Cada año, en el aniversario de su boda, se aparece en la casona de Ábrego el fantasma de Tulitas —Gertrudis— de la Peña y Peña.

A los hombres nos está vedado verlo: sólo las señoras aguardan en los aposentos en penumbra el paso del espectro. Y es que la boda de Tulitas nunca se efectuó. Cuando su novio venía del Saltillo para desposarla fue asaltado por bandoleros en la cuesta, y ahí le dieron muerte.

Tulitas llega casi siempre con su vestido de novia y un ramo de flores blancas en la mano, pero otras veces se presenta llevando la bata de encaje que tenía dispuesta para la noche nupcial, y aun en ocasiones viene desnuda, como iba a estar para ofrecerse al deseo del amado.

Es por eso que a los varones se nos prohíbe ver el fantasma de Tulitas. Ninguna de las mujeres que la ha visto cuenta luego cómo es, y todas guardan un silencio empecinado cuando sus maridos les piden que la describan. Yo jamás he intentado verla, y nunca pregunté por su apariencia. No quise cometer un sacrilegio.— Saltillo, Coahuila.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán