Cuando una democracia muere, uno o varios son los actores encargados de su asesinato. No hay que buscar mucho. Son harto visibles. Ellos son los culpables de esa muerte.

Mas hay también otros participantes, y son quienes, frente a la acción de aquél o aquéllos, muestran desinterés, indolencia, y dejan que los otros actúen hasta aniquilarla. Éstos no son los culpables de su muerte, son los responsables.

Con esta reflexión, tomada de las ideas de un politólogo australiano, Lorenzo Córdova Vianello remató su larga, perturbadora conferencia de anteayer jueves en el salón principal de la sede de Coparmex Mérida, como el Diario ha informado en sus diversas plataformas.

El que fuera titular del Instituto Nacional Electoral hasta hace un par de meses tomó del libro “Vida y muerte de la democracia”, de John Keane, esta sentencia —le dio crédito, por supuesto—, que retumbó en las paredes del salón principal de Coparmex como una advertencia del tsunami que se avecina si, como ciudadanos, no defendemos la democracia y las instituciones y organismos que la sustentan.

Nada de extraño tiene que Córdova haya hecho mención de esa obra, cuya primera versión en español fue editada en México gracias al Fondo de Cultura Económica, pues tiene una sesuda presentación del propio Lorenzo Córdova, entonces presidente del INE, en febrero de 2018.

Meses atrás, en el verano de 2017, Keane participó en un ciclo de conferencias organizado por el INE, en México.

Córdova advierte en la presentación de la obra, como lo hizo anteayer en Mérida, que “el surgimiento de prácticas antiliberales, incluso autoritarias, dentro de regímenes nominalmente democráticos es un recordatorio de por qué debemos revalorar algunos de los componentes básicos de la democracia”.

Y es aquí donde entramos los que estábamos sentados en el público. ¿Qué debemos hacer para defender la democracia?

¿Cómo pasar de la escucha de la interesantísima y alertadora charla, a la escucha activa, y de ésta, a la acción? De nuevo, ¿qué debemos hacer para defender la democracia? Mejor aún, preguntarnos primero si queremos defenderla. ¿Para qué?

Partamos incluso desde la pregunta básica: ¿qué es la democracia? ¿Cuán claro tenemos ese concepto de demos, pueblo; kratos, poder? ¿Cuánto lo entiendo y qué tanto lo puedo explicar?

¿Cuál es la alternativa a la democracia? ¿El autoritarismo, o su fase superior la dictadura? Y ésta, ¿en qué consiste? ¿Conozco la diferencia, o acaso es únicamente un sentir basado en comparaciones: el país A es democrático y en él la gente vive mejor que en el B, donde hay dictadura? ¿Eso es cierto? Y si lo es, ¿la diferencia entre uno y otro sistema político es la razón de que en un país vivan mejor que en otro? ¿Vivir en una democracia garantiza un mejor nivel de vida?

Es un tema de libertades. Libertad de expresión, de manifestación, de trabajo, incluso libertad de tránsito… Y sí, eso debe traducirse en mejores condiciones de vida que en donde no las hay. La historia bien puede ayudarnos a entender las diferencias entre dictadura y democracia. En el siglo pasado un caso emblemático y harto didáctico fue el de las dos Alemanias, la democrática (que era todo, menos eso) y la federal.

Pero no es preciso regresar al pasado para entender las diferencias: en nuestro país hay libertades que en otros, por ejemplo Nicaragua, ya no existen, me refiero a las de expresión y de culto, por citar dos. Pero eso no salva la situación. El tema en México no es la falta de libertades, sino el riesgo cada vez más latente de perderlas, lo que se presenta cuando se socavan los contrapesos, la prensa uno de los más importantes.

La vieja fórmula de los regímenes autoritarios es acallar a la prensa crítica e independiente como una de sus más socorridas acciones para sostenerse en el poder.

Sobre el eterno pulso entre los gobiernos democráticos y autoritarios, Lorenzo Córdova presentó cifras para México del reporte 2023 del Latinobarómetro, que sorprenderían a quien piense que en nuestro país estamos muy distantes a seguir los pasos de Nicaragua y regímenes similares.

Al planteamiento: la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, de 43% que respondieron positivamente en 2020, la cifra bajó a 35% en 2023. A la aseveración: da lo mismo contar con un régimen democrático o no, la cifra subió de 26 a 28% en el mismo período.

El siguiente dato es para erizar la piel: al señalamiento de que en ciertas circunstancias un gobierno autoritario es preferible a uno democrático, de 22% que respondió afirmativamente en 2020, el 33% lo hizo en 2023. En sólo tres años la cifra subió once puntos porcentuales, o bien ¡50%!

Y para seguir inquietándonos, de 43% de mexicanos proclives a la democracia en 2020, la cifra bajó a 35% en 2023, y de 48% proclives al autoritarismo o indiferentes, la cantidad subió a ¡61%! en el mismo período.

Unos datos más del mismo estudio: 56% piensa que no importa tener un gobierno autoritario si resuelve los problemas. Y si bien Córdova sostiene, no sin razón, que los grandes problemas nacionales están lejos de resolverse, de hecho, cada vez están peor, lo cierto es que para el ciudadano de a pie éstos no importan. Para un adulto mayor el problema a resolver no es la inseguridad o la falta de medicinas o la educación por los suelos, sino tener el dinero de su pensión. Si quien le resuelve eso es autoritario, incluso un dictador, eso le tiene sin cuidado.

Un dato más: 48% de los encuestados considera que ¡es bueno que en algunos casos el presidente controle los medios de comunicación! Esto, por supuesto, preocupa a los medios independientes que comulgan con la idea de que el poder debe tener contrapesos y uno de los principales, como dijimos líneas arriba, es el periodismo libre.

A los medios maiceados esto les da una pura y dos con sal.

Así pues, la tarea de defender la democracia es harto difícil. De modo que hay que entenderla y entonces pasar a la acción. Porque, como señaló Córdova Vianello en la charla, la democracia es una construcción colectiva. No cae del cielo. Asumir que somos participantes de esa construcción es asumir que somos responsables de mantenerla.— Mérida, Yucatán.

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@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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