Como cada año, en este mes se presenta ante el Congreso de la República el Presupuesto de Egresos de la Federación para ser discutido en las Cámaras y conocer las prioridades que tiene el país para el año entrante en materia de gastos (o inversiones). Cada año el presupuesto genera polémicas por las cuentas que han recibido incrementos importantes, así como a las que se les ha reducido su monto, pues muestran las prioridades del gobierno federal para el año en cuestión.
Por el momento político, es previsible un presupuesto que priorice los programas públicos que beneficien a la sociedad, que no necesariamente significa un bien para el paíshay que aclarar. Desde hace varios días se anunciaron alzas a los montos para el programa de adultos mayores, para jóvenes que construyen el futuro, así como programas para el campo. Sin embargo, vale la pena preguntarse sobre la temporalidad de estos programas, si se pretende que sean medidas temporales para promover a ciertos grupos sociales en desventaja, para darles un “empujón” hacia su autosuficiencia en el futuro o se trata de compromisos permanentes (derechos) que representarán un gasto fijo por mucho tiempo.
Esta reflexión es importante porque el país también tiene otras prioridades, como la seguridad pública, la educación de calidad, así como una calidad en los servicios médicos para la población, que han sido también por mucho tiempo de las demandas más sentidas de la sociedad. Pero una parte muy importante del presupuesto se anticipa se destine a las obras de trenes, que aumentan la conectividad y la posibilidad de negocios en las regiones donde se instalen, pero por ejemplo los recursos destinados al Tren Maya rebasarán en casi 3 veces el presupuesto original, lo que entonces deja ver una clara deficiencia en planeación o una clara tomada de pelo hacia la sociedad.
También si se considera la inversión que se hará para echar a volar la nueva Mexicana de Aviación o los costos de la deuda por la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco y el pobre dinamismo del AIFA que tampoco cubre sus costos y sigue requiriendo presupuesto público para sobrevivir, entonces parece que en los primeros años se han tomado muy malas decisiones de inversión con recursos públicos que deberían someterse a evaluación estricta y profunda antes de dar de nuevo un cheque en blanco a estas autoridades.
Por cierto, ya estamos en la recta final del año y no se ve aún un sistema de salud como en del Dinamarca, ¿o me equivoco? A pesar de que en los resultados económicos se presume que México ha tenido muy buenos resultados de crecimiento económico, superiores a los de Estados Unidos desde que comenzó la pandemia, así como de un superpeso que se ha fortalecido (o se fortaleció temporalmente pero poco a poco va regresando a su nivel de equilibrio), en las calles la preocupación por la seguridad es notoria, como también en necesidades de atención a la salud y de lucha contra la corrupción. Lamentablemente el presupuesto es cuestionado desde muchos analistas en esa debilidad, pero como ha sucedido antes, la respuesta de facto será: “no oigo, no oigo”.— Mérida
Profesor del departamento de Contabilidad y Finanzas, ITESM Campus Estado de México
