En la plaza principal de Kanasín se dispone una singular obra próxima a cumplir cien años de ser develada, este bien cultural merece nuestra atención por el contexto histórico que lo permeó y diversos criterios seguidos en su concepción.

El gobernador Felipe Carillo Puerto dispuso en 1922 la construcción de la carretera que comunicó la capital del Estado con esa población, ya concluida, consideró pertinente transformar la desolada plazoleta con áreas verdes, andadores y un monumento en el centro.

La ocasión fue propicia para materializar los conceptos de revalorización de la cultura regional, siguiendo la tendencia neomaya que se había manifestado en algunos inmuebles de Mérida, como en el sanatorio Rendón Peniche, el pórtico del cementerio general, en la fachada del templo masón y detalles del acceso al mercado de Santiago. De este modo, aquella administración se distinguió en promover y reivindicar la arquitectura maya, como expresión local acorde al movimiento nacionalista y conviviendo con el neocolonial, en un ambiente que se extendió también en la literatura y el teatro.

El Ejecutivo encomendó las mejoras en aquel espacio público a Rafael Gazque y Leopoldo Tommasi López, éste había recibido una beca para estudiar escultura en Madrid. Con algunas obras previas de tallados que había practicado en el taller de su padre y en la escuela de Bellas Artes de Mérida, Tommasi concibió que el monumento de más de 5 metros de altura debía estar rematado con una imagen que evoque la emancipación maya, que para entonces también era importante en el contexto de los objetivos que persiguió la Revolución Mexicana como lo fueron los derechos a la igualdad y la educación.

Conglomerado

En tal virtud, no se trataba de exaltar a un patriota o destacado literario sino a un conglomerado social vigente, cuyos ancestros históricamente habían sido sojuzgados. Leopoldo trabajó con su hermano Alfonso en la escultura en piedra de un indígena desnudo postrado, con la rodilla derecha flexionada hacia atrás y la otra doblada al frente, en sumisión a la cultura, ya que porta en la diestra un libro abierto y su otra mano sujeta un calabazo, implemento indispensable del campesino que lo acompañaba en la labranza.

El volumen donde se dispone consta de tres cuerpos de planta cuadrada, detalles con bisel e iguales criterios y proporciones en cada cara.

El área intermedia presenta nueve bandas horizontales que se equilibran con otra más en posición vertical y en medio. Seguramente este criterio está inspirado en el castillo de Chichén Itzá, de planta cuadrada, con nueve basamentos y como elemento vertical por lado, la escalinata central.

Investigaciones realizadas en las últimas décadas en ese templo relacionan, entre otros hallazgos, las plataformas con el calendario solar o Haab que empleaban los mayas para los cultivos.

Personajes

El cuerpo inferior presenta elementos en talud y emblemas con triángulos, símbolo del socialismo. Dos caras tienen grabados que honran a Jacinto Canek y Cecilio Chi, personajes que lideraron significativas asonadas por la opresión indígena en los siglos XVIII y XIX. Los otros lados carecen de leyendas, seguramente dejando a la colectividad la alusión con otros indígenas que lucharon por similares condiciones de sometimiento.

Posiblemente también el espacio libre está dedicado a los herederos de esta cultura que lidian por superarse en condiciones generalmente adversas

Es de llamar la atención que esta obra reúne características que la hacen distintiva en la región: es única en su género en evocar a generaciones de indios mayas en busca de emanciparse y es la primera que honró las acciones de aquellos líderes rebeldes, considerados por la generalidad como indómitos, salvajes y sanguinarios.

La escultura de piedra tallada por yucatecos es también una novedad, pues se desconocen las facturas de otras en este material del período independiente hasta lo transcurrido del siglo XX; los elementos decorativos o efigies forjados con argamasa, fundidos en metal o cincelados en mármol fueron dominados por artistas foráneos.

El monumento a la redención maya se inscribe como contrapeso vanguardista en su tiempo, con un mensaje vernáculo contra las influencias extranjerizantes de la arquitectura y en marcada oposición en varios conceptos, en particular con dos obras referentes en Mérida: la forjada en Nueva York que representa a la libertad, de hierro y porte helénico, inaugurada en 1883 en el parque Eulogio Rosado en honor a los defensores del Estado en la Guerra de Castas, antecesora y sin relación con la colosal estatua que se dispone en aquella ciudad estadounidense; y el cuestionado conjunto escultórico a los Montejo, develado en 2010, que se ubica en el extremo sur del emblemático Paseo de Montejo.

Inauguración

El monumento que tratamos lo inauguró el gobernador el 1 de enero de 1923 en el denominado parque socialista, poco después el mandatario dispuso mayores recursos para levantar otra efigie en la entonces glorieta central del Paseo de Montejo dedicada a Nachi Cocom, caudillo de Sotuta que defendió con honor su tierra y raza ante los españoles en el siglo XVI. El personaje lo esculpió Leopoldo Tommasi en la fachada norte del cuerpo que sirve de base al obelisco, pero a la postre el conjunto fue finalmente dedicado en 1926 al propio malogrado dirigente oriundo de Motul, que se representó en la cara sur.

Regresando a Kanasín, conviene señalar los cambios radicales que ha experimentado aquel espacio público, ya que hace poco más de una década fue reubicado el monumento a fin de levantar en el centro un kiosco, práctica que también se ha realizado en otras poblaciones de Yucatán. A la suma de esta decisión que relegó su importancia, se fijaron otras efigies sin orden y méritos artísticos en memoria de un mentor, un presbítero y un cómico, condición seguramente única en el Estado. Aun reconociendo la contribución que debieron dar a aquel municipio para honrarlos de esta manera, considero desatinado equipararlos al monumento dispuesto por Carrillo Puerto.

De seguir con este criterio no será extraño que en unos años proliferen otras obras que contribuyan más a demeritar el reducido parque, antes también conocido como Nachi Cocom.

No es descabellado considerar que sean reubicadas esas tres efigies a otros espacios públicos, tal vez en jardines o plazas a ellos dedicados, para recuperar parte de la prestancia del parque principal, en constante riesgo por las decisiones de las autoridades en turno.

Estos espacios de los municipios del interior del Estado deben de ser protegidos y legislar concienzudamente los criterios a seguir en los proyectos que se pretendan ejecutar para preservar la calidad espacial y los valores históricos y culturales que conservan.— Mérida, Yucatán

Maestro en Historia por el Ciesas

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