En Silicon Valley, California, hay un dicho que dice: “falla rápido y aprende rápido”.
¿Cómo es que tienen una cultura donde fallar es reconocido? Y es que los humanos siempre vamos a fallar en algo y las empresas y las sociedades también pueden equivocarse.
Mucho se puede aprender de las fallas en una empresa. Si en lugar de burlarnos de la situación pudiéramos analizar ¿qué podemos aprender de esto? Se requieren dos componentes fundamentales, humildad y honestidad. Se requieren ambos para formar una cultura donde se pueda hablar abiertamente de las fallas, poder compartirlas y formar aprendizajes para no repetirlas.
Obviamente a nadie le gusta fallar, pero es una realidad de la vida cotidiana, no todas nuestras decisiones son perfectas, especialmente en presencia de información incompleta. Pero el fallar también requiere de una estructura, una plataforma sobre la cual construir nuestro aprendizaje. Esa plataforma se llama ciencia.
Si en las empresas podemos tratar los proyectos como oportunidades de experimentación, donde la iteración rápida es crítica, entonces es posible que algunas veces nos cueste cuando fallen, pero se necesita de progreso, no de perfección.
Hay dos amenazas culturales, una de ellas es la cultura de no pensar, de creer que sólo los jefes son pensantes y los demás colaboradores son autómatas. Esa forma de pensar está clara en los nuevos libros de texto, ejemplares escritos con la misión de formar un ejército de esclavos no pensantes por sí solos, al quitarles el razonamiento lógico, las ciencias y las matemáticas.
La otra amenaza es la burla, que en lugar de formar el enlace entre iguales, genera discordia. En la empresa se vuelve más difícil fallar si tenemos que esconder nuestros errores, construye empleados que no se equivocan porque solamente hacen lo que los jefes les piden, pero carentes de iniciativa, de coraje y fuerzas para pensar fuera de la caja y tener ideas novedosas.
La empresa debe alentar a los equipos a administrar el conocimiento, tanto de los éxitos como de los fracasos, a estar dispuesta a abrazar los cambios y a asignar los recursos de manera mas eficiente. Cuando la administración del conocimiento se vuelve el sustento de la transformación de la empresa, cuidando la alineación estratégica, entonces se vuelve una fuente de ventaja competitiva sustentable.
Tenemos que reconocer que las empresas, ciudades y sociedades tienen mas capacidad de procesamiento de información que los individuos que las componen.
Pueden fallar de vez en cuando, la clave es aprender y transformarse. No olvidemos la empresa de streaming que por poco quiebra cuando su modelo de negocio con la renta de DVDs decayó, pero se transformó escuchando al cliente y potenció la tecnología para llegar a sus clientes de manera conveniente.
¿Cuántos de nosotros tenemos la libertad de cometer errores y que nuestros jefes no vayan tras nosotros? Es tiempo de darnos cuenta que fallar no es fracasar, sino una oportunidad de aprender y avanzar, y reconocernos mas humanos a través de nuestras fallas.— Mérida
Candidato a doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la U. Anáhuac-Mayab
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