En reciente colaboración referí que el alcalde de Mérida Renán Barrera Concha, virtual aspirante del PAN a la gubernatura del estado, había señalado en una entrevista con Carlos Loret de Mola que le apostaba a integrar una alianza electoral con los otros partidos opositores a la 4T.

En nuevas declaraciones, el primer edil meridano ha expresado que dentro del plan estratégico que el PAN está elaborando para los próximos comicios se encuentra el tema de la conformación de dicha alianza, señalando que ya existe comunicación con los otros partidos y que “es mayoritario el número de personas que quieren que vayamos juntos para enfrentar los retos de la elección de 2024” (D.Y., 3 de octubre, Local, p. 3).

En Yucatán son escasas las experiencias de alianzas partidistas con fines electorales, sobre todo cuando se trata de organismos que, se supone, son sustancialmente diferentes en sus principios político-ideológicos y en sus líneas programáticas, como son precisamente los casos del PAN, PRI y PRD.

El ejemplo más relevante lo tenemos en las elecciones de gobernador realizadas en 2001 y en las que la cúpula del PRD decidió ir en alianza con el PAN para respaldar la candidatura de Patricio Patrón Laviada. La moneda de cambio por esta insólita alianza consistió en hacer diputado plurinominal al hoy sempiterno cacique perredista Eduardo Sobrino Sierra, quien durante su desempeño como legislador siempre obedeció fielmente las consignas que salían del Palacio de Gobierno, aun cuando éstas no hubiesen sido en favor del pueblo yucateco.

Con base en este precedente, y considerando que el PRD se convirtió en declarado adversario de la 4T cuando decidió sumarse obsequiosamente al bloque derechista Frente Amplio por México (FAM), creemos que es muy elevada la posibilidad de que el otrora partido de izquierda llegue a una alianza electoral con el PAN, máxime si se toma en cuenta que el sol azteca necesita una tabla de salvación porque tiene una presencia política marginal en nuestro estado.

Pero sin duda alguna, el caso del PRI es el que causa mayor revuelo ante su posible alianza con el PAN, en razón de que en los tiempos del bipartidismo que predominó en Yucatán hasta 2018 fue recurrente el agudo enfrentamiento político-electoral entre ambas formaciones políticas, a tal grado que a lo largo de varias décadas se dieron pasajes escandalosos —como el fraude cometido por el PRI-Gobierno contra el candidato panista a gobernador Víctor Manuel Correa Rachó en noviembre de 1969— o de plano hechos violentos y trágicos, como fue el caso del líder panista Benito Oy Kumul, quien fue arteramente asesinado en 1984 cuando defendía el triunfo del PAN en el municipio de Chemax.

Como algunos actores políticos yucatecos, partidarios acérrimos de la alianza del PRI con el PAN, suelen olvidar convenencieramente este histórico enfrentamiento entre ambos partidos, recomiendo leer el artículo del profesor Róger González Herrera, quien hace un atinado recuento analítico de la pugna histórica que se ha dado entre el tricolor y el blanquiazul en los últimos cincuenta años (“La tarea. ¿Oxígeno para el PRI yucateco?”, DY, 3 de octubre, Local, p. 6).

En esta tesitura, muchos se preguntarán cómo es posible que en el ámbito nacional se hayan mezclado “el agua y el aceite”, al concretarse en el FAM la alianza del PRI y el PAN para la precandidatura presidencial, que ostenta la senadora panista Xóchitl Gálvez.

La respuesta a la interrogante anterior es relativamente sencilla: ocurre que el PRI y el PAN dejaron de ser “agua y aceite” desde los tiempos del neoliberalismo salinista, ya que ambos comenzaron a ser los representantes y defensores de los intereses de la oligarquía económica y de sus cómplices en el poder político.

Un breve recuento nos ilustra de maravilla cómo se dio la simbiosis del PRIAN: en 1988, el blanquiazul avaló el fraude con el que llegó Salinas al poder y acordó con el PRI quemar todas las boletas electorales; ambos aprobaron el aumento del IVA del 10 al 15 por ciento; mantuvieron congelados los salarios mínimos durante décadas; aprobaron el Fobaproa, considerado el fraude del siglo; se complotaron con el presidente Fox y la Suprema Corte para realizar el desafuero de AMLO en 2005, que fue frustrado por la movilización popular; ambos avalaron el fraude electoral de 2006; en 2012 el PAN la hizo de palero en la elección de Peña Nieto y ambos firmaron, con el PRD, el llamado Pacto por México para impulsar reformas antinacionales, privatizadoras y contrarias a los sectores populares. Y cerraron con broche de oro conformando el FAM, que es un gran acuerdo que los identifica plenamente.

Hecha esta revisión panorámica, no es difícil comprender por qué es muy probable que en Yucatán se replique el esquema del FAM, pues esta es la única forma en que la derecha podría enfrentarse a la coalición que encabezará Morena, tomando en cuenta el hecho relevante de que en nuestro estado existe un empate técnico entre el PAN y el partido guinda en las preferencias ciudadanas.

Como puede colegirse, resulta que no sería antinatural la alianza PRIANRD que se formaría en Yucatán con miras al inminente proceso electoral. Por el contrario, se trata de un pacto bastante natural porque a los tres los une la defensa de los intereses de la oligarquía económica y de los privilegios y abusos del viejo régimen político.

En todo caso, corresponderá al pueblo mexicano y a los yucatecos en particular analizar a fondo lo que cada coalición político-electoral representa y tomar la decisión final cuando ejerzan su voto de manera libre y secreta en el espacio soberano de las urnas. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán