hasta que el domingo languidece. La economía se mueve al ritmo de los paseantes que consumen en restaurantes y tiendas de artesanías.
De Catedral al sur, el bullicio es incesante principalmente de meridanos en busca de sus paraderos o adquiriendo productos en comercios de prendas de vestir, zapaterías y artículos electrónicos. Con más frecuencia que hace unos años se ve algún turista que se aventura a los misterios que guarda el ala sur del centro de Mérida.
A pesar del gran movimiento humano, la 60 en su lado sur del Centro no es pródiga en madrugar. Y, a diferencia de su costado norte, tampoco es buena para el desvelo. Son cerca de las 8 de la mañana cuando, remolona, comienza a desperezarse, a sacudirse la modorra que aún tiene adherida del sueño nocturno. Para ella la noche no es un garaje de doble fondo ni terreno de batallas (Jaime López dixit). Es plana, sin escándalo ni desenfreno. No, la noche tampoco es lo suyo. Por eso, con las primeras horas nocturnas su vigor comienza a decaer y a las, digamos, ocho o nueve se ha vuelto triste, solitaria, casi desolada.
En su tramo de la esquina de El Degollado a La Placita y de ésta a El Gallito, es decir, de la 67 a la 65 y a la 63, la calle 60 nace a las ocho de la mañana y a las 10 ha alcanzado su clímax. Tiene la peculiaridad, eso sí, de que tal clímax es frenético, dura el resto de las horas del sol y no decae sino hasta cuando Kin se va a dormir.
En las horas de frenesí, la acera de la Japay es animada por las notas de un organista invidente que alterna canciones de Pedro Infante con piezas tropicales de Junior Klan. El sonsonete se hace tan familiar que después de un rato se deja de oír. Los modernos caminantes del Mayab, conmovidos por el invidente que no se deja derrotar por la incapacidad ni pide ayuda sin ofrecer algo a cambio, depositan monedas en un botecito que quizás al final del día tendrá 200 pesos, calcula el cronista. Nada mal para un día de sol y, afortunadamente, sin lluvia, pues cuando Chaac aparece se amoló la cosa. No hay música ni caminantes ni dinero.
Por allá una mestiza grita a todo pulmón: “Kibis, kibis”. Por acá otra espanta las moscas de las chinas que tiene en venta. Más adelante un par de maniquís obstaculizan el paso de los peatones en la acera. A unos metros una dama rolliza y sin techo hace de la acera de la 60 su casa, que alterna con la escarpa junto a la iglesia de Monjas, donde también se le ve con frecuencia.
Es temprano y los puestos de comida del bazar García Rejón se han visto copados de meridanos y algunos visitantes hambrientos que sacian la solitaria con panuchos y salbutes de oreja, castacán y relleno negro, mientras en los demás puestos los vendedores exhiben hipiles, alpargatas y otras prendas típicas para captar el ojo del turista.
Este frenesí típico de nuestro Centro es también digno de ser objeto de planes urbanos que lo hagan más transitable y menos caótico… sin perder su belleza lírica.—Mérida, Yucatán
olegario.moguel@megamedia.com.mx
@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
